Estaba visto
Es normal que IU de Gijón apoye el nombramiento de Santiago Carrillo como hijo predilecto de la villa de Jovellanos, ya que nunca han renegado de las dictaduras colectivistas y de sus grandes actores; es normal que el PSOE de Gijón apoye la misma iniciativa, porque el presidente del Gobierno español cuando los multiasesinatos de Paracuellos era Largo Caballero, y ahí siguen sus retratos en todas las sedes socialistas de España -en 15 días mataron en Paracuellos al doble de personas que Pinochet en 15 años, dato que indica que incluso entre los monstruos criminales hay escalas-, y es normal que, asimismo, el PP de Gijón apoye esa investidura anunciada porque, expulsados del partido los liberales y los conservadores, solo quedan socialistas de derechas y tecnócratas de bandera, y a esos les gusta o vale Carrillo lo mismo que un caramelo a un crío. Por cierto, en el PP de Oviedo se derriten ante un genocida repugnante como Fidel Castro.
Conviene decir que Carrillo está protegido por la ley de amnistía por la que tanto luchó la izquierda antifranquista. Otra cosa es que ZP y los suyos -apenas antifranquistas retrospectivos- quieran eliminarla, pero, cuidado, que no lo harán mientras viva Carrillo, porque sería procesado inmediatamente.
El caso es que el PP gijonés se acaba de asegurar el fracaso electoral en mayo. Tenían pocas posibilidades, aunque al rebufo de Álvarez-Cascos a lo mejor sonaba la flauta. Pero entronizando a Carrillo -salvo que rectifiquen de urgencia- no tienen nada que hacer, porque los liberales y los conservadores de Gijón, que no son pocos, ni tapándose la nariz van a votar a los que ahora muestran su encendida predilección por el llamado marqués de Paracuellos.
El panorama político asturiano se está clarificando a marchas forzadas con tanto error encadenado. Y los asesinados en Paracuellos no se merecen, encima, este golpe terrible a su imborrable memoria.


