Nutrirse de pintura

Por Jaime Luis Martín (4 de noviembre, 2010)

Juan Fernández
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Del 22 de Octubre al 4 de Diciembre
Galería Guillermina Caicoya

El trabajo de Juan Fernández (Piedrasblancas, 1978) centrado en la pintura y el dibujo madura a la sombra de los retratos de jóvenes que escenifican su vida cotidiana y, entre fiesta y fiesta o ensimismamientos taciturnos, persiguen una identidad propia. Esta temática en la que ha venido insistiendo, insinuada en la exposición «Paisaje en un grano de arena» (2006) en la casa municipal de Cultura de Avilés y más evidente en la muestra «Final de fiesta» (2009) en la Galería Altamira de Gijón, supone toda una declaración de intenciones sobre su quehacer pictórico, convertido en testimonio de las derivas de su propia generación. Y es que los jóvenes están de moda, porque «el adulto de la sociedad de siglo XXI -ha señalado Marta Gili- ha trazado la vía de retorno que le permitirá instalarse y permanecer en el paraíso del capricho y la impostura».

Muchos artistas han explorado esta inestable etapa humana, y en el cine, la fotografía o la pintura el adolescente ha conquistado un lugar propio, tal vez porque su imagen defina, mejor que ninguna otra, una sociedad inmadura e insatisfecha. En este sentido los trabajos pictóricos de Muntean y Rosenblum, con quienes Juan Fernández podría establecer conexiones a nivel conceptual, resultan representativos de estas preocupaciones, reflexionando sobre la desorientación existencial y subrayando, críticamente, el rol asumido por los jóvenes, víctimas de un mundo para el que sólo cuentan como consumidores.

Pero los adolescentes de esta serie siguen seducidos por el juego y tentados por la vida, reafirmando su individualidad a pesar de las redes sociales -tuenti, facebook- que usan con fruición, como una manera de enredar en la intimidad. En algunos de estos retratos se percibe la influencia de los «mass media», a otros los rodea una atmósfera irreal, hay rostros de una generosidad melancólica y cuerpos que se desvanecen en medio de la apatía. En estas pinturas no importa tanto la anécdota biográfica de los personajes -situados en paisajes o ambientes indefinidos que no representa ningún lugar- como captar el interior de la persona o mostrar la vivencia del momento, esas pequeñas historias que estimulan el presente.

En la mayoría de los casos son retratos frontales, bien individuales o en grupo, resueltos con una técnica tradicional que domina magistralmente. Sus figuras delgadas y alargadas adoptan una inclinación a la espiritualidad, que inspira emoción y una fuerte carga dramática, como sucede con la joven solitaria y desnuda situada en el primer plano del cuadro. Sus dibujos más aligerados del dramatismo pictórico, resueltos con una envidiable frescura y una singular presencia, no pueden considerarse una obra menor, sino una parte muy significativa -más libre, más experimental- de la creación del artista. Aunque Juan Fernández se encuentra enganchado a la pintura, con la que consigue expresar la intimidad de los personajes retratados y encontrar alguna lógica a un mundo sobreexpuesto a un acelerado desfile de imágenes. En este sentido su pintura es la negación de la sobreexcitación, resuelta, todavía, a buscar lo sublime, lo profundo de la creación. Juan nos regala una obra bien hecha, de una gran intensidad, logrando, con sus pinceles, nutrirnos de una pintura, tan revitalizada, que aún mantiene su dominio hipnótico, aún goza de buena salud.

Fotografía: Miki López

Categoría: General | Comentarios(0) | noviembre 2010 |

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