Apropiarse del espacio

Por Jaime Luis Martín (27 de Mayo, 2009)

Pablo Armesto
Entrelíneas
Centro de Escultura de Candás. Museo Antón
Del 12 de Mayo al 13 de Junio

La producción artística de Pablo Armesto (Schaffhausen, Suiza, 1970) resulta sorprendente y difícil de clasificar. Una creatividad desbordante le lleva a experimentar con el grabado, profundizar en el objeto escultórico, enfrentarse a la instalación, comprometerse con el arte-público, ensayar propuestas audiovisuales, además de manifestar preocupaciones arquitectónicas. La exhibición de esta promiscuidad creativa pudiera parecer excesiva sino fuera porque su obra, al margen de la técnica que emplee, sólo se explica como resultado de una intensa reflexión, una mirada del artista a su interior, por inusual en el mundo del arte más de agradecer, que lo aleja de cualquier banalidad y le permite materializar un imaginario propio y diferente. 



Formado en la Escuela de Arte de Oviedo donde obtuvo el diploma de Técnico superior en Diseño Gráfico e Ilustración, amplió sus estudios en diversos cursos y seminarios. Pero desde 1997 lleva recorriendo un itinerario expositivo que ha culminado, hasta el momento, con su selección en la muestra colectiva «banquetes_nodos y redes (2008)» exhibida en Laboral Centro de Arte y en el ZKM de Karlsruhe (Alemania). Su trabajo ha sido reconocido con el Premio Astragal (2004), la Beca FIB-Art (2005), la beca AlNorte (2005) y más recientemente con la beca de creación escultórica que concede el Museo Antón de Candás (2007). Precisamente gracias a esta última ha podido gestar esta muestra y afrontar la realización de una pieza que se ubicara en los jardines anexos al Museo. 



La exposición refuerza el carácter híbrido de las propuestas de este artista, enredándose, en este caso, entre las líneas xilográficas, escultóricas y arquitectónicos. Y aunque sean diversas las técnicas y materiales empleados consigue desplegar un discurso coherente partiendo de un elemento plástico muy elemental, la línea, para construir una melodía, que entona las reflexiones de Kandinsky pero con diferente tonalidad. En este sentido Pablo Armesto propone una intrincada relación entre distintas disciplinas, comprometiéndose con la identidad y la memoria, reconociendo que la imagen prepotente y sólida ya no se sostiene y es necesaria una reflexión al respecto, aunque esto suponga una mayor incertidumbre e inseguridad. 


A las xilografías de una gran belleza, resueltas con la gravedad de las líneas gruesas y los tonos más agudos de las delgadas, se unen las piezas de madera y hierro envueltas en alambre, un trazado que serpentea las esculturas condicionando su visión. Pero el mayor interés reside en la pieza «sofitos», una instalación expresamente realizada para el lugar realizada en madera de avellano que se apropia del espacio y evoca el proyecto presentado en la galería Espacio Líquido (2005), ejecutado, entonces, con tubos de fibra óptica, en el que se entrecruzaban haces de luz de diferentes colores, creando una atmósfera habitable. Ahora, sin embargo, la vivencia se encuentra más relacionada con la tierra y las raíces, rescatando la tradicional construcción con varas, una técnica que el artista actualiza, alterando su significado y creando un recogimiento mágico, subrayado por el empleo de la luz y las sombras. 



Estos movimientos de Pablo Armesto evocan la arquitectura, tienden a la universalidad, investigan en lo escultórico, tanto en lo referente a los procesos como a los materiales, pero nunca pierden de vista el emocionado encanto de lo local, aquellos apuntes de proximidad tan ineludibles para situarse en el mercado global.

