Me acerqué a Pola de Lena con la idea vieja aquella de Platón –creo– de que sólo ante la comparación surge el conocimiento. Dos mítines, misma planza, idéntica hora: Izquierda Unida y los socialistas, con ventaja de salida para los primeros por unidad móvil de la TPA en la puerta y mejor emplazamiento, la Casa de Cultura, tan céntrica, frente al Hotel de Asociaciones, donde la Renfe.
Por céntrico, me fui primero al de los de IU. Sorpresa, Rafa Palacios en el estrado. El antaño asturtxale de coletina y entrecejo fruncido es, hogaño –mira que es fea esta palabra–, un chaval mucho más estilizado, con posibilidades de ingresar, qué sé yo, de bongosero en la banda de Pau Donés, el de «Jarabe de Palo», por citar. Esa fue la impresión. Aunque su discurso –enérgico, militante, fuerte– contenía cargas profundas: (resumo y sintetizo, ojo, no es literal) «El PP dice que es el futuro, ¿cómo que el futuro? El mismo candidato de haz cuatro años, igual de triste. No, la derecha no va a ganar, pero…» Y aquí arrancaba con lo de no dejarle al PSOE la mayoría, «la medicina del despotismo de Areces». Estaba tan seguro Rafael de lo que decía, que ejemplificó el miedo socialista con el cambio de horario del acto del PSOE ante la coincidencia de mítines.
¿Sería posible? ¿Y Platón, el contraste? Me largué corriendo, cuestina p’arriba, hasta el Hotel de Asociaciones. Mentiras de la izquierda real. Allí estaba Hugo Morán ante un auditorio casi empatado con el IU (quizá la cosa acabó en un ochenta y cinco a ochenta a favor de los de la coalición, pero sin garantías por mi parte). Hugo, al que un conocido llamaba Sisí Nanáh (la grafía es mía) por ser tan solícito como incapaz, explicaba que llevaba viviendo 43 años en Pola de Lena a pesar de que la oposición le adjudicaba siempre grandes y lejanos patrimonios («palacios en Oviedo»).
Volví a la plaza. Entraba Laura González en su recta final –muy breve– y explicaba que IU se gasta las perras en actuar, y no en propaganda electoral. «Efectivy», donde Hugo Morán había dos libracos, plastificado, todo color, y donde IU, folletín discreto. Tras Laura, subió Ramón Argüelles, candidato local, y se puso a hablar de las piscinas, al parecer tema crucial en Lena, porque al regresar donde PSOE Hugo Morán hablaba de lo mismo. Las piscinas, lo que habían costado.
Me alegré por los de Lena. Si el debate está en las piscinas, mal no debe de ir la cosa. Iba a volver al coche a ponerme el bañador cuando, otra vez con Izquierda Unida, un Jesús Iglesias muy enérgico hablaba de los fondos mineros. A lo que entendí, eso de los fondos es un saco roto pero administrado por los socialistas a su antojo. A ti sí, a ti no. Los de IU, no. Ellos no tiran del fondo sin saco minero, ellos tiran de la pasta de sus consejerías. «La Cuencas», resumió Iglesias, «no es un problema, es un referente».
Otra carrera por la cuestina y llegué a tiempo de Javier Fernández, misma americana –idéntico pin plata– que lo que había visto en Morcín el día antes: la derecha quiere educación y sanidad privada y el votante socialista debe convencer al vecino de que hay que votar.
A la salidad, dos paisanos y sus chapas del PSOE sacaban conclusiones:
–Bueno, a ver si ganamos a estos bandidos.
–Dicen que no son la derecha… ¡A nosotros no nos engañan! ¡Claro que a los chavales…!
–Llevas razón. La chavalería… ¡nah!. Están a lo que venga.