La carrera profesional

javierfeito (29 de Junio, 2009)

JAVIER J. FEITO
La carrera profesional permitió hace dos años y medio, que muchos funcionarios de Asturias mejoraran sus salarios con una subida cuantiosa en sus nóminas, al margen de un pago único aquél alegre mes de ya no recuerdo, pero era de obligado cumplimiento solicitarla y al ser literalmente “un cheque en blanco” algunos firmaron y otros no, cada cual tomaba su decisión.
Ahora todos parecen ser culpables y las posiciones son diversas: los funcionarios firmantes son culpables por solicitarlo (algunos les llaman ladrones, rufianes y aprovechados), los que no lo solicitaron quieren cobrarlo, otros ajenos a todo piden que se devuelva lo cobrado, los sindicatos son culpables por no oponerse o por apoyarlo, el Gobierno por pagarlo, los jueces por anularlo y todos a la gresca.
La idea de la carrera profesional era excelente, porque sólo era eso, una idea, a mayor productividad mayor incentivo salarial, y así se vendió como una medida electoralista, que ahora niegan (aunque como fue justo antes de las elecciones, ¿quizá tenga otro nombre?, ¿pre-electoralista? ¿incentivo?, ¡por favor, un poco de respeto para la sociedad asturiana que os otorgó su confianza a través de un voto libre y consciente!), el hecho es que se pagó un dinero de más con respecto al mes anterior a quienes habían firmado y lo insertaron en las nóminas como “complemento de productividad incentivo de rendimiento” y no como “carrera profesional”, servía, según se decía, para compensar la diferencia salarial entre los funcionarios asturianos, de los peor pagados del estado español, y los de otras Comunidades Autónomas y efectivamente cumplía la premisa de acercar salarialmente al funcionariado asturiano con los de otras autonomías.
No quiero entrar en el debate, infructuoso y arduo para mí, sobre si se seguirá cobrando el plus, si se deberá devolver, si quienes no cobraron tienen derecho a percibirlo, si todos cobrarán por otra partida presupuestaria o si se acabó toda la carrera profesional con la sentencia del TSJA. Porque desde mi punto de vista las causas y consecuencias son meridianamente claras, y están perfectamente enfocadas.
Ahora el sindicato ANPE recurre la sentencia del TSJA, al Tribunal Supremo, dando la cara por todos para evitar las devoluciones cobradas y ganar tiempo en la negociación, que tanto rehúye la Consejería de Educación y Ciencia, como primer interlocutor. Además, pensándolo bien ¿qué podemos esperar de la Consejería de Administraciones Públicas y Portavoz del Gobierno del Principado de Asturias si no es capaz ni de publicar correctamente una simple y rutinaria convocatoria de oposiciones a la enseñanza primaria?. Este año han sido tres correcciones de errores en el BOPA y el año pasado otras tantas, para unas simples oposiciones docentes, que se convocan todos los años.
¿Es efectivamente una carrera de profesionales?, ¡claro que sí!, una carrera de los profesionales políticos del escaqueo, que echan a correr, agachando la cabeza para no dar las explicaciones que tienen la obligación de dar a los 14.000 funcionarios y a la sociedad asturiana, para hacernos entender el porqué después de más de dos años no han sabido o querido desarrollar la carrera profesional, ¿por qué no han hecho caso de la moción aprobada en el Parlamento asturiano que en junio de 2008 instaba al Consejo de Gobierno a regular algunos tramos de la carrera profesional?. Esto es lo que deben explicar desde el Gobierno asturiano, ¿cómo es posible que en más de dos años no fueran capaces de desarrollar normativamente el tema?.

Mi respuesta es clara, porque la incompetencia de quienes nos gobierna es producto de la dejadez permanente en sus funciones, reman en una administración pública que navega a la deriva y cada vez más frecuentemente quedan varados en las orillas de la improvisación política, que es la única idea clara que tienen, en consonancia con la de su jefe en Madrid. Y porque además aprobaron la carrera profesional sin un solo euro encima de la mesa, puesto que no había dinero presupuestado, no desarrollaron los siguientes tramos de la carrera profesional y ahora nos encontramos en un desconcierto, producto de su desgobierno.
Les hubieran podido ser de ejemplo para desarrollarla varios precedentes como: los tramos de investigación en la Universidad, los incentivos de productividad de las empresas privadas, los pluses por ventas a los comerciales y un sinfín de casos claros de productividad y rendimiento en el trabajo. Pero lo más cómodo era hacer oídos sordos a las demandas del desarrollo profesional y esperar a que el TSJA lo anulara, porque pagar menos en estos tiempos es un alivio para las maltrechas cuentas de nuestra Asturias querida y alguno en privado se estará frotando las manos por el ajuste de contabilidad que puede hacer a su favor.
Seguramente muchos no se esperaban este final de caos y por el momento los sueldos bajan y nadie da explicaciones. El presidente asturiano no pedirá responsabilidades políticas, porque el máximo responsable de tener el Gobierno que tiene, es él.
Paz y amor para las “avestruces políticas asturianas” que nos gobiernan y que no se atreven a dar la cara y responsabilizarse de sus actos, al menos que pidan perdón por los errores cometidos y no quieran trasladar la culpa a quienes reclamaron lo que consideraban sus derechos.

