Máquinas de habitar, máquinas de conversar

Por Jaime Luis Martín (30 de Septiembre, 2009)


Luis Suárez Lanzas
Paisajes sin memoria
María Castellanos
Incertezas
Del 14 de Septiembre al 14 de Noviembre
Galería Texu

La Galería Texu abre la temporada modificando la línea expositiva que ha mantenido hasta el momento. Jaime Rodríguez como responsable de la programación de la sala ha renovado el espacio, propiciando el diálogo entre dos artistas y facilitando la circulación de flujos de comunicación entre ambas obras. En este caso junto a la propuesta de Luis Lanzas se expone el trabajo de María Castellanos, un recorrido, con la memoria como trasfondo, por los álbumes familiares. Pero, además, destaca el singular proyecto «Doll-is», realizado en colaboración con Alberto Valverde, materializado en dos muñecos de grandes dimensiones que reproducen conversaciones de los usuarios de la web con el propio sistema que se limita a almacenar frases que el espectador introduce, devolviéndolas de una forma aleatoria para crear una ilusión de conversación. En la página http://www.doll-is.com los visitantes pueden introducir sus frases y enriquecer la base de datos.

Por otro lado los edificios anodinos que Luis Suárez Lanzas fotografía y manipula digitalmente, atrapándolos en una trama geométrica, tienen la suficiente potencia visual y entramado conceptual como para encarnar la representación de esos lugares amnésicos, de enorme atracción. En estos territorios residuales «no hay nada: ni pasado, ni futuro, nada que no sea el presente, hecho diagrama, de quienes lo cruzan» como señala Manuel Delgado, que los ha recorrido sociológicamente con enorme lucidez. En este sentido la obra de Lanzas, sin negar los aspectos formales y los condicionantes estéticos, mantiene una perspectiva de la ciudad en los márgenes, con edificaciones monótonas y frías, una vivencia sin memoria. Como en sus anteriores series se encuentra seducido por la arquitectura «fast food», si bien, como apunta acertadamente Ángel Antonio Rodríguez en el texto del catálogo, la indefinición se empieza a convertir en un elemento esencial de su obra, «provocando un certero desfase entre conocimiento y descubrimiento». El propio artista reconoce esa indefinición de sus paisajes que desemboca en despojamientos y silencios, una soledad urbana que puede recordar las perspectivas desoladas de De Chirico.

Al edificio icónico que compulsivamente buscan construir todas las ciudades para escapar de la vulgaridad, sin percibir la caducidad mediática del fenómeno y su sinsentido en una sociedad global, Lanzas opone imágenes de edificaciones carentes de personalidad, máquinas de habitar sometidas a los vaivenes especulativos. Y, a pesar, de que siguen produciéndose arrebatos líricos en algunas de las obras, estas fotografías están muy lejos de la postal turística y próximas a un tiempo alienado.

En la mayoría de sus exposiciones han estado presentes muy diversos artefactos escultóricos. Con motivo del encuentro artístico promovido por la galería Alfara en San Silvestre (Salamanca) presento una excelente instalación con varios cubos abiertos y entrelazados, materializaciones de sus módulos geométricos, que definían y acotaban el paisaje. En Texu presenta una escultura colgante, un desplegable realizado en acero galvanizado que irrumpe en el espacio favoreciendo un juego con el color como protagonista.

Pero Luis Lanzas impacta con su obra en las zonas donde asoma la perplejidad de la ciudad, cuando se plantea ¿cómo captar y plasmar un urbanismo que tiene su valor en el instante, tras renunciar al pasado y negar el futuro?, ¿cómo conjugar la estética con el documento? Son estos asuntos y los distintos modos de resolverlos donde se detecta el interés de un trabajo siempre en continua reflexión.

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La rutina sin brillos

Por Jaime Luis Martín (23 de Septiembre, 2009)


Juan Fernández
Final de Concierto
Del 10 de Septiembre al 30 de Octubre
Galería Altamira

Juan Fernández (Piedras Blancas, 1978) está en racha. Si en el 2006 obtenía la Beca de Artes Plásticas concedida por el Ministerio de Cultura para desarrollar un proyecto en el Colegio de España de la Cité Universitaire Internationale de Paris, en el 2007 recorrió las carreteras pictóricas en una magnifica exposición en la galería Nogal. Y durante el último año ha participado en dos importantes proyectos: «La pintura en tiempos de arte. Veinte años de pintores españoles en el siglos XXI», comisariada por Enrique Andrés Ruiz, y «Auto. Sueño y materia», una de las muestras más relevantes del circuito nacional, organizada por Laboral y el Centro de Arte dos de Mayo de Madrid. Pero siendo importantes ambas exposiciones resulta, todavía, más gratificante comprobar que su pintura evoluciona hacia registros cada vez más personales, acotando el territorio, esculpiendo en óleo sus vivencias e hipnotizando con estos excelentes retratos de jóvenes. 



