Crisálidas de Fernando Gutiérrez en LABoral

Por Jaime Luis Martín (26 de Febrero, 2009)

crisalidaspeq.jpgEl proyecto Crisálidas de Fernando Gutiérrez ganador de la segunda edición del premio LABjoven_Experimenta supone una apuesta por el dibujo, redefinido, en estos tiempos de desconcierto, por la incorporación de nuevas técnicas y soportes, lo que facilita una salida del espectáculo y una inmersión en esa trama psíquica vinculada a la utopía y a la transformación a que hace referencia el título. El artista practica una técnica muy sencilla que le permite obtener, bien mediante cambios de iluminación, bien empleando pinturas que reaccionan a la luz, una superposición de diferentes capas de dibujos que lo acercan a las represtaciones de las cavernas. Contenido el impulso narrativo el relato evoluciona de manera espacial, mediante escenas que se suceden simultáneamente, siendo los cambios lumínicos y animaciones quienes introducen cierta dimensión temporal.

Estas figuras de grandes dimensiones que se despliegan por las paredes de la sala Plataforma tienen sus antecedentes en la muestra Ciudad superpuesta (2008) realizada en la sala Astragal de Gijón y en la exposición Alicia hacia adentro (2008) que tuvo lugar en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI) de Gijón. En ambas la austeridad y sobriedad de sus dibujos caracterizaban unas propuestas en las que el mundo onírico alcanzaba un fuerte protagonismo, sin desestimar tentativas conceptuales. Porque el trabajo de Fernando Gutiérrez se expande más allá de los parámetros formales del dibujo tradicional, vinculando ficción y realidad, transitando del papel a la pared con la facilidad de los grandes muralistas, concediendo valor al proceso creativo, incorporando lo digital para añadir otras técnicas que refuercen la emotividad, ocupando hasta los mínimos rincones con sus criaturas desvalidas, irreales pero reconocibles porque forman parte, también, de nuestros sueños.

Los dibujos sencillos, resueltos con el simple trazo de una línea que les confiere inmediatez y autenticidad a pesar de su apariencia irreal, se encuentran enredados por los muros, desplegando una fantasía envolvente y figurativa en la que se entremezclan el entorno con las apariencias oníricas. Algunas formas delicadas pueden recordar dibujos infantiles que, sin embargo, al encontrase entrelazados con figuras monstruosas o zoomórficas confieren a la instalación un tono de ensueño. Cualquier conato ilustrativo, la mínima concesión al espectáculo queda desmontado por el carácter efímero de la intervención y la escala que sobrepasa lo abarcable para desembocar en una visión que nos atrapa en un ambiente de sensaciones. Ciertamente el tamaño de los dibujos, su adaptación a un espacio de grandes dimensiones, les confiere presencia, consiguiendo una perfecta armonía con la arquitectura que les sirve de soporte.

Fernando Gutiérrez ha conseguido reanimar, de forma magnífica, el dibujo, espantando el temor a un destino agonizante a consecuencia de la irrupción de lo digital. Pero la tecnología, al contrario de lo que se pensaba, ha revitalizado su importancia, afianzando su presente, como lo demuestra esta intervención gráfica que juega con la luz de la sala y con la proyección de unas piezas de animación, despejando toda duda sobre la validez del dibujo como practica artística en la actualidad.

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Revueltas en el lenguaje pictórico

Por Jaime Luis Martín (25 de Febrero, 2009)

Evaristo Valle
Carnavaladas
Hasta el 28 de febrero
Palacio de Valdecarzana

Evaristo Valle (Gijón 1873-1951) fue uno de los viajeros privilegiados que, a principios de siglo, cumplió el sueño de visitar París. La ciudad convulsionada, entonces, por los distintos sarpullidos vanguardistas contrastaba con aquella Asturias que se miraba en la pintura decimonónica y rechazaba los nuevos lenguajes que recorrían Europa. Cierto que Valle no asumió los conceptos más rupturistas que recorrían los cafés de la capital francesa pero entre sus pinceles quedaron enredadas pequeñas revueltas en el lenguaje pictórico que ya nunca abandonaría.

Aunque la principal obra de Valle se puede disfrutar durante todo el año en la Fundación que lleva su nombre en Gijón y en el Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo resulta todo un acierto la exposición organizada por la Sociedad de Amigos del País de Avilés y Comarca, comisariada por Francisco Zapico, al reunir una amplia representación de sus “Carnavaladas”, algunas pertenecientes a colecciones particulares. Posiblemente sea alrededor de esta temática de los carnavales y mascaradas donde encontremos al artista más arriesgado y original, manejando enérgicas masas cromáticas y apostando por composiciones de marcado ritmo y viveza.

Pero el Palacio de Valdecarzana no parece el lugar más adecuado para este tipo de exposiciones, la falta de medios en la sala, principalmente la carencia de una iluminación adecuada y un espacio con demasiados elementos protagonistas, trae como consecuencias conflictos en el montaje. Sin embargo la obra de Evaristo Valle, de enorme fuerza y audacia, puede con cualquier incoveniente.