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banquete_nodos y redes

Por Jaime Luis Martín (25 de Mayo, 2009)

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Resulta una delicia encontrarse con catálogos como el realizado con motivo de la exposición banquete_nodos y redes, que se pudo ver en LABoral y actualmente en el ZKM, editado por Turner y SEACEX. El proyecto editorial ha reunido un equipo de antropólogos, artistas, arquitectos, biólogos, filósofos, economistas, neurocientíficos y sociólogos que reflexionan sobre diversos aspectos vertebradores de redes y dinámicas de producción y difusión cultural, abarcando desde las redes neuronales a las redes sociales, pasando por la complejidad y fragilidad de las redes ecológicas. La nómina de artistas participantes, amplia y de una calidad indudable, cuenta con nombres tan significativos como Antoni Abad, Aetherbits, Eugenio Ampudia, Daniel Andújar, Marcel-lí Antúnez, Pablo Armesto, José Manuel Berenguer, Clara Boj y Diego Díaz, Daniel Canogar, Álvaro Castro, Alfredo Colunga, Escoitar, Evru, Joan Fontcuberta, Dora García, Daniel García Andújar, Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, Hackitectura.net, Ricardo Iglesias, Influenza, Concha Jerez y José Iges, Konic Thtr, Laboratorio de Luz, Joan Leandre, José Antonio Millán, José Manuel Moreno, Neokinok TV, Marina Núñez, Pedro Ortuño, Raquel Paricio, Platoniq, Francisco Ruiz de Infante y Águeda Simó.

La mirada teórica corre a cargo de Antonio Acín, Pau Alsina, Juan Aranzadi, Yayo Aznar Almazán, José María Baldasano, Álvaro Bermejo, José Luis Brea, Carlos Briones, Óscar Carpintero, Juan Ignacio Cirac, Capi corrales, Javier DeFelipe, Ángela Delgado, Javier Echevarría, Santiago Eraso, Agustín Fernández Mallo, Ramón Folch, Ernesto García Camarero, Vicente Guallart, Ramón Guardans, Maciej Lewenstein, Jacob Lillemose, Pedro C. Marijuán, José Ángel Martín-Gago, Juan Marín Prada, Jorge Luis Marzo, José María Montoya, Andreea Munteanu, José Manuel Naredo, Iván de la Nuez, Karin Ohlenschläger, Diego Rasskin-Gutman, Luis Rico, Víctor del Río, Arturo (Fito) Rodríguez, Miguel Ángel Rodríguez, Salvador Rueda, Fernando Sáez Vacas, Abraham San Pedro, María Santoyo, Mónica Solé, Ricard Solé, Imma Tubella, Alfonso Valencia, Vicente Verdú y Remedios Zafra.
Y para abrir boca se puede consultar la página http://www.banquete.org

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El tiempo como autor

Por Jaime Luis Martín (20 de Mayo, 2009)

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Benjamín Menéndez
Instalación
Hasta el 30 de Mayo
Hall de la Facultad de Filosofía y Letras de León

El vestíbulo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León se convierte, durante algo más de un mes y desde 1994, en un espacio abierto a diferentes propuestas, creadas expresamente para el lugar y con total libertad de realización, tanto temática como formal. El «Hall transformado», denominación general del proyecto, fue una iniciativa del catedrático de Arte Contemporáneo y crítico de arte Javier Hernando Carrasco, si bien las dos últimas ediciones las ha coordinado su compañero de departamento Roberto Castrillo. 


Este año se invitó a intervenir a Benjamín Menéndez (Avilés, 1963) que abordó la transformación del poderoso hall con una pieza de barbotina de 11 por 9 metros, que ocupa la parte central del suelo y se encuentra semisuspendida mediante tensores a las galerías de la segunda planta y apoyada en una lámina de superficie irregular, realizada con el mismo material empleado en la pieza principal. La plancha superior concebida como un gran lienzo conserva la memoria de su manipulación y registra las huellas producidas por el paso del tiempo y las condiciones medioambientales. El resultado final, al cabo de un mes, será muy diferente al de sus inicios, matizándose el color, definiéndose las texturas y pronunciándose los agrietamientos a medida que pasan los días y se acentúa la desecación, convirtiendo el proceso en una metáfora de lo efímero y lo frágil. En el centro de esta placa emergen distintos volúmenes -esferas, conos, tuercas- que rompen la uniformidad del plano, salpicándolo de pequeños accidentes geométricos que evocan el mundo industrial. 


