Generar sensibilidades

Por Jaime Luis Martín (28 de Octubre, 2009)


Arenas Movedizas
Antigua Lavandería de la Universidad Laboral
Del 17 de Septiembre al 29 de Noviembre

Aunque resulte difícil que proyectos como «Arenas movedizas», circuito de propuestas artísticas situado en los resbaladizos lindes de lo alternativo, alcancen continuidad y efervescencia en el tiempo, este modelo de trabajo llega a su octava edición con una personalidad inconfundible y una fertilidad sorprendente. Su éxito depende, en gran parte, del colectivo Fiumfoto -Cristina de Silva y Nacho de la Vega- que ha comisariado desde sus inicios este territorio productivo y excéntrico, enmarcado en los Encuentros Internacionales de Juventud de Cabueñes. Este tipo de iniciativas junto con otras, surgidas en los últimos años, impulsan debates, desafiando los modos de difusión y mediación tradicionales y generando una zona de convivencia, aprendizaje, reflexión e intercambio de experiencias. Puede parecer un exceso de optimismo pero, en todo caso, algo se mueve en el panorama artístico asturiano demasiado rígido e inmovilista, demasiado lento en asimilar los cambios. Y, al margen de galerías y museos, emergen nuevas prácticas enraizadas en la experimentación, contagiadas por discursos utópicos, menos preocupadas por el mercado, eminentemente procesuales y de enorme vitalidad creativa.
En este sentido la octava edición de «Arenas Movedizas» constituye un acontecimiento visual y un recorrido por el paisaje sonoro asturiano con la propuesta «Broadcasting Art», un proyecto relacionado con la investigación y modos de producción del sonido y la música. El resultado es un disco de tirada limitada con licencia Creative Commons -libertad para citar la obra, reproducirla y crear otras derivadas del original- que reúne los trabajos de .tape, Homatsu, Mauri, Da Robotz, Ramón Prada, Fasenuova, Irisono, Donkey-boy, Echtra, Penca Catalogue y Biezna con la colaboración de Rosa Pérez del programa Fluido Rosa de Radio3 (RNE), Fiumfoto y el Centro de Creación de Ladines.
Por otra parte, los artistas visuales han emprendido diversas estrategias optando, en la mayoría de los casos, por un dialogo con la antigua lavandería de la Universidad Laboral que alberga la muestra, un espacio inigualable y de fuerte personalidad que condiciona muchos de los resultados. En este sentido Fernando Gutiérrez interviene con sus dibujos en los techo desconchados de la sala y lleva sus animaciones al interior de tres lavadoras. Ismael Iglesias, bajo la influencia de Daniel Buren, realiza una intervención espacial con cintas adhesivas. Y Rebeca Menéndez recurre a su habitual iconografía relacionada con la infancia con una obra -serigrafía sobre tela- de la serie «La Trampa».
El equipo formado por Evelyn Bambú y Tomas Naranjo, inspirados en los relatos de ciencia ficción, construyen un simulador de un «teletransportador» de materia como pieza principal de la instalación. De mayor interés resulta la propuesta «Feedback» de Pelayo Rodríguez y Sergio Camacho que rescata, en dos monitores, imágenes del pasado de la Universidad Laboral, permitiendo, por medio de la voz, que el receptor interfiera en la emisión. Andy Gracie es un artísta multidisciplinar que explora las relaciones entre sistemas tecnológicos y naturaleza. Su proyecto «Deep Data (Datos profundos)» crea vínculos vivos entre distintas formas de actividad, desde el cosmos a los microorganismos.
Olaf Ladousse crea un espacio definido por las sombrías ilustraciones del colectivo «Le Dernier Cri» y la remezcla de sonidos procedentes de la manipulación de juguetes. La instalación de Alicia Jiménez incluye un campo de siembra con surcos y plantas situado en los antiguos secaderos. Se acompaña del vídeo de una mujer cocinando, que escenifica como lo cotidiano y ancestral sigue configurando ritos intimistas de enorme atractivo.
Estas arenas movedizas representan una práctica generadora de sensibilidades e intensidades, con invocaciones a lo tecnológico y activismos domésticos, con expansiones de la pintura y pasiones sonoras, con visiones herméticas y sueños desvanecidos. En este mestizaje, en estos contrasentidos, en el debate siempre abierto, radica su significado y su mayor interés.