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Un rastro de significados

Por Jaime Luis Martín (25 de Febrero, 2009)

51.jpgPinturas sobre papel
Hasta el 27 de febrero
Casa Municipal de Cultura de Avilés

Los paisajes de Julia Gallego están hechos de pinceladas sinuosas y sensuales que insinúan más que definen, sugiriendo formas entre las derramas del color. Esta artista licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, máster en diseño digital y multimedia fue becada por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México para llevar a cabo en la capital del Estado un proyecto artístico. Realizó diversas exposiciones colectivas en España y México e individualmente en la Fundación Alvargonzález de Gijón y en la galería Joaquín González de Madrid. La obra que muestra en la Casa Municipal de Cultura de Avilés fue realizada en el año 2007 en Uruguay gracias una beca del Instituto Rural de Arte Hoz del Júcar.

Su pintura realizada sobre papel tiene claras influencias orientales, manejando una ligeraza cromática que busca la armonía de los sentidos, evitando tanto el exceso como cualquier privación. Pero estas abstracciones contienen lo figurativo, y así de la mancha van surgiendo valles, árboles y playas de un contenido cromatismo. Un universo poético que concita a la ausencia y a la presencia al mismo tiempo, lo lleno y lo vacío, lo denso y la luminosidad. Los espacios en blanco contribuyen a producir una sensación de levedad y el color fluye por la hoja dejando un rastro de significados.

En esta exposición Julia Gallego se refugia en la pintura para descubrir en el bullicio cromático la intensidad del paisaje que construye, como por azar, entre arrebatos tonales.

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Reflexión con Arco al fondo

Por Jaime Luis Martín (24 de Febrero, 2009)

La escasa representación asturiana en esta edición de Arco -el colectivo PSJM en la galería Espacio Líquido; Manolo Rey-Fueyo en la galería Canem; Dionisio González en Max Estrella, y Pelayo Ortega en Marlborough- permite reflexionar sobre la situación que vive el arte asturiano, cuya presencia resulta meramente anecdótica en los foros nacionales e internacionales. Y lamentarse de esta circunstancia no sirve de nada cuando se vive atrincherado en posiciones defensivas, atendiendo, en más ocasiones de las deseadas, a lo costumbrista y decimonónico, propuestas artísticas fuera de la historia que, sin embargo, encuentran un eco desmedido en los medios de comunicación; temiendo y denostando cualquier novedad, porque lo cómodo es seguir siempre con los mismos actores en un círculo cerrado de aplausos, y aplazando, de continuo, por parte de los distintos sectores implicados, cualquier compromiso en un debate serio y público que propicie la creación de un espacio de crítica y reflexión. Pero, además, con la idea, todavía, de que para ser artista basta con producir cualquier objeto o pintura enmarcados en unos esquemas formales y acompañarlos de un discurso débil que no requiera mucho esfuerzo digerirlo. 



Por otra parte, el poder político, en muchos casos, lejos de actuar con autonomía apoyando la producción cultural, creando estructuras modernas que respondan a los tiempos actuales, prefiere el brillo fácil y acomodaticio del mercado o el aplauso al localismo más estúpido, pero rentable electoralmente. De esta manera, apenas queda lugar para propuestas diferentes y de riesgo, ajenas al gusto personal del político de turno. 



Pero sospecho, también, que quienes defendemos el arte actual, con todos los riegos que conlleva esa defensa, sin perspectiva histórica, inventando palabrejas para expresar lo inaprensible, siempre en la cuerda floja, estamos haciendo algo mal. Me refiero a críticos, artistas, galeristas y educadores, que no logramos transmitir lo que aporta y significa el arte contemporáneo. Y precisamente en este territorio calificado, en muchas ocasiones, de elitista y despreciable, se ha creado una enorme esfera de libertad donde podemos refugiarnos y fomentar debates de indudable interés social y cultural. Cualquier tema puede ser tratado sin tabúes porque en el arte actual encuentran acomodo desde el sano cachondeo de todas las religiones a lo políticamente crudo, sin que nadie se rasgue las vestiduras por lo inapropiado o lo políticamente incorrecto del debate. Sin embargo, debemos entonar un mea culpa colectivo, por no saber transmitir al público las aportaciones de estos artistas que mañana serán, sin duda, parte de nuestro patrimonio. 



A raíz de la reflexión anterior, observo cómo cada vez con mayor desfachatez e ignorancia se denigra el arte contemporáneo. Indudablemente la ausencia de una educación visual en los planes de estudio ha traído como consecuencia -Asturias es representativa en este sentido- que buena parte de los intelectuales, periodistas y escritores que opinan sobre el tema desprecien todo lo que no se ajusta a los cánones artísticos decimonónicos o a las primeras vanguardias pictóricas. Literariamente desaprueban, como parece lógico, a los émulos de Campoamor, pero visualmente aplauden, sin reservas, a los copistas de Monet.

Sin embargo, parece difícil que podamos salir del aislamiento y la crisis sin un tejido artístico que se extienda por Asturias, alentando radicalidades, entendiendo el arte menos como moda y más asociado a procesos de información, conocimiento y producción, capaz de generar antagonismos, espacios comunes donde salte el debate y se asuma la diferencia. 



Las dificultades económicas en las que estamos inmersos sacudirán, más profundamente si cabe, el mundo del arte, pero también nos ofrecen la posibilidad de pensar, sin tanta presión, si queremos seguir apostando por los floreros o situarnos al lado de un arte asturiano capaz de dialogar con su tiempo. La decisión que tomemos será importante, porque de una u otra dependerá que entremos en el siglo XXI o nos quedemos otros cien años en una esquina olvidada del mundo.


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