javierfeito (31 de Marzo, 2009)
Hace un par de meses tuve la desgracia de poder ver en la tele pública a las once de mañana y entre semana, un programa de salud que tiene una audiencia récord en esa franja horaria. Y me entristece que en pleno siglo XXI alguien pueda ganarse la vida contestando preguntas como: ¿el sexo es bueno para la salud? Y más me entristece que alguien lo pregunte o lo dude.
El sexo es la culminación de un camino de placer, corto o largo, inmediato o pensado, pero representa el mejor camino para llegar al final, el placer, el objetivo del sexo es conseguir placer del otro, para el otro, a través del otro, pero placer.
Lo peor del sexo es cuando se practica mal, cuando se hace mal, cuando se queda insatisfecho/a siempre, cuando no existe intercambio de pasiones, cuando no hay más que mala comunicación. El sexo, señoras y señores es fuente plena de salud, relaja las tensiones y contracturas musculares, tonifica los músculos de todo el cuerpo a través de los ejercicios isométricos e isotónicos (concéntricos y excéntricos), el sexo es una de las acciones mejores para facilitar los procesos de sudoración, aumenta la capacidad de transpiración de los poros, limpia impurezas, renueva las cañerías de tu cuerpo y aumenta la felicidad, siempre si es buen sexo.
El sexo es y será la mejor manera de entregarse al otro y poder sentir después de un despertar sexual, sus manos en tu espalda y sus labios en tu boca, es el mejor modo de poder sonreír a media mañana sin motivo aparente. El sexo señoras y señores televidentes de las mañanas. Nunca será malo, si se hace bien y con cuidado. Feliz sexualidad y menos tele.
javierfeito (25 de Marzo, 2009)
Un fin de semana, en compañía de excelentes personas me ha hecho vivir varias experiencias, una de ellas las cañas y sabrosas tapas por la ciudad, más vivo que cuando hace 15 años iniciaba mi carrera en esa ciudad, y otra pulsar la vida de quienes estábamos en ese grupo heterogéneo, formado por casualidad para esa noche. Compuesto por un madrileño que por amor deja todo en su ciudad, para apostar por la persona que ama y empezar de nuevo en otro lugar. Aún se les ve la mirada de complicidad entre ambos, ¡qué bonito ese punto del amor correspondido!.
También había una preciosa, vital y encantadora chica rubia que no se recuperó del último amor, un amor ya imposible, pero que la mantiene amarrada al muelle y no le deja surcar otros mares y navegar hacia otros puertos ansiosos de su presencia. Después de casi dos años, es hora de despegar, nos perdemos demasiadas cosas sufriendo sin motivos y hoy es el único día que cuenta en nuestras vidas.
Una mujer casada que sabe compartir el día a día la esencia de su vida en pareja y otra espléndida mujer que lucha contra un imposible. Supuestamente una etapa en tu vida debería finalizar, para dar paso a momentos dulces en tu nuevo caminar. Es cierto y comprensible que no te atrevas, porque reconocer los errores propios nos muerde en lo más profundo de nuestros corazones y nos deja sumidos en un tremendo vacío interior, pero sería peor tener que reconocerlos dentro de varios años, con el consiguiente tiempo perdido y años acumulados en nuestro cajón particular. Si no tomas una decisión rápida, te encontrarás inmersa en un pozo, con el cuerpo calado de fango hasta la cintura y esperando inmóvil a que ese pozo se llene de amargor y desazón. Es necesario aprender a perder para ganar y esto conlleva mucho valor y convicción personal.
Sin embargo, amables lectores, a ella le queda aún, un resquicio de amor, en la recámara de los imposibles. Se anuda al cuello el cordón de su etéreo amor, que la va ahogando en cada paso que da. No consigue desligarse de él nunca, a pesar de saber que puede ser feliz con otro. En su interior aún resuenan las castañuelas de su amor perdido, que la atormentan con un estruendo permanente. Lo que le impide escuchar a quienes realmente la quieren. Todos lo ven, menos la parte interesada, ¿porqué siempre somos los últimos en enterarnos de nuestros problemas y errores?. La pasión es mala consejera y la sordera mala compañera de viaje.
Lo peor es reconocerles a todos los suyos que su opción había sido errónea, el orgullo la atormenta y la pasión de una década juntos, la ciega.
