Últimas noticias
- Malos tiempos para las pitas (y para la fábula)
- La poética de un territorio (En la muerte de Miguel Delibes)
- ¿Dónde está Cornellana?
- A vueltas con el pacto educativo
- Cuando los polÃticos son el problema
- ¿El cirujano de hierro, en horas bajas?
- Leyendo a José Hierro
- Poeta del amor y de la vida (En el centenario de Miguel Hernández)
- De perplejidades y certezas. (Carta abierta a la Consejera de Cultura)
- El despertar del occidente asturiano
Categorias
Archivo
- Marzo de 2010
- Febrero de 2010
- Enero de 2010
- Diciembre de 2009
- Noviembre de 2009
- Octubre de 2009
- Septiembre de 2009
- Agosto de 2009
- Julio de 2009
- Junio de 2009
- Mayo de 2009
- Abril de 2009
- Marzo de 2009
- Febrero de 2009
- Enero de 2009
- Diciembre de 2008
- Noviembre de 2008
- Octubre de 2008
- Septiembre de 2008
- Agosto de 2008
- Julio de 2008
- Junio de 2008
- Mayo de 2008
- Abril de 2008
- Marzo de 2008
- Febrero de 2008
- Enero de 2008
Bastón de mando y varita mágica (Tras las declaraciones efectuadas por el alcalde de San MartÃn de Oscos)
Por Luis Arias
Don José Antonio MartÃnez Rodil, alcalde de San MartÃn de Oscos, en sus recientes declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA nos da una admirable lección de honestidad y buen sentido. No vende humo, no ofrece soluciones mágicas, tiene la honradez de decir que no encuentra la solución al despoblamiento de su concejo. No cifra un idÃlico futuro en un par de brochazos para salir del paso. Y, por si ello fuera poco, no se esconde para decir que, siendo el paisaje el bien más valioso de su comarca, la invasión eólica lo perjudica claramente, sin generar apenas empleo.
En cuanto a lo primero, negando que cualquier tiempo pasado fue mejor, resulta muy inquietante que, a diferencia de otras épocas de nuestra más reciente historia, en la Asturias rural, sobre todo en el Occidente, no se sueña con un futuro, no ya utópico, sino simplemente viable. Como insobornable prueba del nueve, ahà están las previsiones de población, más bien de despoblamiento, para las próximas décadas. Y algo asà tiene que encender todas las alarmas, no para compadecernos ante lo que viene, sino para afrontarlo con realismo e inteligencia.
José Antonio MartÃnez Rodil, por fortuna, parece tener unos criterios diferentes a los que sostiene nuestro dilecto consejero señor BuendÃa, que se muestra encantado con la invasión eólica, sobre todo, en el occidente de Asturias.
Se refiere también don José Antonio MartÃnez Rodil al brutal descenso de las explotaciones ganaderas en su concejo, fenómeno que es extrapolable a todas las comarcas del occidente de Asturias. Bien sabemos que ya es irreversible la forma en que se negoció nuestra entrada en la Unión Europea, donde uno de los grandes sacrificados fue el campo asturiano. De todos modos, conviene preguntarse hasta cuándo se seguirá pagando ese tributo, consecuencia también del atraso de nuestro campo con relación a la Europa más rica, porque sigue resultando innegable que no estamos hablando de eriales.
Bastón de mando para decir la verdad, para defender el tesoro más preciado. Bastón de mando que nada tiene de varita mágica. No cabe mayor honestidad en la polÃtica.
Aún queda esa Asturias, cuyos paisajes describieron de forma difÃcilmente superable ClarÃn y Pérez de Ayala.
Escuchemos al primero:
«Hay un lugar en el Norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, jurarÃa que jamás Agripa, ni Augusto, ni Muza, ni Tarik habÃan puesto la osada planta sobre el suelo mullido siempre con tupida yerba fresca, jugosa, aterciopelada y reluciente, de aquel rincón suyo, todo suyo, sordo como ella a los rumores del mundo, empaquetado en verdura espesa de árboles infinitos y de lozanos prados, como ella lo está en franela amarilla por culpa de sus achaques».