En la muestra que presentó en la Casa Municipal de Cultura de Avilés (2006) una de las pinturas más interesantes llevaba por título «Final de concierto». En aquel cuadro se veía un personaje solitario que contemplaba, desde la lejanía, un escenario saturado por la iluminación del espectáculo. Tres años más tarde las luces ya se ha apagado y tras la música ha llegado el silencio, después del torrente de alegría se ha sedimentado la nostalgia y a la excitación le ha sucedido la melancolía. El final de concierto es un instante entre dos momentos extremos: la felicidad desenfrenada y el regreso a la cotidiana mediocridad. La fiesta acabó y llegó el momento de separarse de los colegas y afrontar la triste realidad, la vuelta a casa. La pintura de Juan Fernández se encuentra impregnada de esa sensación de pérdida y agotamiento, de esos cuerpos vencidos, de las caras descompuestas y miradas derrotadas que se preguntan ¿ahora a dónde vamos? Los jóvenes protagonistas de estas obras, dispuestos a vivir la música hasta que el cuerpo aguante, descubren con estupor que, al igual que la vida, todo tiene un final. Esa fugacidad, difícil de entender cuando tienes veinte años, produce un inmenso vacío que se percibe desde la boca hasta el estómago, revolviéndolo todo. 



Las pinturas parten de fotografías de gente anónima que el artista toma en diferentes conciertos. Existe por tanto una comunicación entre lenguajes y de hecho la obra pictórica tiene adheridos muchos restos fotográficos. En esa impureza se encuentra la modernidad de estos retratos que intentan hacer visible aquello que se encuentra escondido. La figura siempre aparece sobre un fondo oscuro iluminado por un gesto o una actitud del modelo, destacando el empleo de blanco de plomo para las carnaciones y la ropa. El resultado es una obra de una gran carnalidad pictórica, retratos densos elaborados con sinceridad y una innegable complicidad. El artista ha sabido captar el detalle individual de unos personajes que se mueven entre la contemporaneidad y la atemporalidad del retrato más tradicional. Las influencias de Caravaggio y Lucien Freud, de Vermeer y Pierre Gonnord están presentes como un recordatorio de la historia, una huella soterrada que va dejando un poso de excelencia en cada pincelada. 

Más allá de los aspectos formales, más acá del acto pictórico vivido con una indudable intensidad en el estudio, se encuentran los aspectos documentales, con los cuerpos abandonados a la sombra de la noche, las sonrisas entregadas en la última canción, la intimidad compartida para sostenerse tras ese momento de felicidad, cuando de regreso al silencio sólo espera la anodina realidad, una rutina sin brillos.


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La estética del concepto

Por Jaime Luis Martín (16 de Septiembre, 2009)

Gema Ramos
Objeto-Espacio
Del 4 al 26 de Septiembre
Galería Octógono

Gema Ramos (Oviedo, 1969), licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y beca «Erasmus» para asistir a la Hochschule der Künste de Berlín, nunca ha entendido el arte como un lugar tranquilo y afable, sino como un espacio para reflexionar en el que se disuelven disciplinas y adquiere gran importancia el proceso creativo. También el concepto forma parte esencial de su discurso artístico, si bien manteniendo una preocupación por la calidad de los acabados.

En su trayectoria no ha renunciado a discursos intimistas, miradas hacia lo público, incursiones en el vídeo y la instalación, revueltas con el feminismo como trasfondo, a través de exposiciones individuales en Francia, Gran Bretaña, Vitoria, Murcia, Cantabria, León y Asturias. Incluso compartió, con su hermano Luis Ramos, el odio al arte en el proyecto ganador de la IV Beca de artes plásticas «Museo Juan Barjola». Por tanto, nos encontramos ante una artista multidisciplinar, difícil de atrapar en un solo encuadre, que continúa investigando y produciendo una obra densa que requiere un esfuerzo de comprensión. Traspasada esa línea de dificultad nos adentramos en un territorio fértil donde se fusionan lenguajes y se arrastran muchos de los postulados de la vanguardia.

En la muestra de la galería Octógono las relaciones entre el objeto y el espacio dominan la escena. Las imágenes las protagonizan elementos de gran plasticidad como gomas, cintas, cordones, que permiten generar una variedad de formas espaciales, consiguiendo con piezas aparentemente sencillas momentos de una gran sensibilidad y emoción plástica. Estos objetos elásticos con los que la artista enreda sirven de punto de partida para desplegar una intensa labor creativa con la fotografía, el dibujo y la performance como diferentes estaciones de un itinerario que está marcado, más que ningún trabajo anterior, por una estetización del concepto. En estas obras hay todo un proceso de composición y desarrollo espacial que indaga en la pureza plástica.

Los dibujos se centran en el desarrollo de las formas de las gomas, mientras que las fotografías juegan con las luces y las sombras. Pero sobre todo destacan las imágenes-objeto, marca de la artista, que surgen como un híbrido entre la escultura y la fotografía, en un intento por alcanzar la tridimensionalidad partiendo de imágenes bidimensionales. Los fondos blancos y los planos que cambian de posición son elementos comunes a estas piezas. En esta ocasión se ha subrayado la movilidad del volumen acentuando la vocación escultórica de estas composiciones.

Se completa el proceso de este despliegue creativo con las fotografías y dibujos preparatorios -una especie de «story board»- de la vídeo-performance «Enredando por casa», con el cuerpo humano convertido en soporte de la imagen-objeto, una red realizada con cuerdas y nudos. En este trabajo se plantea un diálogo con el entorno por medio de una coreografía que interpreta la performer.

Nos encontramos ante un trabajo pensado y cuidado en su realización y puesta en escena, analítico pero sin descuidar la estética, formal pero sin olvidar el concepto, que constituye un extraordinario ejercicio de las complejas relaciones por donde se mueve actualmente el arte.

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