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En busca de GarcÃa Lorca
Por Luis Arias
“Una tumba profanada es como una tumba intensificada. Cuando la destrucción, es decir, la muerte, pasa sobre la muerte, redobla su trágico interés. No hay, al menos para mÃ, espectáculo más conmovedor que el de un cementerio abandonado. Una tumba vacÃa me dice mucho más que una vacÃa cuna. (Unamuno, «Andanzas y visiones españolas». Espasa-Calpe. Colección Austral, número 160. Madrid, 1940. Página 81).
Aquella aurora neoyorquina con sus columnas de cieno. El asesinato de Federico cuando aún quedaban estrellas de la madrugada, según el memorable poema de Machado. Las últimas banderillas de tiniebla en la muerte de Sánchez MejÃas. La muerte a la que se atrevÃa a mirar cara a cara Bernarda Alba. La muerte, sÃ, la muerte, a la que el poeta requebraba. Los nardos, los de angustia dibujada, en Nueva York.
Aquella Mariana Pineda, Penélope de la España lorquiana, que bordaba la bandera de libertades y dignidad, a la que las piedras, también, lloraron. Aquello fue en plena dictadura de Primo de Rivera y hubo quien interpretó el estreno, también, como una afrenta contra aquel general tan pintoresco en el sentido más celtibérico del término. «Yerma», allá en 1934, cuyo estreno tanto escandalizó a la prensa que salvaguardaba el orden y las buenas costumbres. Por eso hubo periódicos que hablaron de una obra «escandalosa, pervertidora de todos los valores católicos, blasfema». Y, por fin, «La casa de Bernarda Alba» tuvo que estrenarse póstumamente en Buenos Aires, con Federico ya asesinado.
Y ahora, en esta España de 2009, en la que se viven malos tiempos para la tragedia, en la que todo parece decantarse por la telebasura, la literatura de mercado, el enredo y los fondos de reptiles de los que hablaba el héroe de Valle- Inclán, se nos hace saber que el poeta no está enterrado donde señalaron sus principales biógrafos.
Ahora, en esta España de 2009, irrumpe la tragedia que protagoniza la memoria colectiva y que tiene a Lorca como personaje principal.
No remover, no recordar, amnesia. Pese a todo, ella, la memoria, va abriéndose camino, y arroja el resultado que estos dÃas hemos conocido. Un libro que acaba de publicarse que recoge el testimonio de uno de los principales implicados en el asesinato de Federico pone de relieve que desde muy arriba se dio la consigna de que desapareciesen los rastros de la muerte del poeta, lo cual es confirmado por la búsqueda infructuosa que se hizo desde la Junta de AndalucÃa de los restos del poeta y de aquellos otros que lo acompañaban en tan tremendo desenlace.
¿Es capaz este paÃs de mirar cara a cara a su memoria colectiva? ¿A algo tan atroz que está cerca de cumplir tres cuartos de siglo? ¿A eso lo llaman rencor, a eso lo llaman remover viejas heridas? ¿No es obligado labrar aquello que recomendó Machado en su extraordinario poema, en el que demostró que en absoluto sufrió decrepitud literaria? ¿Podemos conformarnos con buscar a GarcÃa Lorca en sus obras que vivirán siempre? ¿Se puede leer a Federico prescindiendo de las circunstancias de su vida y muerte?
¿Cómo buscarlo, sÃ, cómo buscarlo? Y no me refiero a los trabajos de investigación que se seguirán llevando a cabo, sino a algo mucho más profundo. No es suficiente con que su obra sea explicada en las aulas a pesar de la LOGSE. Colectivamente, hay que ir mucho más allá. Hay que plantearse cómo fue un tiempo y un paÃs que no evitó tan terrorÃfico suceso.
Y no me hablen de rencores. No utilicen ese pretexto para justificar amnesias imposibles. ¿Rencor hacia quién, hacia quiénes, si ya están muertos? No, no se trata de eso, sino de entrar en la historia no al modo de una obra épica donde todo son glorias y heroÃsmos, sino de muy distinta forma, como quien acude a la representación de una tragedia que tuvo, también, las tres unidades aristotélicas, especialmente las de acción y lugar. Entrar en esa tragedia como un público predispuesto a una catarsis colectiva. Una tragedia sin la que no es posible explicar ni nuestra literatura ni nuestra historia. Una tragedia que no se deja dulcificar.