Benjamín Menéndez ha conseguido alterar el espacio, provocando un diálogo con los diferentes elementos arquitectónicos que configuran el hall; recogiendo la luz que se cuela cenitalmente y modifica, durante las horas del día, los distintas tonalidades -desde el gris al blanco puro- que definen cromáticamente la pieza; y permitiendo que el tiempo introduzca, a su antojo, transformaciones en la materia, continuando, de esta manera, el relato que inició el artista.

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Explosión cromática

Por Jaime Luis Martín (20 de Mayo, 2009)

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Ana de la Fuente
Del 11 de Mayo al 9 de Junio
Galería Texu

Ana de la Fuente (Trasona, Corvera de Asturias, 1963) se encuentra en racha creativa. Desde su primera exposición individual, en 1993, en la Fundación Municipal de Cultura de Castrillón, ha recorrido un itinerario marcado por la experimentación y el «collage», abrazando pulsiones acumulativas y referencias históricas. Sus últimos trabajos son comparables a unos fuegos artificiales con la luz y el color iluminando la noche pictórica. Pero no es algo nuevo, ya en el XXXVII Certamen Nacional de Arte de Luarca recibió la mención de honor con una obra que homenajeaba a Calder y hurgaba en las primeras vanguardias. Sin embargo, estos «collages» atienden, principalmente, a una explosión cromática, una fiesta estética que tiene algo de barroca y mucho de sensual, en la que se ha sustituido el óxido de sus anteriores prácticas de reciclaje con materiales industriales, por los recortes de papel Canson que entran a formar parte del espacio de representación. 


Una figura femenina con formas elementales estructura la mayoría de las composiciones, pero, a pesar de esta sutil figuración, se producen derivas hacia una abstracción geométrica, con anotaciones rectangulares o circulares, pedazos de papel rotos, fragmentos recortados, en los que podemos reconocer las voces de Malevich y Kandinsky, los ecos de Mondrian y Matisse. Y aunque pueda parecer pasión apropiacionista, más bien se trata de exprimir a los grandes maestros, jugando a la similitud y la diferencia, poniendo de manifiesto la validez del «collage» en estos tiempos líquidos, sin solidez estética. 


Pero hay algo melancólico en estas construcciones de papel, tal vez sea la mirada al pasado o la necesidad de un contacto nuevo con la pintura, redescubriéndola, todavía, en esa celebración de recortes y colores. En todo caso el resultado deja un aroma pictórico atractivo, fruto del trabajo bien hecho y de un sentimiento de emocionado homenaje a las primeras vanguardias del siglo pasado que recorre toda la obra.

Fotografía: Luisma Murias

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Los desaguisados de Calatrava

Por Jaime Luis Martín (13 de Mayo, 2009)

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Ha tenido que venir Nicolai Ouroussoff, crítico de arquitectura de The New York Times, para decirnos, algo que en Asturias ya sabíamos y padecíamos, que Calatrava construye edificios, como el intercambiador de la Zona Cero, que no logran superar un error fatal del proyecto: “la asombrosa incongruencia entre lo exagerado de su arquitectura y limitado propósito al que sirve”, convirtiéndose en “un monumento al ego creativo de su autor”. El artículo del diario neoyorquino ha tenido amplia repercusión en los medios de comunicación asturianos. Tal vez porque ahora todo el mundo percibe el despropósito urbanístico del Palacio de Buenavista en Oviedo, una construcción que el artista Carlos Suárez calificó de monstruo que devora la ciudad en una secuencia fotográfica realizada, todavía, cuando se estaba construyendo, pero que ya reflejaba la cercanía del horror y la impotencia para frenar un desmán de tal envergadura. Pero si alguien duda de este descalabro urbanístico sólo tiene que subir hasta el Naranco y contemplar la monstruosidad de un Palacio de Congresos que padece un gigantismo enfermizo y fuera de escala, consentido por algunos políticos, seducidos por el sensacionalismo e incapaces de dejar otra herencia que este Alien inhabitable. Y si por fuera da miedo por dentro produce terror, y las sedes administrativas allí ubicadas, suspendidas en el aire, sufren las consecuencias de un diseño de vértigo con empinadas escaleras de emergencia, inexistencia de escaleras de uso general y con sólo dos ascensores para aterrizar y ponerse a salvo. Realmente hay que tener cara para destrozar de una manera tan bárbara un espacio tan significativo de la ciudad, cobrar por ello, y quedarse tan tranquilo. Pero Calatrava no es el único culpable y comparte responsabilidades con todos aquellos que consienten estos desaguisados.