Pakistán. Recuerdos de arena, piedra y sol.

javierfeito (25 de Junio, 2009)

JAVIER J. FEITO

La República Islámica de Pakistán se encuentra ubicada en el sur de Asia. Limita al este con India, en conflicto permanente, al oeste con Irán y Afganistán, al norte con China (Ruta de la Seda) y al sur con el Mar Arábigo. Su ciudad más representativa es Karachi aunque Islamabad, con 700.000 mil habitantes, es la capital. Es el sexto país más poblado del planeta con más de 165 millones de habitantes, de mayoría musulmana.

Choudhary Rahmat Ali, fundador del Movimiento Nacional Pakistaní ideó la palabra Pakistán en 1933 como un acrónimo para las cinco provincias norteñas y musulmanas de la India Británica: “P” de Punjab, “A” de Afghania (Provincia de la Frontera del Noroeste), “K” de Cachemira (Kashmir en inglés), “S” de Sind y “TAN” de BaluchisTAN. Pakistán es también una palabra que en Urdu significa “tierra de los sagrados o puros” y representa a los treinta millones de musulmanes de PAKISTAN.

Como el motivo de este artículo no es explicar la historia de Pakistán, me remitiré a los acontecimientos políticos de los dos últimos años. El 6 de octubre de 2007 gana las elecciones Pervez Musharraf, que había prometido renunciar a su cargo de jefe del ejército y llevar a cabo un gobierno civil. La ex primera ministra Benazir Bhutto retornó al país tras varios años de exilio, con la esperanza de un cambio paulatino hacia la democracia. Sin embargo, el 3 de noviembre se produjo un autogolpe de estado, echando por tierra las mentiras de apertura e iniciando una nueva dictadura militar con Musharraf a la cabeza. El 27 de diciembre la ex-primera ministra Benazir Bhutto fue asesinada en un atentado.

El 18 de agosto de 2008 Pervez Musharraf dimitió para evitar la destitución por parte de la Asamblea Nacional. En las elecciones presidenciales, celebradas el 6 de septiembre, fue elegido Presidente el viudo de Bhutto. Todos corruptos (militares y civiles), a la población no le interesa el régimen político, sino sobrevivir en un país que no tiene recursos naturales.

Sus gentes despiertan con cada rayo de sol, entre la suciedad de las calles y el mal olor de basuras nunca recogidas. El trabajo de las mujeres, niños y niñas en el campo, de sol a sol, las horas de los hombres tumbados en las carreteras “a la fresca”, los tenderos amaneciendo entre sudor y suciedad después de las noches a la intemperie (las duchas mañaneras no se acompañan, casi nunca con el despertar de la población), el conseguir unas rupias para pagar los alquileres de las tiendas y vivir, para comer… Es la dinámica cotidiana, independiente del gobierno en el poder: vive quien tiene un “negocio” y el resto sobrevive, a veces sin comer apenas nada durante días.

El pakistaní es alegre, cariñoso, servicial, trabajador, respetuoso y lo da todo por sus visitantes. A través de sus pueblos puedes ir viendo las necesidades comunes de las personas, la falta de lo más elemental para vivir: una cama, un techo (no digamos una casa), una manta para taparse del frío, ropas de abrigo, una taza para beber, jabón, agua corriente, calzado, comida, etcétera. Trabajan en función de las horas de sol que tiene el día, no existe el seguro médico, los contratos de trabajo brillan por su ausencia en la mayoría de las relaciones empresario-trabajador, no hay jubilación y tampoco edad para dejar de trabajar en la mayoría de los casos, aunque los trabajadores del gobierno son otro tema. Un país desarrollado de otro modo, porque sobre el concepto de subdesarrollo, escribiremos otro día.