En el año 98, cuando se cumplió el centenario de Lorca, fueron muchos los que recitaron sus versos, fueron muchos los que recordaron su obra, fueron muchos los que se declararon lectores suyos. Aquello no fue más que el cumplimiento de un trámite, que una liturgia propia de las efemérides.
Y ahora, once años después, toca, como digo, otra cosa: mirarle cara a cara a la tragedia que empezó en 1936. Y, por favor, ahórrense las perogrulladas. Claro que no fue la única vÃctima de aquello. Claro que hubo asesinatos tan viles como el suyo perpetrados desde la otra trinchera, el de Maeztu, entre otros. Claro que sÃ.
Con todo, para labrar lo que Machado demandó hace falta saber dónde están los restos mortales de un escritor inmortal. Hace falta, al menos, no tener miedo a enfrentarse con la tragedia que ocurrió en nuestro paÃs. Y enfrentarse a ella supone buscar a Federico, al poeta que se sintió fascinado por el mundo gitano en España y por el mundo de los suburbios neoyorquinos; al autor teatral que puso ante los escenarios el sufrimiento de las mujeres en la España de entonces.
Y ese encuentro trágico debe tener lugar más allá de los tópicos, más allá de las chabacanerÃas, más allá de la literatura de usar y tirar, que tanto se estila ahora.
Cuando Max Aub regresó a España dijo aquello de «he venido, pero no he vuelto». En este caso, no es Federico el que vuelve, sino la España actual la que debe regresar a él con la devoción y solemnidad propias de un paÃs que aprendió de los griegos la importancia de eso que llamamos tragedia, máxime cuando se trata de nuestra tragedia.
45 Respuestas a “En busca de GarcÃa Lorca”
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Diciembre 22nd, 2009 at 17:47
Golpe a golpe, verso a verso, entre Lorca y el poema de Machado a su muerte, ha construido usted un artÃculo conmovedor y extraordinario.
Por cierto, fue Machado nuestro Pericles que escribió su oración fúnebre por España en el poema que tantas veces cita en su artÃculo, “El crimen fue en Granada”
Diciembre 22nd, 2009 at 17:55
Hay en el artÃculo un ritmo terso tan propio de ti cuando abandonas los asuntos polÃticos y te abandonas a ti mismo y a tus lecturas.
Es cuando más me gusta leerte, y creo que no sólo a mÃ.
Diciembre 22nd, 2009 at 20:47
¡Cuánta razón tiene Laura! El ritmo es de esa perfección que envuelve. Y, en efecto, es una pena que escribiendo asà desperdicies algunos de tus textos para los politicastros.
Diciembre 22nd, 2009 at 21:12
El artÃculo es, sin duda, excelente. Sólo un pero que ponerle, no pequeño, a decir verdad. Se dirÃa que habla usted de un paÃs ideal y lúcido dispuesto a hacer catarsis de su historia, cuando la realidad es mucho más prosaica y chabacana que todo eso.
Perdone la perogrullada, pero lo deseable no siempre es posible.
Diciembre 22nd, 2009 at 22:14
No es éste un paÃs para asistir a tragedias, sino a telebasura. Como dice Alicia, eso sólo valdrÃa como desiderata.
Aparte de esto, está extraordinariamente bien escrito, que es de lo que se trata.
Diciembre 22nd, 2009 at 22:31
Claro, es que en la Grecia clásica, no existÃan las masas como tales, sino una minoria selecta que maracba el rumbo de la ciudadanÃa. Ahora el gusto, el malo, lo marcan los medios televisivos, y, como salta a la vista, las diferencias son astronómicas.
Como pieza literaria, el artÃculo es excelente.
Diciembre 22nd, 2009 at 23:46
El poema de Machado es insuperable. La muerte de Federico no fue, en efecto, un accidente, sino el ensañamiento contra la persona que formaba parte de lo mejor de su tiempo y paÃs.