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Sobrevivir en tiempos de crisis

Por Jaime Luis Martín (21 de Octubre, 2009)

XL Certamen Nacional de Arte de Luarca
Del 7 de Octubre al 7 de Noviembre
Sala Cultural Cajastur

Cuando se cumple la cuadragésima edición del Certamen Nacional de Arte de Luarca sólo se puede decir que sigue más vivo que nunca, sabiendo adaptarse a lo contemporáneo y reconociendo los nuevos lenguajes como una parte esencial de nuestra cotidianidad artística. Comparado con otros concursos que se prodigan por todo el territorio asturiano, el Certamen de Luarca mantiene el tipo, sin caer en planteamientos trasnochados y potenciando una línea que explora nuevos discursos artísticos.
Porque este certamen ha sabido inculcar ilusión, vislumbrar estrategias innovadoras, crear expectativas y apostar por la calidad. Y este acontecimiento de contemporaneidad se produce desde la periferia, mientras que muchas ciudades, más importantes que Luarca, y con más medios y más posibilidades de crear una esfera pública en la que encontrarnos en el disenso, se empeñan en exhibir un arte acartonado, que sólo favorece el aplauso de los mediocres y los intereses de una estética inmovilista. Aunque posiblemente el ruido sea excesivo y ya no sepamos distinguir lo relevante de aquellas manifestaciones clonadas y adormecedoras.

Sin embargo, la concesión del premio del Ayuntamiento de Valdés a Natalia Pastor nos aparta de los mundos felices de Yupi y nos sitúa en la realidad. Porque cuando Natalia despliega esa mirada evocadora, mezcla de estilos, con la luz de neón de los «night club» parpadeando en la noche y los zapatos en el primer plano de la escena, realiza un derroche de creatividad simplemente fascinante. El premio «Cajastur» recayó en José Ramón Cuervo Arango, fotógrafo con proyección internacional, defensor acérrimo de la fotografía clásica, que sabe trabajar las luces y posee una inmejorable técnica. Se descuelga, en esta ocasión, con un díptico con las rosas como protagonistas de una obra conservadora pero de indudable atractivo.

Más rompedor resulta el vídeo de Jaime Rodríguez «off/on», una obra pospictórica con el color como protagonista de un relato complejo que se nutre de numerosas aportaciones visuales. En esta línea más arriesgada se encuentra la propuesta de los Fiumfoto, una impresión digital con una bailarina condenada a una danza perpetua, una de las imágenes más potentes y singulares del certamen. Además, cabe destacar la propuesta fotográfica de Julio Cuadrado y el díptico de Cristina Fernández Box que indaga, como en sus anteriores trabajos, en una naturaleza sagrada y mítica. 



El esencialismo de la pintura de Esther Cuesta, la lluvia de color de Ana Fuente, la frescura acrílica de Pablo Iglesias, el geometrismo de María Braña y la investigación en la pureza cromática que practica Mario Cervero son algunas de las propuestas pictóricas más relevantes. Además de los ya citados han sido seleccionados Lola Berenguer, Jorge Pineda, Paz Banciella, Marta Fermín, Equipo Saisa, Elena Rato, Pinin, Tomás, Fernando Baños, Daniel Diéguez, María Suárez, Rozada, María Eugenia Sánchez, Guerrero Tonda, Luis Repiso, Klaus Ohnsmann, Mónica Deseree, Jon Phillipson Brown, Prado Gela, Otty Pérez Lastra y Rosa Mascaró. 



Por desgracia, en Avilés, por falta de espacio en la sala, sólo se puede contemplar una parte de la muestra. Pero a pesar de estos inconvenientes, el Certamen Nacional de Arte de Luarca resulta enormemente atractivo al reconocer la complejidad artística actual. Algo esencial para sobrevivir en estos tiempos acelerados y de crisis.

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Lenguaje de papel

Por Jaime Luis Martín (14 de Octubre, 2009)

Esther Cuesta
De papel y otras tintas
Del 17 de Septiembre al 17 de Octubre
Galería de Arte Gema Llamazares

Las ciudades imaginarias de Esther Cuesta (Avilés, 1964), realizadas con papel de seda encolado o teñido con tinta y pigmentos, no sólo permiten una mirada como producto artístico de excelente calidad, sino que forman parte de nuestra memoria individual y colectiva. En estas urbes habitan las ranas parlanchinas, las brujas con nariz pronunciada y las princesas llorosas. Y aunque en estos paisajes se encuentren ausentes estos deliciosos personajes, las ciudades han sido trazadas mirando a los cuentos de hadas y de ogros donde el mal lucha contra la inocencia, que sale, a diferencia de lo que ocurre en la realidad, siempre victoriosa, permitiendo a los protagonistas ser felices y «comer perdices». 