Me decido a irme de trekking en el verano de 2008, porque un amigo montañero me incita a ello. Dedico los meses previos a entrenar algo y a comenzar los trámites del visado en la Embajada Pakistaní en Madrid, donde me obligan a pagar el viaje completo (vuelo y trekking) antes de tramitarme el visado, con lo cual me veo con un viaje pagado y sin visado. Al final llegó el visado. Vuelo a Islamabad con American Airlines, vía Londres, todo perfecto, muy profesional. A mi llegada a Islamabad el golpe de calor azota mi cara somnolienta, mientras alguien me recibe con un ramillete de flores y un cartel en el que reza mi nombre completo: es mi guía Riaz Ahmad, que habla inglés, japonés y pakistaní. Luego, hotel y briefing en el Alpine Club. Qasir (manager de la empresa Hunza Guides) me recibe cordial, atento. Es un tipo alto, bien parecido, educado, que viste al estilo europeo. Como España ganó la Eurocopa de fútbol y allí se hacen eco, hablamos de fútbol y de mi aventura.

Al día siguiente inicio el camino por la Karakoram Highway. De “highway” no tiene nada, es una carretera casi sin asfalto, en la que cada kilómetro te llena de emoción e impotencia. Las casuísticas incomprensibles para nuestras mentes europeas son habituales: niños vendiendo fruta en la carretera en medio de la nada, aulas al aire libre, arroyos que sirven para beber, lavarse y fregar (al unísono), pero el camino continúa y sólo puedes sacar fotos y seguir adelante mientras asimilas sus formas de vida. Son dos días de pesado trayecto en los que recapacitas sobre lo que tienes, sobre lo que dejas y lo que debes dejar. Las esencias de la vida afloran de tu interior, te replanteas la sociedad de consumo (como siempre que visitas un país pobre y necesitado), la gente que dejas acá, a quien le gustaría estar allí. Miro el río Indo, enorme, tenso, fuerte, agresivo. Cada rabión me obliga a buscarle hueco para hacer un rafting, en ocasiones se haría imposible, es marrón en sus aguas, majestuoso, imponente como preludio de las montañas que encontraremos días después. Mi infancia en Ribadesella llena mis recuerdos: el río y las tardes de piragua por el Sella, los chapuzones en el Cobayu.

Llegamos a Skardú, capital del Baltistán, primera ciudad que merece la pena caminar, después de dos días de furgoneta y una propina de dos mil rupias (casi 20€), que se le hacen escasas al chófer. Riaz busca porteadores, jeep, cocinero, provisiones y comienza la aventura.

Cuando partimos hacia Askoli soy consciente de que durante varias semanas dejo atrás mi último váter y ducha caliente con grifo. El camino hasta Askoli (3.000 m) es peligroso; se ha derrumbado una parte de la pista y esto nos obliga a portear los equipajes al otro lado del desprendimiento. Es serpenteante y empinado, pero el potente motor del jeep y la destreza del nuevo chófer te dan relativa seguridad. Askoli abruma al visitante con sus calles de barro seco, la inmensa pobreza de sus gentes y la alegría de los niños revoloteando por el pueblo. Desde ahí comienzan todas las expediciones hacia los ochomile s de Concordia, el Baltoro nos espera.

El camino de seis horas hasta Jhola (3.200 m), primer campo para un trekker, es agradable, pero el ansia de ver montañas te obliga siempre a mirar inútilmente más lejos. Las montañas se solapan unas a otras y las más altas guardan su tesoro para varios días después, te gritan que no es el momento. Vienen varias jornadas de aclimatación y muchas horas de piedras y arena. El sol se está portando bien. El niño que trabaja en el campamento de Jhola me pide una linterna que tengo sin pilas y se la doy a escondidas, para que no se la quite su jefe, como hizo previamente con el bolígrafo de cuatro colores.

Llega el quinto día en el país y segundo de pateo. Paiyu (3.450 m) nos espera después de otras seis horas a buen ritmo. Llueve y después de ducharme en las sucias letrinas, comparto un té con Fazal Karim (guía pakistaní del singapurense Gideon Lu y sus dos amigas). Serán los primeros trekkers que vea en Baltoro.

Al día siguiente partimos hacia Urdukas (4.050 m) a las cinco de la mañana, tenemos que salir temprano porque el calor después de las doce se hace insoportable para los porteadores. Son ocho horas de subir y bajar que encuentran su recompensa en el descanso de Khuberzha y sobre todo cuando las Torres del Trango (6.286 m) te saludan: estoy ante las paredes verticales más altas del mundo.

