Densidades, fracturas y gestos

Por Jaime Luis Martín (28 de Octubre, 2010)

José María Rielo

Tránsito

Del 15 de Octubre al 8 de Noviembre

Galería Amaga

En sus últimos trabajos José María Rielo (La Caridad, 1954) mantiene una postura ambigua y calculada al situarse en un espacio entre la abstracción y una sutil representación, construyendo sugerentes imágenes, visiones y paisajes que alberga el subconsciente y afloran cuando hurgamos en nuestras emociones y sentimientos. Cierto que en su última exposición en Amaga (2005) ya se apreciaba una tendencia hacia esta ambigüedad, así como una hartura matérica, que caracterizó sus anteriores trabajos, y en consecuencia un mayor sosiego pictórico, aunque pervivían y siguen estando presentes divagaciones y densidades, de las que intenta desprenderse para asumir la pintura como un ejercicio sustracción, un compromiso con el vacío, cercano a la espiritualidad. Paisajes heredados de una época que mantenía la fe en lo pictórico, paisajes que miran hacia el interior, recubiertos de un lirismo transcendente que acentúa los signos de intimidad tan presentes en esta obra. En su trayectoria, que se nutre de conceptos como misterio, visión, poesía, destaca el segundo Premio de Pintura en la Galería Dasto (Oviedo, 1999), y Premio Adquisición Trasacar en la XII Bienal «La Gastronomía y la Pintura» (2009).

En estas superficies sobre las que Rielo divaga intentando revelar la verdad de la pintura se acumulan densidades, fracturas y gestos que la mano del artista traza reiteradamente, a veces de forma convulsiva hasta dejar la huella enmarcada por el color. Pero son aquellas obras despojadas de toda anécdota, reducida la composición a lo esencial en las se concentran los momentos más relevantes. Por otra parte a las zonas estáticas se contrapone un universo dinámico, de trazos que producen diversas fluctuaciones y ritmos cambiantes. Estos compases suenan sin estridencias en una entonación cromática que se amplió en estas últimas composiciones pero mantiene una contención y un tono uniforme, alternando la serenidad con la pasión.

En sus trabajos, incluso en los de pequeño formato, se percibe una vocación expansiva, una búsqueda de la amplitud del espacio, tan cara al expresionismo abstracto y tan llena de matices claroscuros y destellos cromáticos, detalles que salpican al cuadro de intensidades. La piel de estas pinturas, la masa que la define es dúctil y maleable, fluye como un universo interior en expansión, en tránsito. Curiosamente, arropadas bajo este concepto tan inestable, coinciden dos exposiciones de pintura en Asturias, la de Javier Victorero en la Galería Cornión y ésta de Rielo. Y, aunque el paso pictórico de cada artistas es diferente, ambos comparten la misma pasión, a ambos se les va el ánimo tras los colores y ambos viven el acontecimiento espiritual instalados en la pintura. Y tal vez sea en estos tránsitos, donde la pintura ya sin lugar, ya sin refugio, sin la soberbia de otros tiempos, recuerde que nos debe la verdad, aquella verdad en pintura que Paul Cézanne prometió decir a Émile Bernard.

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Soñar que hay un futuro

Por Jaime Luis Martín (20 de Octubre, 2010)

XXI Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias
Del 7 al 30 de Octubre de 2010
Casa Municipal de Cultura de Avilés

La Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias ha venido durante los últimos veintiún años recorriendo la geografía de lo que llamamos arte contemporáneo asturiano, a la manera de Google Maps con el «street view», permitiéndonos hacer zoom, girar y desplazarnos por las calles artísticas de lo local, descubriendo a creadores de indudable interés. Cierto que en estas aventuras exploratorias se percibe una panorámica muy similar a otros parajes, a pesar de que el arte ha regresado a lo local tras pasar por la fase de globalización, no porque tenga más o menos repercusión en otros ámbitos geográficos, «sino por ese carácter -como señala Iván de la Nuez- de secta que le ha dotado en las dos últimas décadas de una fantasía de perpetuidad».

Pero si algo caracteriza a estos jóvenes artistas seleccionados es la libertad de formatos y de soportes empleados, «en este sentido -cito el texto de Benjamin Weil en Papeles Plástica- la exposición que nos ocupa presenta obras realizadas en prácticamente todos los medios disponibles, en todo tipo de combinaciones y con abundantes referencias a la historia del arte y la cultura en general». Ya se sabe que el arte ha llegado al final de su historia y la cita o el «remix» forman parte, actualmente, de esa continua e inacabable despedida. Este marcharse sin irse, esta aceleración para no llegar a ninguna parte, esta virtualidad tras la que se oculta lo real, este pensamiento arraigado que desconoce las «afueras», este mundo siniestro sin alternativas, son los distintos cruces que atraviesan estos creadores y que tratan de reflejar en unas propuestas de innegable calidad.