Esther ya había apostado con anterioridad por estos mundos con énfasis infantiles, mágicos y de enorme atractivo. En el año 2008 presentó en la galería Amaga los primeros balbuceos de esta nueva serie, tras culminar su inmersión en las aguas pictóricas de las muestras «Mil peces», en el centro cultural Antiguo Instituto de Gijón (2005), y «Como pez en el agua», en la galería Octógono (2006). 

Si aquellas exposiciones destacaban por la sutileza de las atmósferas, en estos trabajos se constata una madurez tanto formal como conceptual. Porque indudablemente estas obras, aunque de apariencia tierna, no fueron concebidas para ilustrar un cuento, sino, más bien, para representar, en clave visual, los mundos imaginados por la artista. Estas edificaciones trascienden lo espacial y se relacionan con los relatos que quedan escondidos en los pliegues de la memoria.

Formalmente, Esther sigue fiel a la técnica del «collage», un procedimiento que ha venido empleando desde el año 2000 y que le ha permitido jugar con el papel consiguiendo «adiciones de color -como señala Ramón Rodríguez en el catálogo- por superposiciones que, posteriormente, serán tratadas con toques de color que generan lavados, flujos o corrimientos dependiendo del estado de humedad de cada capa». La artista parece cómoda en esta zambullida en lo fragmentario y contemporáneo, en los pedazos de papeles rotos y superpuestos con los que consigue esa piel pictórica arrugada y extraordinariamente sugerente. La serie combina las tintas con veladuras y transparencias de las que emerge un paisaje geométrico, trazado bajo el signo de la armonía. 



En estas composiciones hay un equilibrado lirismo que apuesta por un lenguaje figurativo entrecomillado por la abstracción. Las grandes manchas de color se extienden por el cuadro dominando, en algunas ocasiones, el espacio y dejando las ciudades diluidas ante esta demostración de expresividad. Pero son precisamente estos revulsivos cromáticos, que pueden interpretarse como testimonios anímicos, quienes evitan cualquier corrimiento hacia lo decorativo, consiguiendo una gran potencia expresiva. 



Aunque estos trabajos evitan la grandilocuencia temática y optan por poéticas humildes, no están exentos de complejidades técnicas que la artista resuelve con sabiduría. En este sentido, Esther Cuesta ha logrado que convivan la inocencia con las turbulencias cromáticas, la esencialidad con los gestos barrocos, en un interesante acoplamiento de lenguajes y emociones. Y estas articulaciones han alumbrado una obra madura, de gran elocuencia e intensidad.


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Poshistóricos y remezcladores

Por Jaime Luis Martín (7 de Octubre, 2009)


XX Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias
Del 6 al 24 de Octubre
Casa Municipal de Cultura de Avilés
Si veinte años no es nada para volver junto al primer amor, como decía la canción, sí que representan una experiencia excepcional cuando hablamos de la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias. Su vigésimo cumpleaños supone celebrar y reconocer que nos hallamos ante un proyecto singular y con continuidad en el tiempo, aspecto básico para que funcionen este tipo de iniciativas culturales. Durante estas dos últimas décadas se ha logrado cartografiar el arte joven asturiano con la mirada abierta y, aunque en ocasiones, errante en las sombras, siempre buscando aquellos signos que dotaban de contenido y densidad la experiencia artística. El balance resulta, ciertamente, positivo, pues, más allá de la posición y gesto de cada artista, se ha conseguido trazar un discurso comunitario sobre la historia del arte joven asturiano.