El cuarto día de trekking, tras cinco horas y media de caminata, llegamos a Goro II (4.380 m) que nos espera sin nada especial: lavar el cuerpo, afeitarme, descansar y esperar. Cenamos con Rafa G. Belderraín, que bajaba eufórico de la cumbre del Gasherbrum II (8.035 m).

El final del quinto día de trekking nos muestra la eternidad de la montaña pakistaní. En apenas cuatro horas Concordia (4.770 m) nos saluda despejado. Concordia es la confluencia de cinco glaciares y un lugar único en el mundo, que recoge en su seno cuatro ochomiles “a pie de pista” y 41 cumbres de más de 6.400 metros, la mitad de ellas sin nombre y sin escalar. El infinito está más cerca, la montaña te llama. Por eso algunos dicen que esas montañas ciegan a quienes quieren escalarlas y no les permiten ser objetivos, ya que siempre quieren más y a veces encuentran en ellas el final de sus días. La vista es para recordar siempre: de frente el majestuoso K2 (8.611 m) y el Broad Peak (8.047 m), a la derecha el Gasherbrum I (8.080 m) y el Gasherbrum II, tapados casi por el G-IV (7.932 m).
El sexto día, sin necesidad de madrugar, nos vamos al campo base (CB) del K2, del que apenas nos separan cuatro horas de camino. Las piernas van ligeras, la cabeza no duele, la aclimatación ha sido perfecta. Paramos a comer una pizza en el campo base del Broad Peak. El zamorano Martín Ramos se queda allí con el grupo de españoles con los que hará cumbre días más tarde y el resto seguimos hacia el CB del K2. Mi porteador sonríe cuando llegamos a los 5.200 metros. El resto del grupo se ha quedado en Concordia esperando nuestro regreso, que será tres días después.


Ya en el CB del K2, subyace en mi interior una alegría inenarrable por estar allí. Me acordé de las personas más especiales y que más quiero, y sentía que no pudieran estar disfrutando de aquello conmigo. Llamé con un teléfono satélite y pude compartir ese momento tan especial para mí, en un atardecer de enorme sobrecogimiento. Son momentos de soledad delante de la segunda roca más grande del mundo, al norte China, al este India, al oeste el glaciar Baltoro.

El segundo día en CB sentí tristeza porque el once de julio asistí a la primera reunión (para mí la última) entre expediciones internacionales: coreanos, italianos, serbios, pakistanís, entre otros. También estaba un chico español, amigo mío, que a veces sale de monte solo y le da por escalar alguna piedra grande y empinada, y ya lleva en su cuenta unos cuantos ochomiles. Querían organizar una ascensión conjunta al K2 colaborando entre todos. Mi decepción y pena fueron tremendas, para mi se rompieron todos los mitos sobre el himalayismo. Desde mi inexperiencia no podía entender la mala coordinación, la falta de profesionalidad y rigor en los planteamientos expuestos. Aquella primera reunión de expediciones internacionales fue un desastre y no volvimos a ninguna más. Eran demasiadas cosas dejadas a la improvisación y, ciertamente, la montaña ya improvisa bastante ella solita. Parecían más un grupo de amigos organizando un botellón de fin de semana, que verdaderos profesionales haciendo la estrategia del ochomil por excelencia: el K2 por el lado pakistaní. Dice mi amigo que las montañas no se conquistan, sino que se dejar conquistar a veces, y eso no lo entendieron.

En el transcurso de las conversaciones y acuerdos que se tomaron en aquella reunión, un alpinista se comprometió a colocar las banderas durante la escalada, para señalizar el camino de regreso ante posibles cambios del tiempo. Pero a la postre no las puso, así que, después de la avalancha que se produjo en el serac que se encuentra en el cuello de botella, se perdieron. Sólo unos pocos pudieron ser milagrosamente rescatados con vida. El resto, hasta once, quedarán sepultados para siempre en el K2.

