Mi realidad, tu realidad, nuestra realidad

admin (3 de Marzo, 2009)

Realidad y comunicación

“No puedo: sé que no lo comprenden, que piensan que me lo invento porque no hay ningún motivo físico que me lo impida, pero no puedo, no puedo. Dicen que está sólo en mi cabeza, que no es real, que son cosas mías… Pero no es verdad: yo siento que no puedo, sé que no puedo y ellos no lo entienden.” Durante siglos ha dominado la idea de que la realidad es algo externo a nosotros que podemos llegar a conocer en términos absolutos. Sin embargo, los avances científicos de las últimas décadas en múltiples disciplinas plantean la necesidad de abandonar esa concepción: la realidad, por supuesto, existe, pero ninguno la percibe exactamente de la misma manera. Esto se debe a que el modo en que la conocemos está condicionado por nuestros sistemas perceptivos (determinados, a su vez, por los rasgos de especie) y también por nuestro entorno físico y sociocultural.

De hecho, aunque la estructura de nuestro cerebro es básicamente igual para todos, el desarrollo de su corteza en cada uno de nosotros es único, genuino y depende de nuestras experiencias, lo cual ayuda a comprender cómo y por qué nuestras emociones y nuestro estado anímico pueden alterar el modo en que percibimos el mundo. Al igual que todos tenemos los mismos rasgos (dos ojos, nariz, boca) y sin embargo no hay dos rostros iguales, tampoco hay dos personas que perciban la realidad de un modo idéntico. Este hecho es fundamental para comprender cómo funciona la comunicación humana. No debemos olvidar que independientemente del medio que utilicemos (palabras, gestos, imágenes, etc.) lo que intentamos comunicar siempre son ideas, pensamientos o sentimientos fruto de nuestras experiencias y, por tanto, condicionados por nuestro particular modo de percibir la realidad. Por ello es necesario comprender cómo se crean esas ideas, esos significados en nuestra mente para poder explicar después cómo los comunicamos.

Desde hace más de cinco años Maite Fernández Urquiza, licenciada en Filología Hispánica y actualmente profesora ayudante en el área de Lingüística de la Universidad de Oviedo, trabaja para desarrollar un modelo teórico que explique la comunicación humana; no sólo lo que expresamos con palabras sino también el resto de fenómenos (sensaciones, impresiones, emociones, sentimientos) que transmitimos intencionadamente y que, a día de hoy, no se suelen tener en cuenta en las teorías de que disponemos, o, como mucho, se reconoce que pueden ser comunicados pero no se explica cómo. Su investigación se apoya en los resultados más relevantes de múltiples disciplinas (psicología cognitiva, neurociencia cognitiva, antropología lingüística, etc.), y los resultados que ha obtenido hasta ahora permiten no sólo afirmar, entre otras cosas, que las emociones se encuentran dentro de aquello que podemos comunicar, sino también explicar con términos precisos cómo se produce esa comunicación.

La imagen de marca

Todos estos aspectos son fundamentales para comprender fenómenos más cotidianos como, por ejemplo, los mecanismos de la mentira o el modo en que se genera y se desarrolla la imagen de marca. En relación con este último tema la investigación de Maite Fernández Urquiza muestra, por ejemplo, que la imagen de marca no depende sólo de la campaña publicitaria que la empresa despliega para que el consumidor asocie esa marca a un producto o servicio y a una serie de ideas (lujo, prestigio, fiabilidad, etc.), sino que también está determinada por la experiencia de cada consumidor. Del mismo modo que cada uno de nosotros percibe la realidad de manera distinta, cada consumidor crea en su mente una imagen diferente de esa marca fruto de su experiencia particular con esos productos.

En este ámbito, y en relación con los estudios de A.R. Damasio y la idea de la motivación, la investigación de Maite Fernández Urquiza pone de manifiesto la inexistencia de fórmulas universales capaces de motivar el consumo por sí mismas: aunque las motivaciones tengan algunas pautas generales caen, al igual que el desarrollo cortical, en el terreno de lo más individual y genuino. Por ello, aunque la investigación sociológica en publicidad y la adecuación del mensaje al grupo de consumidores potenciales contribuya a mejorar la imagen de marca, las campañas publicitarias no pueden garantizar el éxito de ventas ya que esa marca no es un simple logotipo o un nombre diseñado, sino una realidad psicológica que adopta en cada uno de nosotros una forma sutilmente distinta: mi realidad, tu realidad, nuestra realidad.

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