Seis años antes de la primera edición de la Muestra (1990) Arthur C. Danto publicaba «La muerte del arte» (1984), donde señala como característica de esta nueva era la existencia de múltiples direcciones que conducían a una época poshistórica, un arte situado en los lindes, «sin ninguna forma de arte mandatada históricamente», que abre paso al todo vale. Liberados del peso de la historia, se presenta un panorama muy interesante y, si bien se encuentra sometido al furor mercantilista, a los discursos demagógicos que reclaman una vuelta a la tradición y a la proliferación de propuestas vacías de contenido, algunas respuestas elaboradas desde posturas críticas desbrozan el camino, asumiendo que no hay un estilo que dure mil años y que resulta impensable en la actualidad imponer un nuevo orden estético. Debemos aceptar que vivimos en el caos y que, desterrada la certeza del vocabulario artístico, conscientes de los agotamientos de neos y pos, sin un claro en el bosque que nos permita disfrutar de un momento de luz, todo parece a punto de derrumbarse. Sólo algunos conceptos relacionados con el consumo, el «marketing» y el mercado apuntalan las ruinas de una sociedad que rinde culto a lo efímero y a lo intranscendente.

Y la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias no hace más que reflejar este tiempo de rutinas y reciclajes, pero, también, apuesta por trayectos que puedan romper el aislamiento del arte contemporáneo, sacándolo del ensimismamiento en que se encuentra sumido y devolviéndole toda su potencialidad y sentido. Los artistas seleccionados participan de este empeño por evitar los lugares comunes y, sin llegar al filo de lo cortante, sus reflexiones nos permiten adentrarnos en la complejidad del momento actual. Moviéndose en esta dirección se encuentra Sara García, premio «Asturias Joven» de Artes Plásticas en la presente edición, que recorre las páginas de los libros de contabilidad trazando una caligrafía icónica, ácida y visceral. Su propuesta «Debe y haber» revuelve en lo textual, flirtea con lo conceptual y logra que sus microhistorias y dibujos se muevan entre la poética y una desgarradora frialdad en la expresión. También Manuel Griñón se desvía de los repertorios convencionales armonizando diferentes subculturas con una personal y lúcida mirada, contaminada de registros expresionistas y oníricos. Un trabajo centrado en el dibujo, próximo al mundo del cómic y muy vinculado al retrato.

El colectivo Rubenimichi -integrado por Luis José Suárez Álvarez, Miguel Ángel Cabrerizo Laiz y Rubén Bartolo García- ha venido desarrollando su trabajo a través de una variedad de registros que van desde la pintura a la cerámica, la fotografía o la ilustración. Maneja un lenguaje influido por la iconografía pop que se nutre de imágenes de la cultura de masas. Las escenas pictóricas de Lorena Álvarez se encuentran inmersas en una tupida red de relaciones, que dan como resultado composiciones abigarradas de intenso y llamativo colorido. Carlos López Traviesa recrea diversas narraciones en sus pinturas, historias extraídas de la prensa diaria que modifica, quedándose con aquellos elementos más esenciales y simbólicos. Las estampaciones litográficas de Carlos F. Pérez se centran en el viaje, acentuando los aspectos emotivos y los anhelos que acompañan cada recorrido. Su obra aspira a una delicadeza y sensibilidad asociada con el color y a unos trazos figurativos con pronunciados desvíos hacia la ilustración.

Rebeca Menéndez, que utiliza indistintamente la fotografía, la pintura y la serigrafía, reflexiona en su trabajo sobre la identidad y la individualidad, pero también explora los lugares domésticos, a los que adhiere un halo de misterio e irracionalidad. Los escenarios de sus fotografías son habitaciones abandonadas o apartamentos con paredes empapeladas, espacios que modifica y reconstruye, dotándolos de un simbolismo pictórico. Las instalaciones de Adrián Cuervo se encuentran relacionadas con el tiempo, la velocidad y una intensa levedad poética, con la pantalla como soporte de estas vivencias. En «La vitesse» («La velocidad») una imagen real manipulada digitalmente se transforma en formas abstractas y fluctuantes que fluyen por tres pantallas sincronizadas con un retardo de dos segundos, creando una falsa sensación de movimiento. La propuesta relaciona, de manera promiscua, pintura, escultura e imagen en movimiento, cuestionando y diluyendo los límites entre las diferentes disciplinas.

Así, la creación actual emergente le debe mucho a la forma de trabajar del DJ, quien, atento al momento que le ha tocado vivir, sensible a cuanto le rodea, remezcla y manipula los diferentes signos sin renunciar a la retórica, pero transgrediéndola al mismo tiempo; reconociendo la pérdida de originalidad, pero afirmando una personalidad basada en la recombinación; cuestionando lo establecido, pero haciendo suya la historia y hurtando los lenguajes para reescribir nuevos discursos.

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