La catarsis que se sugiere en el artÃculo es conveniente y serÃa de justicia poética. Otra cosa, como alguien escribió aquà antes, es que ello sea posible.
Diciembre 23rd, 2009 at 0:27
El texto de Unamuno que encabeza el artÃculo es de una precisión profética asombrosa.
El artÃculo es hermoso en cuanto al estilo, profundo en cuanto al contenido, tanto que está alejado de la realidad de un paÃs que no tiene interés en asomarse a la obra de Lorca más allá de lo anecdótico.
No hay sentimiento trágico de la vida, don Luis, ni tampoco grandeza para asimilar la tragedia como género.
Diciembre 23rd, 2009 at 1:07
Los estudiosos de Lorca dicen que pocos escritores hubo en cuya obra estuviera la muerte tan omnipresente. Algo hay en su trayectoria de trahedia griega, como tú dices.
Otra cosa es que sepa advertirse.
Diciembre 23rd, 2009 at 1:36
Federico nos sigue dando motivos. No sólo las palabras que dejó escritas son una lección permanente, su muerte y sus circunstancias nos cuentan lo que fuimos, lo que somos, lo que podrÃamos ser. Alguien tendrá que escucharlas, algún dÃa. Mientras tanto, no dejemos de remover, recordar… que no nos alcance la amnesia. Gracias Luis por decirlo con tanta sensibilidad.
Diciembre 23rd, 2009 at 15:42
En su momento, no se consiguió educar la sensibilidad. En los tiempos que vivimos, se glorifican la sensiblerÃa y la ordinariez.
No hay sitio para Lorca en la vida pública de este paÃs, más allá de un suceso para ser discutido en la telebasura de la que usted habla.
Por lo demás, el artÃculo es muy bueno.
Diciembre 23rd, 2009 at 17:30
SÃ, es una tragedia en toda regla, pero sin público asistente posible a su altura. Ése es el problema.
Diciembre 23rd, 2009 at 18:42
Un gran dramaturgo, que dio cabida en su teatro a lo mejor de Benavente y Valle, añadiendo su genio, su potencia poética. Un drmaturgo irrepetible que protagonizó una tragedia.
Diciembre 23rd, 2009 at 19:00
Que la tragedia de Lorca irrumpa ahora en estos dÃas tan ñoños tiene su sentido, aunque no servirá para agitar conciencias, que dirÃa tu admirado Unamuno, pues están demasiado aletargadas. ¿No crees?
Diciembre 23rd, 2009 at 20:35
Lorca no era la República, representa mucho más que eso, pero también es cierto que, con su asesinato, se cargaron al poeta y dramaturgo que encarnaba lo más valioso de aquel Estado al que no le permitieron crecer.
Diciembre 23rd, 2009 at 22:14
Si la muerte de Villamediana fue “impulso soberano”, la de Lorca vino muy de arriba, tanto que aún se discute hasta qué peldaños alcanzó de tal forma que se encargaron de borrar las huellas de su crimen.
Diciembre 23rd, 2009 at 23:41
Se quiere evitar a toda costa que se sepa, como alguien aquà ha insunuado, que los crÃmenes de los que ganaron fueron casi siempre impulsados desde arriba, mientras que los cometidos por los perdedores, no menos atroces, tuvieron lugar en esa ley de la selva que es la guerra sin el aval, y sin que pudieran frenarlos, sus dirigentes más importantes.
A Lorca no lo mataron inconscientemente unos desalmados descerebrados, sabÃan bien a quién mataban.
Diciembre 24th, 2009 at 10:02
Historia para recuperar la dignidad de Federico y la dignidad colectiva, sÃ, totalmente de acuerdo con su artÃculo
Con Lorca quisieron matar también las ideas nuevas, la otra forma de pensar, de ser y de hacer frente a la vida. Lorca rompÃa con lo establecido y habÃa que matarlo, hacerlo desaparecer.
Los que hoy piensen todavÃa asÃ, son unos cretinos.
BuenÃsimo su articulo, Sr. Luis
Diciembre 24th, 2009 at 11:58
Excelente artÃculo, Luis. Que GarcÃa Lorca te bendiga.
De diez, como decÃamos cuando crÃos.