Las esculturas mecánicas de Alicia González-Lafita Pérez, Premio Asturias Joven de Artes Plásticas en la presente edición, evocan los trabajos de Jean Tinguely, pero la mirada del artista, a pesar de que sigue conservando una desconfianza hacia la máquina, se resuelve en territorios narrativos e históricos, con un transfondo científico como argumento conceptual de una propuesta que destaca por su carácter reflexivo y una magnífica puesta en escena. Las fotografías de Noé Baranda son novelas. Bien sea en la serie «Casa de fieras» (2007) o en «Un metro cuadrado de tristeza» (2010) invita al espectador a participar en la lectura de unas historias inquietantes, en otra realidad que el artista construye con delicadeza, cuidando esa intimidad que se encuentra presente en toda su obra. Los videos de Adrián Cuervo, recientemente ha recibido el premio «LABJoven Experimenta», de una intensa levedad poética manipulan la realidad y relacionan diferentes disciplinas, para reflexionar sobre la representación.

La obra de Manuel Griñón se encuentra contaminada de registros expresionistas y oníricos. Sus monstruosos y marginados, pertenecen a un paisaje de lo absurdo, contaminado de humor. Las performances de Noemí Iglesias guardan relación con el lugar que recorre desplegando una serie de gestos efímeros que quedan registrados fotográficamente. La obra de Santiago Lara acaricia el surrealismo y afrontan el papel de la pintura en la actualidad, un espacio, todavía, abierto a la reflexión, capaz de generar ficciones, apoyadas en el dibujo y el color, de una gran intensidad. Enmarcadas en la tradición pictórica de las «vanitas» pueden entenderse las fotografías de Iraida Lombardía. Pero esta artista que cuida las formas hasta conseguir bodegones de perfecta factura siempre tiene un pie en el concepto, que desborda cualquier intento de reducir su obra a lo formal. El trabajo de Lucía Rivero se desarrolla en torno a la percepción, con un tratamiento muy minucioso de la imagen y una preocupación por la belleza, que se resuelve en videoinstalaciones que funcionan como pinturas.

Pocas veces, como ahora, el arte ha estado tan presente en el entorno y en pocas ocasiones, como en la actual, ha dejado tal reguero de indiferencia. Algunos piensan que se ha ensimismado, otros que se ha vuelto demasiado político, hay quienes creen que se ha entregado a la tecnología y ha perdido la emoción, otros que estamos saturados de imágenes y todas se vuelven iguales e indiferenciadas. Y, sin embargo, estos jóvenes artistas, siguen soñando que hay un futuro para el arte.

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Cocinar arte

Por Jaime Luis Martín (14 de Octubre, 2010)

Arenas Movedizas 2010
Del 9 de Septiembre al 24 de Octubre
Antiguas Cocinas de la Universidad Laboral

Posiblemente «Arenas movedizas», un circuito de propuestas artísticas, comisariado por Fiumfoto, que va por su novena edición, no arrastre multitudes, pero consigue generar un espacio intenso de reflexión artística. Parafraseando a José Luis Brea se puede afirmar que hacen bien -los periodistas decía, la mayoría de la gente, digo- en descreer del arte, y, sin embargo, añadía, esos descreídos siempre están a favor «de las domingadas que ellos de veras aman: Botero, Modigliani, Barceló: horteras». Nada más lejos de los domingueros que este proyecto que busca para desplegarse espacios no convencionales -en esta ocasión las antiguas cocinas de la Universidad Laboral- y apuesta por estéticas experimentales, generando una zona de convivencia y moviéndose, ciertamente, en arenas movedizas, que es donde se encuentra la razón de ser el arte, si algo nos queda de creencia en el concepto y de sus posibilidades para generar expectativas, fuera de un mercado y unos condicionantes mediáticos que lo dominan todo.

A quienes les gusta la comida tradicional será difícil que puedan apreciar una pieza memorable y arriesgada como la del avilesino Daniel Romero, una instalación sonora interpretada por 200 frijoles saltarines, en un sorprendente maridaje entre biología y tecnología. Sin duda, a esos conservadores culinarios les costará digerir las imágenes críticas y reflexivas del colectivo madrileño «Basurama», una videoinstalación que pone en relación el consumo con el desecho. De fuerte sabor, pero fresco y saludable, resulta el ciclo de vídeos generados a partir de «archivos robados», comisariado por Txema Agiriano, que busca «un arte rutilante e insolente que no aspira en encontrar en lo que halla una originalidad improbable». Y en todo caso lo original queda roído por los ratones que el mallorquín Carlos Gispert ha introducido en la muestra como parte del ecosistema de cualquier cocina. Como humilde y hermosa es la instalación biocromática del gijonés Daniel Acevedo con el zapatero de agua (Gerris Lacustris) compartiendo protagonismo con las lentejas. El colectivo «Laramascoto», formado por los artistas Santiago Lara y Beatriz Coto, ha escogido un frigorífico para realizar una instalación con el aparato digestivo como protagonista de una metáfora sobre el consumo y el canibalismo contemporáneo.

