Haití y la vergüenza permanente
javierfeito (20 de Enero, 2010)
JAVIER J. FEITO
Haití, ese pequeño país que ocupa un tercio de la isla caribeña de La Española (los otros dos tercios pertenecen a la República Dominicana), ha sufrido un terrible terremoto que nos ha traído imágenes y escenas sobrecogedoras y desoladoras. Pero no quiero hacer referencia a las cifras de muertos que constantemente van aumentando y posiblemente nunca se sepa la cifra exacta, ni al desastre humanitario que se vive y que seguirá por mucho tiempo, ni a la escasez de medios, ni al 80% de pobreza que existía antes del terremoto y que seguramente ahora aumente o a la desforestación vivida en el último siglo que ha pelado esa parte de la isla de superficie arbórea, etcétera. Tampoco quiero hacer referencia comentada a los pillajes y robos que van en aumento, al auge en el tráfico de personas hacia La República Dominicana o a la total descoordinación entre los países que prestan la ayuda humanitaria.
Hoy quiero dejar constancia por escrito de que una vez más nos ha golpeado en la cara la evidente realidad (valga la redundancia) del subdesarrollo más infame y despreciable que podemos encontrarnos a escasas millas de la primera potencia mundial y de todos los centros vacacionales del Caribe y sin embargo nadie se acordó de este país hasta ahora (que al menos algo es algo). Igual que pasó en Sumatra en varias ocasiones o como ocurre cuando acontecen catástrofes de esta magnitud.
Ahora los países prestadores de servicios a Haití, han condonado la deuda haitiana, pero ¿dónde se fue el dinero de esas ayudas que ahora se condonan?. La pregunta sólo pueden responderla quienes robaron el dinero de las ayudas internacionales y que no son otros que los gobernantes haitianos, los cuales llevan viviendo, desde hace muchos años, a costa de la pobreza de su pueblo (erradicar ésta era el objetivo de esas ayudas).
Me lo pregunto porque el país no tiene nada, no hay luz, ni alimentos, ni medicamentos, ni infraestructuras básicas, nada, es un caos que ya existía y se ha acentuado como consecuencia de este terremoto, amén de los miles de muertos hacinados en las calles y carreteras. Es otro ejemplo más de la falta de solidaridad que existe en este mundo (porque los gobernantes se han puesto una venda en los ojos para no ver la realidad y un casco protector para evitar las bofetadas que les golpean diariamente en Haití y otros muchos países).
La República de Haití existe como tal desde 1804, fue el segundo país del continente americano, tras los Estados Unidos, en independizarse y por tanto el primero de América Latina, fue también el primer ejemplo en la historia universal de la abolición de la esclavitud y la represión de la raza negra, lo que sirvió para finalizar con el tráfico de esclavo llevados desde África al continente americano. Vivió al menos entre los años 1957 y 1986 (casi treinta años), con una fuerte represión dictatorial y militar, siempre con el beneplácito financiero y político de su vecino, los Estados Unidos, y por ello el apoyo americano al régimen dictatorial de Haití representa otra de las vergüenzas más increíbles de la historia estadounidense, se conocen muchas en su corta historia.
Historia haitiana aparte, dejo constancia de la indignación que me produce la sorpresa mundial de que Haití y otros países igualmente pobres, salten a la palestra sólo después de catástrofes naturales o guerras. No nos engañemos la población haitiana lleva décadas sufriendo horrores humanitarios y la mejor señal es que cuando estás en República Dominicana te aconsejan no pasar al país vecino.
Los horrores de Haití formarán parte de nuestras retinas durante un tiempo y luego nadie recordará ni siquiera que Puerto Príncipe es su capital.

Con personas como tú, Haití pernamecerá en nuestra cabeza y trataremos de ayudar y amimar a otros a hacerlo. A ser constantes, unos desde una plataforma como ésta desde la que escribes, otros apoyándote y todos moviéndonos poniendo los medios a nuestro alcance.
Fíjate lo que se consigue a través de estos blogs, de las redes sociales. A través del correo electrónico con nuestros contactos.
Te planteo el reto de que cada vez que escribas, de una u otra manera puedas encajar un recordatorio sobre Haití, de hecho tanto Cáritas como Cruz Roja trabajan y continuarán trabajando allí. Eso sí, no podemos dejarlos solos.
Los políticos puden pasar, los demás no pasamos.