No ha encontrado solución a sus maldades y vive cada día, con la rutina y el amargor acumulados de tantos años. El brillo de su mirada hace años que no deslumbra y sus ojos cansados de sufrir por amor no correspondido, se pierden en el final de los pasillos, siempre oscuros para ella, de su ciudad natal. Donde lo había conocido un mes de ya no recuerda que año.
Tu libertad está en no ser esclava de tu interior. Déjate seducir por la vida que te espera con los brazos abiertos, igual que seduces con tu flamante cuerpo. Comparte tu vida con alguien que pueda compartirla contigo de igual a igual, con alguien que te ofrezca, al menos, lo mismo que tú le puedes dar, y que es mucho. Él creo que ya ha vivido bastante tiempo su vida y un tramo largo de la tuya. Ahora te toca a ti misma, vivir tu propia vida, la única que tienes.
Seguir en tu situación es lo mismo que echar paladas de arena al inmenso océano, lo mismo que hacerle ver al ciego las tonalidades de mi verde Asturias, igual que segar en la jungla del Amazonas o poner muros de cartón a la subida del mar. Es parecido a rastrear una piedra en el Tibet, cubrirte de la lluvia con paja seca y bajo un árbol marchito o colocar la palma de tu mano debajo del inexcusable atardecer para que el sol no se oculte.
Terenci Moix dijo: “Vivir el desmoronamiento de una situación de pareja por el miedo a empezar de cero da como resultado una soledad mil veces mayor que la que se elige libremente”.
javierfeito (17 de Marzo, 2009)
Los planes de vida pueden haber sido: compartidos, dialogados, consensuados, meditados con mucho tiempo previo, conociendo a la otra persona, viajando juntos, viviendo juntos.
Y un día cualquiera, se deciden a dar un paso adelante; casarse, amontonarse, arrejuntarse, comprar piso y amueblarlo con mucho cariño común, escoger coche con planes de futuro, tener bebés, montar un negocio a medias, comenzar a vivir en otra ciudad, dejar tu trabajo o cambiarlo por estar con el otro ser, compartir tu “yo”, entregarte a la relación, darlo todo por el otro, enfrentarte a la familia que disuade de hacer las cosas así, o crear planes de futuro común (boda, piso a medias, construir una casa o cualquier otro acto social que signifique vinculación por tiempo a la otra parte).
Pero, ¿qué pasa cuando un día se descubre que la vida montada ha sido un “plan B”?. Después de casarse puede decir al año, o antes, que se quiere separar (¿se habrá liado con otra/o?, se hace oficial al poco de firmar los papeles del finiquito, nunca antes), después de firmar el piso a medias dice que le vendas la parte que te corresponde porque ya no quiere seguir con la relación (a los pocos meses se irá con el/la del “plan A” a vivir juntos), se compra un coche para el futuro familiar y alguno se queda con las letras para unos años, se pudo haber tenido un bebé y dice con toda su jeta: “no estoy preparado/a” y a los 6 meses se casará con otra/o, o bien pones un negocio y desaparece con toda la recaudación que era para los pagos (embargan hasta las camisetas interiores), ponen los cimientos de la casa que se haya diseñado y se va: “es que ya no siento lo mismo por ti”, claro, lo siente por otra/o.
¿Realmente se quería hacer esos planes de futuro? o ¿lo pensó después de hacerlo y entonces se arrepintió?. Quienes hayan vivido situaciones parecidas a éstas se pasan temporadas largas intentando encontrar las explicaciones a los hechos, pero sin saber que no hay explicación alguna. Simplemente se han convertido en un “plan B” y deben aprender a salir desde la segunda línea de parrilla. Acostumbrados a verlo todo de cara, ahora la situación les obliga a recolocar las ideas en su cabeza y pensar que todo sigue igual pero con personas diferentes, si son capaces de salir de ese bache (para ello los pilares esenciales son los amigos de siempre y la familia), ya nada se pondrá en su camino.
Cuando convierten a personas en “planes B” y salen adelante, suelen ser más afables, más cariñosas, valoran más las cosas de cada día y encuentran momentos para disfrutar con su gente. Viven con más intensidad y aprenden a no trivializar las cosas, encuentran solución a los problemas venideros con más facilidad y son capaces de discernir con claridad lo que quieren de la vida, priorizan con mayor y mejor consciencia, sonríen más y son más ellos mismos.