Y contemplemos a continuación el panorama que tenemos ante nosotros acompañados por Pérez de Ayala:
«Hay picachos gigantes, de peña viva y formas quiméricas, que escalan el cielo como titanes, hienden las nubes con sus armas monolÃticas y se pierden más allá del toldo gris del firmamento. Hay graves montañas azulinas, canas, con la nieve de muchos años, que cierran el horizonte, soñadoras en la lejanÃa. Hay valles deleitosos y virgilianos. Hay praderÃas de velludo verdor perenne, tendidas entre lindes de álamos, de robles, de nogales, entre sebes de zarzamoras, entre setos de laureles, entre bardales de madreselva. Hay ocultos regatos que runrunean decires incógnitos. Hay puras fontanas que vierten su chorro cristalino por una hoja de castaño. Hay bosques centenarios, de temerosas espesuras, llenos de recogimiento religioso, de leyenda, de encantamiento. Y hay fragancia, blanda música de esquila y melancólicos cantos campesinos, temblando a todas horas en el aire. Las casucas humildes asoman de un lado y otro entre la umbrÃa, con su tono pardo de lino viejo, como vedija polvorienta de un gran rebaño esparcido, y a las veces el humo azuloso y diáfano sube hasta el cielo en derechura inflexible de transporte mÃstico».
Seamos realistas. No se trata de plantear la dicotomÃa de que, a cambio del deterioro del paisaje, se garantiza el futuro de unas comarcas, como en su momento ocurrió en las cuencas mineras. Los datos y previsiones no avalan tal cosa. Y es que, por mucha invasión eólica que se haga, por muchas canteras que hieran las montañas, por muchas plantas contaminantes que se instalen, por muchas subestaciones que se aprueben, la despoblación anunciada no se aleja del horizonte.
Lo que queda es resistir conservando lo mejor que tenemos, al tiempo que se busque otra manera de explotar el campo, al tiempo que no tengan que huir en desbandada los pocos habitantes que aquà quedan, al tiempo que sea posible y atractivo residir en estas comarcas, para lo que harÃa falta, entre otras cosas, poner fin a unas infraestructuras que no hacen más que retrasarse.
Que se ponga sobre la mesa de una vez la necesidad de asumir que el futuro, incluso el más inmediato, da miedo, y que, en lugar de afrontar el estado de la cuestión, lo que se hace es escapismo, vendiendo las joyas de la abuela, y, encima, algunos se permiten el lujo de oficiar como falsos profetas, insultando a nuestra inteligencia, e incluso, lo que roza lo imposible, a la suya propia.
20 Respuestas a “Bastón de mando y varita mágica (Tras las declaraciones efectuadas por el alcalde de San MartÃn de Oscos)”
Escribir comentario


Diciembre 5th, 2009 at 18:52
¡Cualquiera dÃa que este Alcalde pertenece al mismo partido que Quico el de Cudillero!
La verdad, es que mientras queden Alcaldes asÃ, que no malvenden el futuro, un resquicio de esperanza sà que queda.
Diciembre 5th, 2009 at 19:30
Obona, escribimos con demasiado apremio. Supongo que es dirÃa en lugar de dÃa. Por lo demás, estoy de acuerdo y, también, se me ocurren otras “comparanzas”
Diciembre 5th, 2009 at 20:54
¡Cuántos eólicos! ¡Qué invasión! ¿Qué dirÃa Atila?
Diciembre 5th, 2009 at 21:32
¡Ya podÃamos tener un Alcalde asÃ!
Diciembre 6th, 2009 at 14:38
Ya ves lo que pasa ahora con el Valle de Carondio en Allande. Más de lo mismo, Luis, más de lo mismo.
Diciembre 6th, 2009 at 15:57
No hace falta ser muy avispados para imaginar los intereses que hay detrás de esto de los eólicos. Lo que indigna es que no se abra un debate sobre el asunto y no se den explicaciones.
Diciembre 6th, 2009 at 16:53
Bueno, estoy dÃas estoy en casa, y leo en la Red tu artÃculo del viernes, mientras llueve como en la canción de Serrat. Tienes razón en lo que escribes: ¡Qué lección da este Alcalde de los Oscos!