Fotografía: Carlos Suárez

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Procesos creativos

Por Jaime Luis Martín (13 de Mayo, 2009)

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Procesos
Colectiva
Carlos Correa, Carlos López Garrido y José Antonio Olarte
Del 24 de Abril al 16 de Mayo
Centro Municipal de Arte y Exposiciones (CMAE)

La Fundación Caja Rioja organizó en el año 2008 esta muestra de dos pintores -Carlos Correa y Carlos López Garrido- y un escultor -José Antonio Olarte- que tras pasar por el Centro Cultural Caja Rioja – La Merced, en Logroño, llega al CMAE en un intento de acercar al público el proceso de gestación de estos tres creadores. La idea del artista como genio que Kant entendió como la facultad del espíritu para expresar lo inefable, tergiversada e idealizada durante el romanticismo, traída y llevada durante todo el siglo XX con una cierta ansiedad burguesa, ha quedado en entredicho en los últimos años, considerándose una construcción ideológica difícilmente defendible en estos tiempos, aunque siga empleándose en ciertos ambientes artísticos para dar empaque a propuestas caducas condicionadas por el mercado. 


El proceso artístico puede considerarse el resultado de la suma del trabajo y la técnica, pero no se puede obviar la influencia, en muchos casos determinante, de todos aquellos conocimientos y experiencias que hunden sus raíces en la comunidad. La inflación que, en el siglo pasado, ha sufrido el artista -ese loco estrafalario y creativo destinado a alcanzar lo sublime- se ha desinflado para abrirse paso una visión del autor como un trabajador rutinario, que produce relacionándose con la sociedad e implicándose en la misma. De hecho algunas de las actuales estrategias estéticas apuestan por prácticas colaborativas que dejan en entredicho la autoría. 



Y esta muestra relata la labor previa y cotidiana, los ensayos y errores, las idas y venidas que, normalmente, el artista deja ocultos, preservando su intimidad creativa. En el caso Carlos Corres (Bilbao, 1973), licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, Medalla de Honor en el XIX Premio «BMV» de Pintura, recorre como un cartógrafo el lienzo buscando una imagen, en este caso una mano, que comunique e impacte visualmente. Los bocetos, partiendo de la fotografía, reflejan las búsquedas y trazan los caminos previos al resultado final. Carlos López Garrido (Logroño, 1968), licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, Medalla de Honor y Adquisición en el I, III y V Certamen Nacional de Pintura «Parlamento de la Rioja» (1998-2002-2006), transita con sus pinceles por el paisaje urbano enfocado desde una perspectiva elevada, una particular visión de la trama urbanística con toques decadentes. Ambos pintores trabajan con esquemas compositivos tradicionales, sin rupturas en los planteamientos, aferrándose a una pintura de caballete. Sin embargo José Antonio Olarte (Haro, 1958) de formación autodidacta, mantiene una actitud más experimental, un visión analítica que explora las formas, el espacio y la materia, logrando piezas interesantes que, a pesar de las múltiples influencias, conservan un halo muy personal. 


Ciertamente la exposición no pretende ilustrar conceptos ni filosofías relacionadas con los procesos creativos, interpreta el hecho creador como un ejercicio, con cierto aire académico, mostrando los problemas a los que se enfrenta el artista en su quehacer diario. Porque el resultado final es consecuencia de todo un trabajo previo que, en muchos casos, supera a la propia obra en interés y frescura. 