Acaban siendo personas con más capacidad para amar, de otorgar cariño, de entregarse a los demás y ayudar, con mejor sentido del humor, ganas de explorar el mundo y sobre todo no perder el tiempo en banalidades, porque como alguien dijo: “no hay peor ladrón que quien roba el tiempo a los demás, porque es lo único irrecuperable que hay en la vida”.
javierfeito (14 de Marzo, 2009)
Guapa y bella, simpática, agradable, universitaria y culta, solvente y trabajadora, cariñosa, maravillosa, con sentido del humor, buena amante, pero tremendamente atractiva; ya lo sé, nos ponemos a la cola todos ¿verdad?. Pues existe y es de carne y huesos, sólo que esta chica tiene los huesos mejor colocados que el resto de la población femenina, su estructura ósea llama bastante la atención y sus proporciones están muy equilibradas con los componentes de su masa muscular. Encantadora y con una masa encefálica que hace sinapsis neuronales acordes con los más brillantes pensamientos, en definitiva es lo que se conoce habitualmente como un pibón. Para no pedir más.
La táctica y estrategia de ataque en estos casos es clara: tocar, mover, vascular, desdoblar bien y aprender a jugar en champion, cualquier fallo y te apean hasta de la UEFA, pero no nos engañemos hay quienes con un juego descarado y sincero como el del partidillo de los jueves, triunfan en champion y van pasando rondas; o bien marcan tantos en fuera de juego, en la única jugada que se le coló al árbitro y al juez de línea.
Ella sin embargo permanece ajena a las estrategias de juego y sólo intenta vislumbrar el horizonte de su posible vida futura con él, otea en la lejanía sus actos y compara las actitudes desde los primeros momentos a los últimos, sin olvidar los detalles de cada día, y al final descubre que siempre se repite la misma historia.
Sí al principio de la relación todo es permisividad, halagos por sus trapitos, comprensión y respeto por su tiempo libre, facilidades para seguir saliendo con las amigas, felicitaciones por su jovialidad y buenas maneras para decir las cosas; la realidad junto a ella se va convirtiendo paulatinamente en un día a día de reconversiones: actos coercitivos contra su vida diaria, restricciones a sus formas de vestir, malos humos a sus salidas con amigas, reproches por sus conversaciones sinceras con sus propios amigos y sobre todo celos compulsivos e infundados, que van minando las relaciones entre ambos, discusiones constantes en las que el umbral para la discordia es cada vez más bajo, postulados insostenibles en los enfrentamientos, espionajes constantes, fiscalización de sus bolsos, papeles, móvil y un querer vivir la vida de y por ella, porque con la suya no tiene bastante, porque no entiende la palabra “respeto”, porque no sabe lo que son: la sinceridad, la comprensión, el compromiso, la seguridad en la vida, la libertad; y todo ello aderezado con unas dosis de no saber vivir con la suerte que le ha tocado al estar con ella. Por eso ella dice triste y apenada: “saco siempre lo peor de los hombres”. El pecado que comete es ser muy superior al resto de los mortales (física y mentalmente, en relación e interacción social) y sobre todo superior a los que dicen amarla.
En Asturias diríamos que: “cuando la semana ta de pioyos, nun sirve quitar la camisa”. Y yo digo que: “onde non hay, non se pue sacar”.
javierfeito (11 de Febrero, 2009)
Tú le dejas, pero no entiendes que tus argumentos son pueriles y estériles, no entiendes que para dejarle no tienes que justificarle nada, porque el sentimiento vivido y compartido es único. Cuando le dejas y te justificas aumentas tu carga de responsabilidad y clavas con la maza sus pensamientos nobles hacia ti, los que puedan quedarle después de la noticia.
Dejarle no significa demostrarle que no te importa, que te da igual el tiempo vivido juntos y los sacrificios por estar siempre ahí, a pesar de dolores, malos momentos, tiempos de vacas flacas, contra viento y marea, sino que tienes otros objetivos de vida, que deseas apostar por otros momentos y ciclos de tu vida.
Pero lo que no entiendes es que no le dejas, sino que le liberas de tus manías, de tus coladas paranoides, de tus problemas sin sustancia e irreales, le liberas de tus amigos, tus gustos rancios y poca chapeta que tienes, de tus crisis de ansiedad, de tus chorradas, de tu desidia y conformismo para con la vida, de tu falta de chispa en la vida.