Diciembre 6th, 2009 at 17:37
Los Oscos son una maravilla que casi nadie conoce entre las gentes de Asturias. Que en una comarca como ésta, de las peor comunicadas de Asturias, haya un Alcalde que defienda su paisaje constituye casi un milagro.
Diciembre 7th, 2009 at 0:58
No sólo estoy de acuerdo con las tesis del artÃculo, sino que además me parece muy ingenioso el tÃtulo: el bastón de mando no es una varita mágica. El polÃtico no es un hada, es decir, un aprendiz de brujo.
Diciembre 7th, 2009 at 10:25
Qué guapo, hermoso cuanto dice, Sr. Luis
Alcaldes realistas que luchasen y plantasen cara con la gente, contra las oligarquÃas, (en la actualidad eólicas) para intentar conservar o aprovechar los recursos naturales de la región en beneficio del pueblo, harÃan falta en toda Asturias.
En mi pueblo el vallico de los prados ha pasado a ser matorral y artal. Los molinos de grano (habÃa mas de doce) que aprovechaban tan bien los saltos de agua y las corrientes impetuosas del rÃo marcado por un valle estrecho y profundo; se han ido todos al carajo. Cuando podrÃan haber sido una fuente buenÃsima de energuÃa sostenible, no sólo para los pueblos de allÃ, sino también para las villas y pueblos de alrededor. Pero los malos gobernartes, no han sabido y no han querido nunca valorarlo. Ellos prefieren montar el negocio en su beneficio.
En fin, un desastre en una de las regiones españolas con más recursos naturales.
Lo de la leche ha sido bien triste. Mi padre la tenÃa que tirar, porque los dos camiones que pasaban por allÃ, una vez pactado lo de la CE, dejaron de pasar.
Yo soy de allà y me duele la mala gestión que han hecho los polÃticos.Burócratas de tres al cuato, han vendido a los pueblos
Diciembre 7th, 2009 at 15:10
En efecto, Selene, la historia de los concejos rurales asturianos es ésa que usted cuenta en su atinado comentario.
Diciembre 8th, 2009 at 3:28
No es por hacer propaganda, pero la postura de nuestro Marcelino, el Alcalde de Tineo, el año pasado frente a la mina a cielo abierto también fue muy digna.
O no?
Diciembre 8th, 2009 at 11:43
Y, hablando de Alcaldes, ¿a nuestro RobertÃn, regidor belmontino, se le olvidó la importancia que tiene la autovÃa para los pocos que quedamos en este concejo y tenemos que ir a Oviedo con frecuencia?
Diciembre 8th, 2009 at 18:02
El Alcalde de los Oscos, como de dice en el artÃculo, da una gran lección de honestidad. Lo que hay que preguntarse es quién toma nota de ello.
Diciembre 8th, 2009 at 19:30
Es raro el concejo del occidente asturiano que no esté amenazado por el afán recaudatorio de los Ayuntamientos de turno. El Alcalde del que usted habla es excepción que confirma la norma de vender tesoros paisajÃsticos a cambio de un dinero que apenas repercute en los pueblos y en los servicios.
Diciembre 8th, 2009 at 22:24
Desde un pueblo de montaña de Cudillero en el que nacà aunque no resido en él, pero me siento permanentemente dentro su vientre materno, declaro que tirarÃa voladores y fuegos artificiales, si en mi concejo hubiera un Alcalde como este señor del que hablas allá en los Oscos..
Diciembre 9th, 2009 at 1:58
¿Y si este Alcalde de los Oscos viese Doriga, su cantera y el aspecto que tiene desde que se metió aquà la autovÃa?
Diciembre 9th, 2009 at 10:18
Y esto con lo de Carondio se anima.
Diciembre 9th, 2009 at 17:52
O sea, o contaminación con cianuro, o contiminación visual con eólicos, o ruina y abandono. ¿Nadie se da cuenta de que son la misma cosa?
Diciembre 10th, 2009 at 11:21
Puede que un Alcalde sea suficiente para avergonzar al resto. Y no lo digo en broma.