Mi amigo se levantó y se fue a media reunión. No era plan de nada. Para los más expertos, el presagio de una catástrofe se mascaba en el ambiente. El vitoriano Alberto Zeraín (que no estuvo presente en la reunión) acabó haciendo cumbre él solo y al bajar se encontró con todas las expediciones, que subían juntas. Él les dijo: “Vais tarde, es tarde para hacer cima”. Pero ellos siguieron hacia arriba, la montaña les cegó y se los comió para el resto de los días. Los holandeses, con Willco como jefe de la expedición “Nordit K2 Expedition 2008”, eran como sátrapas en el CB del K2. El día que los visitamos estaban fumando cohíbas y tomando whisky de malta. Siendo, en mi vida, el primer campo base en el que pernoctaría, sencillamente flipé con su actitud: le dicen a la persona que me acompañaba que no subiera por la ruta Cesen, que iban a hacerla ellos. Por educación nos callamos. Seguimos camino (yo casi arrastrando a mi amigo que no quería ir) hacia los veinte mil euros de tienda de los coreanos, además de las innumerables botellas de O2, las emisoras, pizarras, móviles, ordenadores, estaciones meteorológicas. El jefecillo de día de la expedición coreana, un tipo alto y bien parecido, rechaza las intenciones de mi acompañante, que le ofrece abrir huella a partir del campo 4 (después de llevar meses en el campo base nadie había superado aún el campo 4) y hacer huella todo el tiempo hasta la cima, a condición de que la expedición coreana pusiera los sherpas para llevar el material necesario. Los coreanos tenían contratados unos porteadores de altura muy fuertes y unos sherpas experimentados. Todos los coreanos subirían con oxígeno porque su objetivo no era deportivo, sino comercial.

No habiendo llegado a un acuerdo, mi amigo me cuenta que Iñaki Ochoa le decía “Siempre lo mismo, siempre los mismos”, en referencia al hecho de que cuando ambos llegaban a los campos base, encontraban gente que llevaba más de un mes mirando la montaña y hablando en las diferentes tiendas de las expediciones que allí se encontraban; y, sin embargo, no habían hecho huella más allá del campo 2.

El coreano pasó olímpicamente de mi amigo, aunque no me extraña… A pesar de que yo le había obligado a quitarse el pantalón pakistaní que llevaba (junto con una camiseta del CAU de hace veinte años) y a ponerse un pantalón de montaña. Lo que yo no podía ver (porque no se veía) fue lo que descubrí cuando nos descalzamos para entrar en la tienda. ¡Dios mío! ¡Sus medias de ejecutivo (el resto llevamos calcetines térmicos) tenían tantos agujeros como la cueva del Tinganón, se podía hacer espeleología en ellas! Aquellas medias eran como un queso emmental, los playeros que usaba no servían más que para hacer calor dentro de un fuego, su ropa te tienta a darle limosna.

Seguramente su aspecto de “prubitín” fue lo que incitó al jefecillo coreano a darnos un té (que no había quien tragara) y unos pastelillos de chocolate. ¡Buf, chocolate a más de 5.000 metros! Quedamos con ganas de llevarnos los pastelitos de chocolate que, inexplicablemente, no comimos, tal vez por quedar bien o por no dar, además, la impresión de glotones.

Marco, que lideraba la expedición de los italianos, nos cargó las baterías de las cámaras de fotos y de vídeo y el teléfono satélite. Estos italianos, más la 2008 Flying Jump Korea K2 Expedition, la Expedición Serbia, un francés, los pakis, unos recién llegados de Singapur (en proceso de aclimatación) y mi amigo, todos ellos se quedaron en el campo base del K2. Días más tarde mi amigo subiría solo hasta un serac (8.400 m), donde se sentó, reflexionó y decidió dar la vuelta, porque, de seguir, tenía un 20% de papeletas de no volver. Habían sido más de 21 horas seguidas de ascensión (tiempo record), que hizo solo, sin material, sin comida (llevaba una barra de chorizo de Pamplona que le llevé desde España como regalo y la coca-cola que nos dieron en la poya de los singapurenses).

Desde el campo 4 hacia arriba subió abriendo huella y haciendo de okupa en las tiendas que iba encontrando en los distintos campos. Pero no lo vio claro y se dio la vuelta. Después de 12 horas llegaba al CB del K2 y, cuando todo el mundo pensaba que había hecho cumbre, él lo desmiente.

Fueron 33 horas de ascenso y descenso para dar la vuelta a tan sólo 200 metros de la cima del K2. En el verano de 2009, de nuevo en solitario, mi amigo alcanzaría la cumbre del K2.