Fotografía: Miki López

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Memorable y esencial

Por Jaime Luis Martín (6 de Mayo, 2009)

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Francisco Velasco
Litografías
Series. “Europa y Europeos”
Del 24 de Abril al 18 de Mayo
Galería Amaga

Francisco Velasco (Pelúgano, Aller, 1955) es de los pocos artistas que todavía consiguen escaparse del banalismo que nos rodea y alcanzar unas intensidades fuera de toda duda. Y para ello no necesita recurrir a la última tecnología ni realizar aspavientos mediáticos y ridículos para hacerse notar, le basta una piedra para alcanzar lo maravilloso y tocar la sensibilidad. Por eso resulta un creador extraño que se mueve entre los fulgores casi olvidados de la sinceridad y vive reconcentrado en su mundo, ajeno a vanidades y sin más estrategias que sedimentar un trabajo experimental vinculado a la estampación. 



Su carrera pictórica se inició en la sala Nogal de Oviedo en 1978, pero su gran pasión -la litografía- afloró once años después, en 1989, en la Casa municipal de Cultura de Llanes, tras realizar un curso de estampación en la Recerca Gráfica de Calella en Barcelona. Aunque su madurez como litógrafo tuvo lugar en el Frans Masereel Centrum de Kasterlee (Bélgica), al que acudió por primera vez en 1991, desarrollando, en los años sucesivos, un importante trabajo que se materializó en diversas ediciones litográficas. Su obra se encuentra en museos nacionales e internacionales, y destaca su participación en la Bienal de Arte Gráfico de Lieja (2005 y 2007) y en la de Krakovia (2006) y Viena (2007). Además, cabe destacar numerosos premios y reconocimientos, pero también su importante labor en la recuperación de los fondos de la Litografía Viña de Gijón. 


Nos encontramos, por tanto, ante un importante creador, animador de diversas aventuras plásticas y maestro de técnicas y conceptos casi olvidados, pero que contienen la magia de los relatos litográficos, de la reproductividad y la destreza manual. Sin embargo, Francisco Velasco no se podía quedar anclado en la tradición y desde sus primeros encuentros con las técnicas de estampación investiga en la aguada litográfica, los troquelados y las tintas metálicas, al tiempo que explora la seriación o deriva en instalaciones como la «Capilla de papel», en el Museo Barjola (2004). 



En este sentido, sus latas con trozos de litografía en su interior, que evocan a los etiquetados para las conserveras, le permiten realizar diferentes composiciones en el espacio, un juego que revaloriza el objeto industrial, bien cargándolo de misterio -cuando las latas están cerradas-, bien descubriendo, tras su apertura, un contenido únicamente apto para el consumo visual. En cualquier caso, queda claro su compromiso con la investigación, renunciando a cualquier comodidad y afrontando, de continuo, nuevos retos. 


Pero junto a esta pasión por lo objetual las litografías sobre papel condensan sus mayores preocupaciones estéticas. Y «color, gesto, signo, ampuloso trazo, tintas opacas, oros y platas y tintas metálicas viradas conforman -señala María del Mar Díaz en el díptico que acompaña la exposición- el sustrato de su léxico actual». Velasco pinta sobre la piedra, controla el proceso y consigue unas calidades verdaderamente sorprendentes en el resultado final. El artista plasma en estas series su visión de Europa, un territorio con sus zonas oscuras, pero también con sus lugares comunes, en estampaciones de gran formato resultado de composiciones múltiples, con el color y la mancha como ingredientes esenciales que denotan su adscripción pictórica. 



El trabajo constante, ordenado y callado de Francisco Velasco desde hace más de tres décadas, así como el empeño en construir un mundo propio, sin afectación alguna, con la claridad de los lugares inolvidables, junto con su resistencia a echarse en manos del mercado y una dicción diferente e inadaptada, lo convierte en uno de los creadores asturianos más potentes, con una obra serena, memorable y esencial.


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