Inmersión en lo cromático

Por Jaime Luis Martín (30 de Septiembre, 2010)

Benjamín Menéndez
Al rojo vivo
Del 9 de Septiembre al 9 de Octubre
Galería Adriana Suárez
Plaza del Instituto, 7, 1º dcha. Gijón

La contemplación y la sutileza se encuentran muy presentes en la obra de Benjamín Menéndez (Avilés, 1963) que lejos de entregarse a la desesperación que sacude este inicio de milenio como si viviésemos en un Apocalipsis creativo, abraza, sin ningún complejo y con placer, la pintura, explorándola en todas sus posibilidades. Y lo hace, incluso, desplegando una vitalidad sorprendente, como ocurre con las obras que presenta en la recién inaugurada galería Adriana Suárez.Benjamín siempre ha deambulado por la cerámica, la pintura, la escultura, el vídeo, la instalación y la obra gráfica, creando en entorno visual difícil de abarcar que lo aleja de cualquier postura nihilista. Muy al contrario, toda su obra es una celebración de la materia y una fiesta para los sentidos. Si tomamos como ejemplo su pintura, que recorre geometrías, formas abstractas, anhelos paisajísticos, y maneja muy diversas técnicas con el único fin de continuar la expresión, entenderemos que lo realmente importante para el artista es atravesar el desierto que nos incomunica, sirviéndose del arte como único recurso.

Esta exposición consta de una serie de ocho obras realizadas en el año 2008 agrupadas bajo el título de «Al rojo vivo», varias acuarelas y una instalación protagonizada por conos de diversos tamaños recubiertos de papeles de distintos colores. Si en la pinturas y «collages» trata de conmover, introduciendo lo familiar en algunas telas como sucede en «Rojo Mariposa» realizada con la participación de su hija, en las acuarelas sobre papel se vuelve más íntimo; pero en todo caso los cuadros de Benjamín parecen cocidos a fuego lento, dejando que reposen las experiencias, como si quisiera atesorar el poso de las numerosas perdidas que ha sufrido el arte contemporáneo y que irremediablemente le ha conducido a un presente de una hondura indecible.

Existe en Benjamín una nostalgia del paisaje, ya sea abstracto, reducido a formas geométricas o más fiel al territorio, asentado sobre vivencias pero, en cualquier caso, su pintura es una acumulación de miradas que aúna experiencias, viajes, nostalgias, revueltas estéticas y un malestar interior producto de la continua agresividad del hombre a la naturaleza. En sus cuadros aparecen cuadrículas, rastros, gestos y un fuego que teje una narración que se mueve entre el amanecer y el crepúsculo, plena de pasión y de color. Un color -las diferentes gamas del rojo- que vinculado a la cocción cerámica se convierte en la esencia de las obras de gran formato, y deviene mas diluido, con una menor intensidad, mezclado con otras luces, en las aguadas que tanto le deben al Mediterráneo. De hecho, Benjamín siempre ha buscado en otros paisajes -Marruecos, Ibiza- una luz que se le negaba en su residencia habitual, en Ferroñes, donde, sin embargo, ha encontrado la serenidad necesaria para recrearse en la contemplación.

Estamos ante un artista que sigue creyendo en las posibilidades de la pintura y que realiza continuas inmersiones en lo cromático buscando sacar a la superficie un paisaje interior rico en emociones.

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Coágulos de belleza

Por Jaime Luis Martín (22 de Septiembre, 2010)

Cristina Cuesta
Ahora soy una barca
Del 9 de Septiembre al 16 de Octubre
Galería Gema Llamazares

La pintura de Cristina Cuesta (Avilés, 1966), elaborada con enorme sinceridad, se caracteriza por una mezcla entre la levedad y una intensidad dramática, próxima al barroco, que, en sus últimos trabajos, cobra un renovado protagonismo, revitalizando su obra, que adquiere, de esta manera, una gran potencia expresiva. Pero esta creadora es consciente de que la crisis de la pintura no deriva tanto de la irrupción de las nuevas tecnologías como de una falta de significado. Por ello ensaya nuevos registros buscando ese espacio negado a lo pictórico, esa vitamina que devuelva a la pintura la fuerza que la caracterizó. A la búsqueda de esos refuerzos se empeñó desde sus inicios, con una trayectoria que se inició en el centro municipal de Cultura de Candás en 1990 y a la que seguirían numerosas exposiciones individuales y colectivas. Cuenta en su haber con el primer premio en el XXVIII Certamen nacional de pintura de Luarca y en el XV Concurso de Mujeres Pintoras del Oriente de Asturias, en el año 2006 ha sido reconocida con el segundo premio en el II Certamen nacional de pintura contemporánea «Casimiro Baragaña» y el accésit del XVII Certamen de pintura «Nicanor Piñole».
Si como afirma Danto la historia de la pintura moderna puede concebirse como un desmantelamiento de los recursos técnicos y expresivos inventados a lo largo de los siglos, volviendo la perspectiva arbitraria, disolviendo las formas y el dibujo, y apostando por áreas de tonos saturados, los trabajos de Cristina Cuesta pueden entenderse como terminaciones sensibles de esa modernidad que ha terminado el proceso de «despictorialización» acuchillando el cuadro. Sin llegar a esos extremos la artista raya profundamente la superficie en un acto irracional dominado por la angustia, un desgarro que deja profundas huellas en el lienzo. Esa poética del gesto, esos rastros, desencadenan instantes de espesor, momentos táctiles, convirtiéndose en lo más esencial de esta serie. En cierto sentido son elementos purificadores y provocan una reacción frente al actual adormecimiento pictórico, rompiendo la homogeneización y expandiéndose como un magma de dolor sobre el espacio cromático. 


Nos encontramos con trabajos en los que se hace más visible la presencia de formas, la insinuación del lugar, la afirmación de lo real, pero la artista mantiene la tensión, no disimula las heridas y se reafirma en el gesto. En otras composiciones deja que la mancha se expanda, que adquiera densidad y se produzcan diferentes interferencias cromáticas, superposiciones, logrando unas atmósferas perturbadas por las rayas, que marcan el pulso entre el aliento y el abatimiento. Entre esas dos notas se mueve su actual expresionismo y nunca como hasta ahora fue tan fuerte el impulso hacia el paisaje ni tan evidente el deseo de intervenir en el mismo cargándolo de energía emocional. Ciertamente lo lírico define su pintura, pero su particular abstracción se encuentra regida por un desaliento que ha estimulado una creación que extrae de las profundidades pictóricas coágulos de belleza.

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