Dejarle es abrirle los ojos al mundo de un puñetazo y tiene que agradecértelo porque gracias a ti ha visto otra vida, la que tenía de frente y le tocaba en cada instante invitándole a vivir desde la ilusión, la vida a la que cerraba el paso por miedo irracional a nada y a todo, sin darse cuenta ha resurgido de las cenizas. Los amigos, sus hermanos, la lectura, la libertad en las decisiones de sus actos controlados por el momento. Le liberas de tus cenas familiares sin sustancia, de tus reuniones improductivas, de hablar cuando no desea opinar, le liberas de vivir enjaulado en sus proyectos inconclusos y darte la razón por no escucharte todo el día el runrun.
Dejarle, es lo único honesto, verdadero y real que has hecho en tu vida, y la verdad que eras tú quien tenía que hacerlo, tiene más valor, sobre todo para ti que te engañaste toda una vida. Pero el eterno agradecimiento por ello, nunca te será transmitido. ¡Es cierto, le has dejado!, compartir una relación de pareja no puede suponer un esfuerzo extra, sino un deseo mutuo y permanente, de lo contrario es un deterioro permanente y un desperdicio de la vida propia, todo lo que se salga de la ilusión y la felicidad de cada momento son instantes de sufrimiento y vida baldía. No, no le dejas, simplemente le liberas de los grises días de desidia y galbana junto a ti, le dejas, ¡sí! pero le devuelves a la vida verdadera de las ilusiones anquilosadas.
Tú le dejas, y así podrá valorar la esencia de la vida, alguien que esté junto a esa persona no por necesidad, sino porque les respiguen los pelos de sus cuerpos cada vez que se vean. Alguien con quien realmente quiera estar por estar cerca, mimarse y abrazarse como si fuera la primera y última vez que lo hagan. Para darse todo lo que tú no merecías, la persona que has dejado. Porque como alguien me dijo o leí: las cosas más importantes de esta vida son gratis o imposibles, un beso, la paz, la salud, la felicidad, el amor, la amistad. Dejar en gratis, que te dejen, a veces no tanto. (Utilizo el masculino como forma genérica).
javierfeito (10 de Febrero, 2009)
EXPLICACIÓN
Te dejo porque no siento lo mismo por ti, porque ya te veo como un/a amigo/a y no como una pareja. ¡Lo siento! Voy a dejarte porque con los años, la rutina me ha comido las esperanzas de vivir sonriendo junto a ti, me enfundé un traje de piedra que viste mi rutina, que me roza en cada despertar junto a ti, que me anquilosa dentro de un sin vivir. Te estoy dejando.
TRANQUILIDAD
No pienses que te dejo por algo que has hecho, ¡no, no! es que he cambiado y la trituradora de la vida me ha machacado los mejores momentos, que ¡por cierto! no he disfrutado muchas veces. Quiero vivir mi vida libre, sin ataduras, no soy feliz y para encontrar la felicidad necesito estar solo/a.
ACERCAMIENTO
Podemos seguir siendo amigos, si quieres (dice con sus ojos de cordero a punto de ser degollado), pero como pareja esto se acabó, no siento lo mismo. ¡Sí, sí te dejo!, aunque no puedas creerlo, es que no es de ahora, llevo tiempo pensándolo, la vida es así, las personas cambian y en algunos momentos o tomamos una determinación clara o no lo haces nunca en la vida. El otro día leía un artículo que decía bla, bla, bla, yo no podría explicarlo mejor. Creo sinceramente que ahora es el momento, mi amigo/a me dice que …. Y de verdad, para ti será también mejor, con el tiempo me darás la razón, será mejor para los dos.
He compartido contigo buenos momentos y eso no voy a olvidarlo, pero es hora de cambiar, vida mía, ¿lo entiendes verdad?.
ATAQUE DE CULPABILIDAD
Te dejo porque los amaneceres junto a ti no me recobran la ilusión de verte cerca de mi cada nuevo día, son espinos que clavan mi corazón en cada vuelta que doy, representan lo peor de mis días contigo, no soporto todas esas noches cerca de ti, te dejo porque la seguridad que me trasmitías ya no es tal, porque no me atraes, has cambiado y eso lo sabes bien, no somos los mismos y en el fondo estás de acuerdo conmigo. ¿A que sí?. No has hecho nada mal, repite, sólo que necesito cambiar.