Diciembre 24th, 2009 at 15:28
SÃ, desde luego, el artÃculo es de diez, alcanza la excelencia, lo que tiene como contrapartida es que poca gente lo entenderá en esta sociedad en la que las noticias son El Caso.
Diciembre 24th, 2009 at 17:14
La cadencia con que se va construyendo el texto sobre la base de guiños a Machado y al propio Lorca es portentosa. Literariamente, es un gran artÃculo.
Diciembre 24th, 2009 at 18:35
Recuerdo que, en una ocasión, a la hora de elegir poemas para que los declamásemos el dÃa del libro, te estremecÃa el de Machado a la muerte de Lorca. Incluso buscaste dos voces para su declamación. Veo que lo sigues teniendo presente.
Diciembre 24th, 2009 at 20:27
Me parece estupendo y apropiado, Luis, que uno de tus mejores artÃculos tenga como asunto principal a GarcÃa Lorca, al que no puden seguir matando, por mucho que hayan profanado su tumba, por mucho que hayan decidido que uno de los poetas más inmortales tenga sepultura anónima.
¡Hasta dónde llegan su miseria y su naderÃa!
Diciembre 25th, 2009 at 15:32
El caso de Lorca, asà como este artÃculo, demuestran a las claras que es verdad que no hay ética sin estética y viceversa.
Diciembre 25th, 2009 at 21:31
También podrÃa decirse que en el caso de Lorca hay una equivalencia entre la justicia histórica y la justicia poética. Y, por cierto, el tono poético del artÃculo es admirable.
Diciembre 26th, 2009 at 15:18
El Guernica de Picasso y el paradero de GarcÃa Lorca, ambos, fuera de sitio. El pintor dijo que el cuadro no regresase a este paÃs mientras España no fuese una República, mientras que Federico fue asesinado dos veces, borrando las huellas del crimen que cometieron contra él.
Santa cruzada y santos cruzados.
Diciembre 26th, 2009 at 18:19
En efecto, Luciano, aquà se restauró la MonarquÃa borbónica. no se instauró una 3ª República, pero..
más de uno se pasó por alto la voluntad de Picasso.
Diciembre 26th, 2009 at 20:02
Lo del Guernica es un buen ejemplo de las traiciones que sufrió el republicanismo en nuestro paÃs en la transición por parte de quienes estaban llamados a reivindicarla.
Asà son las cosas.
Diciembre 27th, 2009 at 15:42
Total y absolutamente cierto lo que asevera Republicano.
Diciembre 27th, 2009 at 17:44
Como se viene diciendo aquà en distintos comentarios, el mayor problema para hacerle justicia poética a Lorca es que este paÃs no está en condiciones de llevar eso a cabo; sobra brocha gorda, mucha.
Diciembre 27th, 2009 at 19:33
Recuerdo que Caso González, a la hora de explicar el teatro de los Siglos de Oro, hablaba de sus influencias en el siglo XX, y, en concreto, en Lorca, a quien estudiamos más como poeta.
Hay épocas de la historia de la literatura que cada gran escritor necesitarÃa, por lo menos, un curso.
Pero en estos tiempos de la LOGSE ya no se puede ambcionar nada en los planes de estudio, ni siquiera en la Universidad.
Diciembre 27th, 2009 at 20:41
PodrÃa decirse que, si además de asesinarlo, decidieron que todos restos desapareciesen, que a Federico lo quisieron matar dos veces.
¿Alguien se atreverÃa a justificar una barbarie asÃ?
Diciembre 27th, 2009 at 21:22
Gracias por haberme ayudado a recordar los memorables poemas que recorren su artÃculo, que no sólo es bueno, sino también conmovedor.
Diciembre 28th, 2009 at 8:59
Con Lorca se està cometiendo uno de los mayores atropellos de la Historia.Los de mi generación aprendimos sus poemas, a leerle y a admirarle. ¿A quien interesa que, como dice Punta del Oeste hayan querido matarle dos veces? Solamente a quien le interesa un paÃs de “pan y espectáculo”
y una población aborregada y sumisa, no una población culta y crÃtica. Se les acabaria el pastel.
Gracias por tu artÃculo, Luis, ciertamente uno de los mejores que he leÃdo sobre Lorca. Sigue escribiendo tan bonito.