La avilesina Cristina Busto nos introduce en diferentes escenarios recreados en el interior del mueble calientaplatos en una magnífica pieza que invita a reflexionar sobre la ficción a través de varias cámaras que falsean la realidad. Lamodern Modern narra una anécdota histórica -el vuelo de una freidora que impacto con la estructura de la chimenea- mediante un lenguaje gráfico y sonoro de gran atractivo. El leonés José Luis Macías se ha refugiado en la despensa para realizar un inventario en una instalación en la que el espectador se convierte en un producto más del listado.

Coordinada por el asturiano Juan Roller la propuesta «When the Apes met…» reúne a 40 ilustradores internacionales convocados en torno al imaginario del filme «El planeta de los simios». En esta línea pictórica se puede enmarcar el estupendo proyecto «Cuisine vivant» -actualización lúdica del bodegón barroco- del colectivo «Bonus Extra».

En estas cocinas abandonadas Cristina de Silva y Nacho de la Vega, como cocineros-comisarios, han elaborado un menú poco habitual en el panorama artístico asturiano, habituado a utilizar ingredientes, en demasiadas ocasiones, caducados o insípidos. Las once propuestas presentadas ofrecen un panorama variado y rico en sabores, creados específicamente para este proyecto y con una temática adaptada al espacio de la intervención.

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Paisaje textual

Por Jaime Luis Martín (6 de Octubre, 2010)

Ana de la Fuente
Sopa de letras
Del 23 de Septiembre al 13 de Octubre
Galería Amaga

Aunque se auguró la derrota de lo textual a manos de lo visual, lo cierto es que durante todo el siglo XX ambos discursos convergieron en numerosas ocasiones, afianzando la complicidad que mantuvieron siempre la literatura y la plástica. Se atribuye a Simónides de Ceos la reflexión de que la pintura es poesía muda y la poesía una imagen que habla. Y desde los cubistas a los dadaístas, desde los futuristas a los conceptuales, el idilio entre el texto y la imagen ha sido un ingrediente fundamental en la realización de un gran número de obras. Actualmente artistas como Jenny Holzer, Barbara Kruger o Rogelio López Cuenca se sirven de la palabra y la imagen para desarrollar un discurso que mantiene un fuerte componente político.

Con «Sopa de letras» Ana de la Fuente (Trasona, Corvera de Asturias, 1963) se incorpora a esta larga tradición, enmarcada en una lógica experimental que la artista ha mantenido desde sus inicios, cuando utilizaba madera mezclada con cola y pigmentos para construir sus ciudades invisibles y que, posteriormente, derivaron en ciudades de hierro, con ese material como protagonista de los trabajos. Pero en su última exposición individual, realizada en la galería Texu en el año 2009, ya abrazaba referencia históricas, abandonando lo óxidos de sus prácticas anteriores por el papel y el color; una etapa que ya había iniciado algunos años antes y que le valió la mención de honor en el XXXVII Certamen Nacional de Arte de Luarca con un trabajo que homenajeaba a Calder.

En toda su obra la artista mantiene como un elemento esencial el «collage», y en esta última serie el dominio técnico se hace más evidente, combinando recortes de letras, frases, fotos de prensa y alambre, en composiciones bien resueltas que dificultan la legibilidad textual e icónica. Son montajes estetizantes, con una gran variedad de texturas y materiales, resueltos mediante un lenguaje fragmentado que aísla cada letra, aunque en la mayoría de las obras aparecen palabras o breves frases a modo de revelación. Se pretende una cierta ocultación de los vocablos para que el espectador indague visualmente en esta espesura textual y construya el mensaje. Sobre las palabras se yuxtapone una maraña de alambre coloreada que aporta volumen y profundidad espacial y enriquece la atmósfera del cuadro subrayando la ruptura y la discontinuidad, representando, según indica la propia artista, una metáfora del pensamiento. Pero en todo momento se mantiene una contención en el color: rojos, blancos y negros configuran el principal muestrario cromático.

Ana de la Fuente no pretende cerrar el mensaje sino desvelar una visión en estos islotes de letras que tienen su origen en sentimientos, aconteceres o noticias que la artista ha incorporado a su discurso. A veces se sirve de expresiones conocidas como «prohibido prohibir» o «el pozo de los deseos» para sumergirnos en una relectura que aporte nuevos significados, o bien salpica la superficie de palabras que nos obligan rebuscar entre las emociones el sentido de este caótico despliegue textual. El discurso de Ana se ha individualizado, se ha hecho más personal y atractivo, con presencia y sobre todo con algo que contar, aunque se encuentra oculto en la sopa de letras.

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