ESPERANZA
Te dejo, pero ya verás como encuentras a alguien mejor que yo, seguro y me lo agradecerás y todo. Algún día quizá podamos salir juntos con nuestras parejas y reírnos de todo, ja, ja, ja, ja. Eres buena persona, mereces alguien mejor que yo y seguro que lo encontrarás. Adiós y hasta siempre, mucha suerte.
javierfeito (5 de Febrero, 2009)
LNE (2 de junio de 2007)
Los secretos son la parte que tienes inconfesable dentro de ti, lo que te hace ser sólo tú, pero cuando son compartidos reinan en el mundo imaginario de la lealtad, brillan sobre un pedestal dorado que ha sido coronado por la más bella reina jamás conocida en la historia de la humanidad: la amistad leal. Secreto y amistad entonan un mismo canto al unísono, caminan paralelamente y te vinculan para siempre a quien te has confesado, justifican un beso, un abrazo, un guiño, una carrera, el tiempo empleado, un vino, una sidra…
Sientes la necesidad de hacer partícipe de algo propio y único en tu vida a tu amigo, pareja, compañero, amante; ello te convierte en valiente pero también en vulnerable, expuesto a todo lo que la otra parte quiera hacer con la información recibida. Parece ser verdad que cuanto más saben de ti, más daño pueden hacerte y sin embargo las personas seguimos confiando nuestros secretos, como si pensáramos que por no revelarlos fuéramos menos amigos, menos pareja, más desconfiados, como si se fueran a perder en el olvido, que es donde realmente debieran quedarse.
Si en la persona en quien confías te guarda la confidencia, el secreto se hace eterno, te une con lazos invisibles al confidente y tu amistad se encauza por un camino de ida hacia personas que tienen brillo, que sonríen a la vida y disfrutan de sus momentos, lejos de las grises, que parecen vacunadas contra la propia vida y por supuesto olvidando a las «sanguijuelas sociales», que por falta de interés y motivación por su vida, buscan hacer acopio de los espacios ajenos para nutrirse de su tiempo, sus sentimientos, sus motivaciones.
Pero cuando se traicionan los silencios de los secretos compartidos sientes el mayor dolor jamás sufrido, un escalofrío recorre tu cuerpo, fruto de la incredulidad que, mezclada con la traición vivida, te hace sentirte peor que en un fracaso profesional o amoroso. Es peor que no conseguir la meta propuesta o que vulneren tu confianza, es el amargo y maloliente sabor de la traición, que toca suave, tácita y dolorosamente las fibras sensibles de tu interior, como un «punto gatillo», que trasmite el dolor a zonas insospechadas. La cabeza te da vueltas buscando explicaciones razonadas y nunca encontradas a la apertura de tu vida, esa pequeña pero esencial parte de ti que ha sido traicionada.
Porque no existe peor traición y peor modo de hacer daño que elevar a público el secreto del otro, los sentimientos compartidos que han sido conferidos en honor al lugar que ocupas en el corazón de quien te cuenta, se confiesa, se abre y se muestra abiertamente a ti, te hace partícipe de algo único en su vida porque cuando esa confianza queda alterada, te conviertes en un ser ruin y despreciable, con una personalidad de cartón que bien merecería una mojadura para ser desintegrada poco a poco.
Traicionar los secretos delata la baja catadura moral y el tipo de persona que se es, y obliga a replantear la amistad perdida, las amistades venideras y tus palabras compartidas.
javierfeito (5 de Febrero, 2009)
LNE (24 de abril de 2007)
Nos expresamos casi siempre con palabras, porque el enorme y sugerente poder de la comunicación no verbal (gestos, miradas, posturas, distancias, espacios, silencios, etc), se pierde o no se sabe entender y analizar. La progresiva deshumanización en la sociedad competitiva de las prisas, el trabajo y la superación, no deja tiempo al disfrute de los verdaderos momentos de felicidad que nos proporciona el diálogo corporal, compañero inexcusable de las palabras, deseos y sentimientos y ello nos arrastra a hablar y escribir sin mirar, aunque tampoco está mal.
Pero hoy deseo escribir sobre las palabras no dichas, que están hermanadas desde siempre con los muros del rencor, la ignorancia y, en ocasiones, con la marea de la vergüenza. Te arrastran hacia sendas desconocidas y condicionan tu vida hacia el país de nunca jamás.
Las palabras no dichas avivan el calor infame del rencor y maceran un futuro incierto, desconcertante. Hostigan el progreso personal y tamizan suavemente la introversión. Se anclan a los pasados y aumentan la incertidumbre personal. Aprisionan los deseos y fustigan el camino que se quiere recorrer. Son iguales que los actos inconfesables, porque las palabras no dichas, lógicamente nunca son escuchadas y se convierten en tercas e inútiles, áridas y perdidas en el tiempo atemporal de los pensamientos prohibidos, entran a formar parte del «yo» y alimentan el ego, o bien te bajan de la ruta en marcha y piden descanso no merecido.