Diciembre 28th, 2009 at 18:36
Eso es, Mencar, paÃs de pan y circo que no se interesa en modo alguno por la excelencia.
Diciembre 28th, 2009 at 19:10
“Una de las dos Españas a de helarte el corazón” esto también lo dijo Machado, Don Antonio.
Hiela eso de romover la inmensa mierda que fue nuestra guerra civil y sus consecuencias, además de estúpido, pues la mierda al removerla huele a todos.
Hiela cuando no se respeta a la propia familia del asesinado, cuando se opone a ese circo montado entorno a sus huesos.
Hielan los que se creen puros por airear los cagallones de otros, cuando quien más, quien menos, ¿quién no tiene cagallones que esconder?.
Buenas noches y Feliz Navidad.
Diciembre 28th, 2009 at 20:16
Helador resulta que haya un discurso en virtud del cual ciertos crÃmenes tienen que ser olvidados, mientras que otros deberán ser siempre objeto de veneración y santificación.
Amén.
Diciembre 28th, 2009 at 21:01
La familia no estaba de acuerdo con que se buscase el cadáver en el lugar que señalaron los biógrafos más conocidos, pero sà dejaron clara su opinión sobre los asesinos de Federico.
Las hemerotecas hablan.
Diciembre 28th, 2009 at 22:34
Moraleja: hay asesinos que deben ser recordados y hay asesinos intocables.
Diciembre 28th, 2009 at 22:37
Se le vió, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frÃo,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
…Que fue en Granada el crimen,
sabed - ¡pobre Granada!-, en su Granada!…
II
(EL POETA Y LA MUERTE)
Se le vió caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque-, yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
“Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudÃa,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mÃa,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”
III
Se les vió caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
Diciembre 29th, 2009 at 13:14
Yo no olvido a ningún asesino, en todo caso los perdono, usted quizas sà a los que empezaron el baile por mor del “paraiso proletario” tan democrático y, en ese caso, me remito a las Leyes de Newton.
Las hemerotecas hablan y dicen que la familia no querÃa el circo de los huesos, y muchas cosas más.
“Salir por peteneras”, como anillo al dedo en este caso, cuando presos de la esclavitud de la ideologÃa no se tienen argumentos ni se ve más allá de la punta de la nariz, incluso con poesÃa a menos de 0ºC.
O quizas son de letras, de esos incapacitados biológicamente para ir al grano, siempre escuchándose a si mismos y no al de enfrente. Trucos gramscianos demasiado vistos. Y, si no, recurrimos al “y tu más” y al “y tu también”. Qué aburrido lo polÃticamente correcto de libro.
Buenos dÃas y que el Niño que ha nacido ya, nos haga un poco mejores a todos.
Diciembre 29th, 2009 at 14:58
Don Luis, voy a hacerle un ruego: evite en lo posible que una maravilla como el poema de Machado vaya seguida de una prédica tan curil y tan prosaica.
Ya sé que la libertad de opinión es importante; pero hay mezclas que revuelven.
Diciembre 29th, 2009 at 22:44
El poema de Machado sobre Lorca es el padre que llora al hijo asesinado. Y el resultado, tratándose de quien se trata, no podÃa ser otro: uno de los grandes poemas del siglo XX.
Diciembre 30th, 2009 at 11:19
Siempre me preocuparon los excesos estéticos, sin ir más lejos los jerarcas nazis lloraban escuchando las óperas y leyendo a Goethe. Idem con los faraones egipcios. Las dos almas humanas compensadas.
Gracias a la iglesia católica también, por ejemplo, no votamos ahora al municipio, a la familia y al sindicato. Siempre históricamente acogieron a los persegidos, incluidas a CCOO no hace mucho por estos lares. Quizás venga de ahà su persecución por el poder constituido, sea cual fuere, con ayuda de los palmeros de siempre. Para el que lo quiera ver, claro.
Hielo y telarañas en los ojos, cuando no se respeta ni a los familiares de los asesinados por la p… ideologÃa.
Buenos dÃas y Feliz 2010.
Diciembre 30th, 2009 at 11:27
Todo sea por Federico.