Yo bajaría a hacer noche en Concordia para al día siguiente llegar a Ali Camp. Un camino de cuatro horas entre hielo y grietas, enfilando el glaciar Vigne hasta la desviación, a la derecha, por el West Vigne Glacier. El río cruzando de lado a lado y rugiendo despavorido en todo el glaciar. Descansamos en Ali Camp y me preguntan si nos quedamos a hacer noche o seguimos hacia Munir Camp. La decisión inteligente de hacer noche en Munir Camp significaba un extra de cuarenta y cinco minutos más de camino, pero ese mismo trayecto recorrido sin luz a las doce de la noche hubiera representado más de dos horas. Casi nadie llevaba luz en el grupo de mis porteadores y quizá hubiera sido más tiempo.

Dormir en Munir Camp, a apenas a una hora y media cruzando el glaciar previo al paso del Ghondogoro La, era una garantía de llegar más descansados. Ese día apenas ceno nada, la altura me quita el hambre y más para comer caliente y picante. Me aseo y me quedo en la tienda. El frío es intenso. A la una de la mañana hay diana para atravesar de noche el complicado y técnico paso del Ghondogoro La y salgo con el firme propósito de cruzarlo rápido y permanecer el mínimo tiempo dentro de la canal helada. Me coloco justo detrás del guía que contratamos en Ali Camp, específicamente para el paso, y entre ambos hacemos huella en pasos cortos (somos los únicos que llevamos crampones). Yo le seguía justo detrás y asentaba la pisada, con los primeros crampones que ponía en mi vida, para que los porteadores pudieran subir mejor.

Tras tres horas de escalada nocturna, en nieve muy dura, con mucha grieta y sin huella, alcanzamos el punto más elevado, 6.000 metros. La vieja y cuarteada cuerda era desenterrada de entre la nieve y el único seguro eran mis manos agarradas a la nada y un piolet que me había prestado Jorge Núñez. Era mejor no pensar donde te cogías, sólo quería subir y acabar, con todos los sentidos puestos en la montaña y recordando los consejos de mi amigo montañero: “En altura y con dificultad, cuanto menos se esté arriba mejor”. El peligro estaba latente en todos nosotros. Un porteador se nos retrasa al no poder seguir el ritmo impuesto. Para muchos de ellos era el primer paso de su vida como porteadores y han aligerado la carga, sólo veinte kg. Yo llevo ocho en mi mochila. Me llama la atención el atuendo del porteador retrasado: lleva calcetines en sus manos (los guantes son allí un bien muy caro) y de su calzado tampoco se podría decir que eran exactamente unas botas de goretex cramponables. Lo esperamos y descansamos a medio camino. Las paredes escaladas sólo se ven verticales cuando te pones a subirlas y luego miras hacia abajo.

Haríamos el sexto paso de un grupo (previamente habían pasado dos alemanes, un español, los once austriacos que habían hecho cumbre en el G-II, dos suizos y un japonés) después de dos años cerrado el Ghondogoro La. Podemos sentirnos plenamente satisfechos: el objetivo estaba cumplido.

El descenso hacia Hispurg, más de dos mil metros de desnivel en tres horas, obliga a agarrarse a unas cuerdas que es mejor no mirar. El resto de trekkers en Baltoro bajarán por donde subieron, retornando a Jhola.

Vista en la cumbre del paso del Gondogoro, al fondo la cima del K-2

Vista en la cumbre del paso del Gondogoro, al fondo la cima del K-2

La siguiente jornada acaba en Dalsanpa. Han sido tan solo dos horas y cuarenta y cinco minutos de pateo suave. Le digo a mi guía que no puede ser que en Baltoro hayamos hecho jornadas de ocho horas en altura y que ahora estemos en jornadas de apenas dos o tres horas bajando, y que yo, por mi cuenta y riesgo, mañana estaré en Hushé.

El paso por Shaicho lo hacemos en hora y cuarenta minutos, para llegar a Hushé en dos horas más. Hushé, el pueblo que yo llamaré “de los doscientos niños”, lo encontramos tras dos jornadas muy suaves de descenso, pero la llegada a él se hace eterna entre pasos de glaciares, roca, arena y agua. Bajamos corriendo (la aclimatación a la altura nos permite hacer esos excesos) y descubrimos la primera casa en medio de la nada. Allí vive una pareja con cinco hijos. Su aspecto habla por sí solo.
Lo ideal hubiera sido hacer desde Hispurg hasta Hushé en una jornada de apenas seis horas bajando por el glaciar que pierde su lengua en las puertas de Shaicho y después disfrutar de las hermosas praderías. Nosotros seguimos camino.

