Reserva india

Por Celsa Díaz (28 de Enero, 2010)

Lo que se ve es lo que se ve». La famosa frase pronunciada por Frank Stella en 1966 respecto al arte minimalista continúa siendo, a pesar de su obviedad, tan válida como entonces. Su genialidad radica en que no sólo es aplicable al quehacer artístico, sino a cualquier aspecto de lo humano.

Y se ve cómo aquellos que se proclaman nuestros representantes no se molestan ni siquiera en informar a la población de cuyos votos depende sentar sus posaderas en la poltrona política, dejando ese papel a los medios de comunicación. ¿Dónde está el señor Fernando Lastra que no se le ve el pelo por estos lares? ¿Qué hace el señor Alfonso Román aparte de soltar perogrulladas como puños? Vergonzoso resulta no sólo la tomadura de pelo respecto a los retrasos y más retrasos de la autovía de La Espina o la de la costa, sobre los que ya empieza a ser cansino incidir una vez y otra, sino la falta de consideración hacia unos ciudadanos a los que se ningunea desde todas las administraciones sin excepción.

¿Veremos por ventura un milagrero año 2011 en el que a media hora de la cita electoral seamos testigos de inauguraciones sin cuento aun a costa de que ediles, alcaldes, diputados, delegado del Gobierno e incluso al mismísimo presidente del Principado tengan que escarbar la tierra con los dientes -y no precisamente con la rabia de Miguel Hernández- y, haciendo una cadena humana, sujetar los múltiples argayos con sus propios cuerpos? (Si cinco minutos después de las elecciones se empieza a caer todo, tampoco parece importar demasiado, que no sería la primera vez).

¿Dónde están nuestros representantes (interinos) cuando una parte de sus representados, para bien o para mal, clama contra unas minas de oro cuyo devenir se decide en la Bolsa de Toronto? ¿Dónde habrá que buscarlos mientras nuestras montañas se llenan de aerogeneradores sin que se establezca con la población un debate serio y riguroso?

Desde este lugar, que empieza a parecerse demasiado a una reserva india, reclamamos dignidad y consideración. Estamos hartos de la manida excusa de la penuria económica de la zona para convertirnos en ciudadanos de segunda, mientras a costa de la venta de nuestro futuro y nuestro patrimonio natural se enriquecen bolsillos y se compran voluntades.

Y mientras con el estómago astragado, en el occidente astur contemplamos por enésima vez, atónitos por enésima vez, cómo decisiones que afectan a nuestro aire, nuestras aguas o nuestra tierra, es decir, a nuestras vidas se toman desde cualquier punto del planeta, ya sea Oviedo, Madrid o Canadá, sin que tengamos participación alguna, lo que se ve es lo que se ve. Y no hay más.

Categoría: General | Enero 2010 |

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