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Punto y desmayo
Por Álvaro Faes (26 de Abril, 2009)
Aquí no hay secretos. El octavo puesto de Fernando Alonso en Bahrein no tiene otra explicación que el potencial del Renault. Llega hasta ahí, detrás de los inalcanzables Brawn, de los Toyota y de los sorprendentes Red Bull. Y ayer_también más flojo que un Ferrari y un McLaren, ahora que los dos grandes quieren sacar la cabeza. Alonso se vació en el circuito de Sakhir. A 40 grados –cincuenta en la pista–, el piloto casi acaba con su salud. Terminó con un punto y luego se derrumbó. Su discurso para las televisiones fue extrañamente corto y seco, algo brusco. «Ya me estaba encontrando mal», confesó después. Al momento se vino abajo entre la maraña de cámaras y asistentes de prensa de los equipos. Le sujetó Silvia Hoffer, la políglota jefa de comunicación de Williams. Detrás, Patrizia Spinelli, férrea policía de los medios en Renault, hacía lo que podía para que su chico no se fuera al suelo. «Lo siguiente que recuerdo es estar sentado en el box con un ventilador en la cara». El esfuerzo de más de una hora y media horadó la resistencia del piloto, más delgado que nunca por las exigencias de un reglamento que castiga el exceso de peso en el coche.
El caso es que no se hidrató en toda la carrera porque el sistema para beber se averió, igual que le sucedió en Malasia en 2003 y también en 2005. Y todo esto, para volver a la zona de puntos después de dos carreras, pero sumando sólo uno. Un botín exiguo tras un esfuerzo titánico. Salió séptimo, perdió dos puestos en la salida y la carrera le colocó luego en el lugar natural del R29.
Fue el Gran Premio más normal de lo que va de campeonato. Venció Button con autoridad. Tres de cuatro para el inglés, que huele a candidato más que serio al título. A Hamilton le bastaron cinco victorias para ganarlo el año pasado. Decían que los Brawn tenían problemas con la refrigeración del motor pero si así era, desde luego que no se notó en absoluto. Cada vez es más difícil que en el podio no suene el «God save the queen». Button, guiado desde el muro por Ross Brawn, el mejor estratega de la Fórmula 1 en muchos años, gestionó su carrera de forma impecable. Salió en la segunda línea, se merendó a Hamilton a las primeras de cambio, y puso ritmo de crucero hacia su tercera victoria de la temporada. En vuelta 15.ª cumplía con el primer repostaje, a la vez que su compatriota de McLaren, y siete más tarde ya lideraba la prueba, después de que Raikkonen pasara por el garaje. En la maniobra fulminó a los dos Toyota, que pagaron caro su poca carga inicial. Button solo dejó momentáneamente la primera posición cuando puso gasolina por segunda vez, a veinte giros del final. Guardó para el último relevo los neumáticos más duros, los que peor rendimiento ofrecían. Recuperó la cabeza poco después, cuando Vettel cumplió con su segundo paso y el camino le quedó ya libre hacia la victoria. Un paseo.
El alemán fue el único que se atrevió a cuestionar tímidamente la tiranía del equipo de Ross Brawn. A pelo, con un coche sin extras –no tiene el doble difusor y tampoco lleva kers– el piloto de Red Bull siguió de lejos la estela de Button. En China ganó la primera carrera en la andadura de la escudería y ayer consiguió una gran segunda posición. El doble difusor no les llegará hasta Mónaco pero el retraso lo compensan con un fórmula 1 que es una maravilla del diseño.
Toyota se fue con un podio gracias a Trulli pero el botín les sabe a poco después de controlar la salida desde la primera línea. Glock salió muy castigado ya del primer repostaje y al menos el italiano mantuvo el tipo y pudo estar en el peldaño más bajo del podio.
Hamiton se fue tan contento con su cuarta posición porque el McLaren ya empieza a dar señales de vida. Tras él, a Barrichello no le sirvió de mucho su estrategia a tres paradas. Mejoró una posición respecto a la salida y acabó por delante de Raikkonen y de Glock, la mayor decepción de la jornada si se deja a un lado el nuevo fracaso de Massa, que sigue con el cero en su contador de puntos.
Así era difícil que Alonso pudiera haberse colocado mucho más adelante. En la salida, quedó tapado por los dos Ferrari y se olvidó de cualquier tipo de progresión. Incluso pisó la arena para evitar otros males, más allá de los dos puestos que se le escurrieron, al pasarle Raikkonen y Massa. Al brasileño lo adelantó poco después y antes de su primera parada se la jugó en un mano a mano con Trulli más efectista que efectivo. El italiano llegaba recién reaparecido de los garajes y Alonso le ganaba un puesto que perdería después. El asturiano repitió con el compuesto blando en el segundo relevo y siguió encadenado a una lucha por un botín demasido pobre. Suda tinta para conseguir cada punto. Ayer quiso medirse por momentos con Raikkonen, pero ni siquiera se acercó a él cuando el finlandés tenía mucho más lastre en forma de gasolina. Luego, ya octavo, no pudo acercarse a Glock, pero sí se las arregló para mantener a raya a Rosberg, que amagó tímidamente con disputarle el preciado punto.
El teatro de Hamilton
Por Álvaro Faes (4 de Abril, 2009)
La osadía de mentir ante los comisarios retrató a Lewis Hamilton y a McLaren, cuando salieron a la luz las conversaciones por radio que confirmaban el embuste. El equipo hizo responsable del asunto a Dave Ryan, director deportivo suspendido de sus funciones y enviado a casa de forma fulminante. Para limpiar la imagen del piloto no había otra que una rueda de prensa marca de la casa. Al estilo Hamilton.
El piloto ensayó su mejor cara y llegó a emocionar a los incondicionales, ingleses casi todos. En una comparecencia lacrimógena, apareció como un humilde piloto, un niño de 22 años engañado por el viejo zorro, el estratega que le instó a mentir ante los comisarios para forzar la descalificación de Trulli tras adelantar al McLaren con el coche de seguridad en la pista de Albert Park. «Cuando fui a la reunión tenía la intención de contar lo que pasó. Fui engañado, instruido por mi director de equipo para ocultar información. Pido perdón a los comisarios por hacerles pasar por tontos y perder el tiempo y a los fans que han creído en mí. Esto es lo peor que he experimentado en mi vida. Lo siento por el equipo, por Dave Ryan… No soy ningún mentiroso y ahora la gente cree que soy deshonesto. He aprendido la lección», dijo un compungido Hamilton.