En Hushé conozco a Ghulam Hussain, filántropo y sanitario que busca desesperadamente subvenciones para crear una residencia de estudiantes con quince plazas en Skadú (donde tienen los terrenos comprados) y así los niños y niñas del pueblo podrían estudiar educación secundaria (son ocho horas de jeep desde Hushé hasta Skardú). Con 50.000 € de una Obra Social serían suficientes para acabar el proyecto. Hussain también tiene en mente un proyecto similar para Islamabad, enfocado a estudios universitarios. Sus datos son Hushé Welfare & Development Organization, tabassum69@hushewdo.org, info@hushewdo.org www.hushewdo.org. No me pidió dinero y le prometí que intentaría hacer lo posible por encontrar subvenciones en España. Pero la crisis económica ha paralizado cualquier posibilidad.

El regreso a Islamabad se hará esperar, quedan cinco días en Hunza (que se hacen largos) pero me sirven para apreciar otra vida más próspera, con frutales, piedras preciosas que engarzan en orfebrería de plata, plantaciones de patatas y melocotones que venden secos (el que llaman de la eterna juventud). Allí coincido en la calle con un grupo de maestras españolas que hacían en autobús la Ruta de la Seda, desde Pekín hasta el norte de Pakistán. Casi estaban a punto de finalizar su viaje.
Después de la calma de Hunza, pasamos unos días en Gilgit cuyos alrededores te devuelven a los militares con metralletas en la calle, el comercio feroz, el descontrol humano, las personas agolpadas en el hospital, el control policial y militar y la tensa calma de cada día. Es el final de la Ruta de la Seda. Son suníes, me dicen: “In Gilgit the people is like Taliban, no good people”. Asisto a un partido de Polo, doy paseos por la ciudad y espero a que tengamos vuelo para Islamabad. Es una ruleta, nunca sabes el día que la PIA (Pakistan International Airlines) podrá volar.

La visita a la Gran Mezquita de Faisal en Islamabad resulta motivadora y sirve para poder apreciar los cuatro minaretes en los que la CIA pensó que escondían cuatro misiles.

La CIA inspeccionó sus minaretes en previsión de que escondieran misiles dentro de ellos

La CIA inspeccionó sus minaretes en previsión de que escondieran misiles dentro de ellos

Taxila será ese día el siguiente destino. Declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, resulta extraordinaria con sus asentamientos hinduístas y budistas de entre los siglos V a.C. y II. A a tan solo 30 kilómetros de Islamabad, en la provincia de Punjab, llego a un acuerdo con el chófer que me ha puesto Hunza Guies y le pago bajo manga unos 35 € para irnos todo el día a Taxila.

Templos budistas en Taxila, a 30 km de Islamabad

Templos budistas en Taxila, a 30 km de Islamabad

La última cena en Islamabad la pagó el piloto del ejército Saleem Akhter en agradecimiento a mi amigo escalador, por subirlo a más de 6.000 metros por una de las paredes del K2. Para el piloto, haber hecho esa ascensión significaba recibir del ejército pakistaní una medalla que pocos poseen. La cena tiene lugar en el lujoso Hotel Marriott y resulta ser un buffet que nos impresiona después de tanto tiempo en altura; y más a mi amigo y su acompañante, que acaban de llegar a la ciudad de vuelta del K2. Un mes y medio después, el Hotel Marriott Islamabad sería volado con un camión bomba, matando a más de 50 personas.

Pakistán, recuerdos de arena y sol, piedra, polvo, nieve, hielo, grietas, muerte, explotación infantil, armas en la calle, diferencias sociales, machismo extremo, falta de libertad para ellos y absoluta libertad para nosotros entre sus montes, fanatismo, pasión por vivir, soledad, cordialidad, amistad. Aprender a vivir con lo puesto y saber sonreír, entregar sin tener apenas nada. Aprender a desprenderse y seguir viviendo. Vivir para recordar.