Las palabras que no se pronuncian no tienen matices de tacto, ni olor a sensaciones perdidas o encontradas; las palabras que no escuchas resuenan en la cabeza, pero si al menos pudieras leerlas, podrías, en un acto de imaginación, obligarte a combinarlas en tu boca para imaginar como serían pronunciadas (tono, entonación, dicción, pausas, miradas que las acompañan, posturas corporales, inflexiones de la voz…).
Simplemente son palabras que no existen, vacías y con la oquedad de un pozo infinito, porque pensemos que las palabras son para ser pronunciadas y escuchadas, leídas, recitadas, interiorizadas, vividas. Las palabras no compartidas, son palabras rotas y de ruptura porque en la mayoría de las acciones de vida truncan ideas y deseos, evitan reencuentros, albergan perdones nunca concedidos, rechazan propuestas y anegan las peticiones de disculpas en pro del perdón buscado. Ortega y Gasset lo explicó diciendo que las palabras no son palabras sino cuando son dichas por alguien.
Estas palabras perdidas y rotas impiden que las personas nos pongamos de acuerdo, en beneficio de todos, impiden que las personas expresen sus sentimientos, sus deseos y valores, sus propuestas y siempre con el mismo pisón, miedo a ser rechazados o temor a equivocarse.
Sobre las palabras se ha escrito y dicho mucho: «boca de verdades, cien enemistades», «la lengua no tiene hueso pero corta lo más grueso», «el poco hablar es oro y el mucho es lodo», «somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos», pero creo, por encima de todo, que «hablando se entiende la gente».
javierfeito (5 de Febrero, 2009)
LNE (17 de febrero de 2007)
Leía el otro día: “superar una ruptura no es olvidar; superar es reflexionar y entender, perdonarnos a nosotros mismos y al otro y aceptarnos. Así con nuestro equipaje emocional en orden, podremos trabajar sobre nuestro futuro”.
Apurando las cosechas no da mejores frutos porque como dijo una vez Terenci Moix: “Vivir el desmoronamiento de una situación de pareja por miedo a empezar de cero da como resultado una soledad mil veces mayor que la que se elige libremente. Una situación deteriorada es la peor tortura a que pueden arrojarse dos personas, y más aún cuando lo hacen cogiditos de la mano y sin razonar”.
Jacinto Benavente lo definía como “soledad de dos en compañía”, y es que la sensación de dolor que te produce la ruptura es el menos de los males posibles, cuando de lo contrario te lanzas al abismo y con los ojos cerrados a la vida que te queda por compartir y disfrutar. Cuando te encuentres sola o solo pero feliz, podrás dar todo de ti y compartir tu yo entero y no sólo tu mitad, un poeta habla de dos mitades que se convierten en una unidad, pero dos unidades hacen un todo mayor. En las relaciones no debemos llegar al desgaste absoluto y eso es clave para poder sustentar otras formas de vida, sobre una situación no calcinada.
Hay que saber analizar las etapas y aprender de ellas, y entonces dejemos que el tiempo siga su curso y la cabeza consiga convencer a los equivocados y engañosos sentimientos. Soy perfectamente consciente de que ni a ti, ni a nadie le gusta estar solo, pero has de pagar un cierto peaje de soledad; cuando sales de una relación complicada se hace necesario pensar en soledad, recorrer una senda (unas veces más larga que otras) de reflexión y asentamiento de vida y a veces no quieres darte tiempo para pensar, sólo actúas y eso te lleva a equivocarte una y otra vez, te arrastra hacia objetivos no deseados y ya sabes que si buscas lo que no quieres, encuentras lo que no debes. Por eso es bueno ralentizar tu ritmo, encontrarte a ti misma o a ti mismo, respirar hondo para llenar los pulmones y respirar igualmente dentro de tu corazón, oxigenarte las neuronas y recobrar frescura en tus pensamientos, transparencia en tus actos y solvencia mental en tu vida.
Me alegro de formar parte de ese reducido grupo de personas a quienes les dedicas unos minutos de tu vida, mientras nos lees. Me honras y espero estar a la altura de las circunstancias.
Razón tenía quien dijo que hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego, Capello además de leer La Nueva España, vio la leña, porque Beckham vuelve a jugar y saca fuego. Y yo te digo que si no te ven, es que no te merecen. Aunque es hora de dejar el sistema de ensayo y error. Feliz día.