Los profesores, presuntos culpables

javierfeito (14 de Junio, 2009)

JAVIER J. FEITO
En España a un asesino, un pederasta, un violador, un corrupto o un ladrón, por poner un ejemplo, siempre se le considera, por imperativo constitucional, inocente, hasta que existe una sentencia judicial firme de condena, y tiene garantizado el derecho de defensa. Una excepción a estas garantías lo constituye la actuación de la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de Asturias, que aplica taxativamente la presunción de culpabilidad de todos los profesores y directores que sean denunciados por otra persona (somos presuntos culpables).
Por este motivo, ni tal siquiera cumple el mandato constitucional de hacer públicas las actuaciones y se niega renuentemente a entregar copia de las denuncias y de los expedientes que tramitan, privando con ello de todo tipo de derechos a las personas denunciadas o investigadas. Es más, esas investigaciones son dirigidas por personas que carecen de las competencias y conocimientos necesarios para llevarlas a cabo, y de una forma total y absolutamente arbitraria, parcial, prejuzgado los hechos de la denuncia, y prescindiendo totalmente del procedimiento legalmente establecido, y en secreto para los denunciados, por lo que no puede existir mayor arbitrariedad.
El hecho de que nieguen el acceso a la copia de los expedientes y denuncias contra personas, se obtengan, de forma ilegal, declaraciones de los denunciados, sin saber que lo son, por medio de interrogatorios sumarísimos para “recabar” y contrastar información, la apertura de expedientes disciplinarios a los funcionarios de carrera con una dilatada experiencia (como ocurre en la Escuela del Deporte, en la Escuela de Adultos y en la Escuela Oficial de Idiomas, todas en Avilés), todo esto y más hacen de esta Consejería de Educación un órgano de la administración que elude deliberadamente la sujeción a las leyes y principios elementales de un Estado Constitucional como el nuestro, con el objetivo claro de, cediendo a las presiones de quien les chantajea, desterrar a quienes han entregado todo su tiempo, trabajo, ilusión y buen hacer, durante cuatro años , a cambio de evitar que les denuncien por no cumplir las normas de prevención de riesgos laborales en los centros escolares de Asturias.
Con ello, esa Consejería actúa, entregando a los chivos expiatorios elegidos, que son declarados culpables desde un principio, un reino de taifas que quiere progresar literalmente “a golpe de machete” y al margen de los más elementales procedimientos de derecho a la defensa y la presunción de inocencia, que reiteradamente esta Consejería obvia, al dar por hechos probados los indicios de acoso (como se constata en la primera notificación de apertura de expediente muy grave a un profesor del centro).
Sus palabras de descrédito a mi persona cuando dicen que lamentan profundamente que: «por razones políticas, el PP dé crédito y pábulo a las acusaciones de un director inmerso en un expediente disciplinario, con suspensión cautelar en sus funciones, contribuyendo de esta manera a perturbar la imagen de la Escuela del Deporte en Avilés», me hacen flotar en la indignación que me produce la ingratitud a cuatro años incansables de trabajo en el centro, unos por acusar y otros por callar y no dar la cara. Y nuevamente me colocan como presunto culpable de todos los males del centro avilesino. Al margen de que aún no me hayan notificado nada oficialmente y lo comuniquen en nota de prensa, antes que al interesado. Ahora serán terceras personas (los jueces), quienes quitarán o darán razones y con el tiempo se verá. De momento un contencioso-administrativo ya ha sido admitido a trámite en el Tribunal Superior de Justicia.
El responsable de la Consejería no atiende a las demandas básicas y elementales del profesorado en esta Comunidad, donde parece que uno de los males de esa Consejería es que tiene demasiados profesores en ella que no dan clase; si algunos volvieran a la tiza seguro que se solucionaban muchos de los males que nos acucian al profesorado en activo. Ahora que estamos a finales de curso es cuando llegarán las reclamaciones de notas y pese a lo que digan, faltando a la verdad, el recurso de alzada no es para casos especiales puesto que cualquier alumno puede ejercer su derecho a él y usted firmar una resolución que desacredite a los directores/as de centro que dicten resoluciones denegando aprobados. Los aprobados de despacho son bien conocidos por el profesorado asturiano y el responsable de la Consejería, recientemente ha firmado cuatro (todos los reclamantes) y no uno como dicen.

Profesor de montaña en una clase de la Escuela del Deporte de Asturias

Profesor de montaña en una clase de la Escuela del Deporte de Asturias


Los males de la Escuela del Deporte del Principado de Asturias parece que provienen de mi trabajo al frente de ella, ¿los de la educación asturiana son entonces de la pésima gestión de la Consejería?, o ¿prefieren echarle la culpa al profesorado que se parten la crisma día tras día?. Para los Intocables de Eliot Ness escogieron mal a sus protagonistas.
Todos, incluidos ellos, somos funcionarios docentes y uno a veces siente lástima de que ocurran estas cosas, precisamente porque somos docentes y el diálogo y el consenso deberían ser los medios para remar todos en la misma dirección, que no es otra que el progreso de la educación asturiana.
Que tengan buen verano.