Anna Wintour en la Semana de la moda de NY

Por Celia Palacio Blanco (22 de Septiembre, 2009)

Desfile 2009 en Nueva York

Desfile 2009 en Nueva York

Nueva York tuvo una protagonista indiscutible estos días: la moda. La ciudad de los rascacielos y los excesos arropó, un año más, una de las semanas más carismáticas del año, la NY Fashion Week. Allí se dejó ver, la implacable y polémica redactora jefe de Vogue USA de los últimos 20 años, Anna Wintour.

La carpa principal, ubicada en el Bryant Park, recogía el trabajo de los diseñadores más influyentes de los últimos tiempos, haciendo este año una especial mención, al diseño hispano-español. Más de una docena de diseñadores procedentes de España y Latinoamérica presentaban sus colecciones para la próxima primavera 2010, haciendo del made in Spain, todo un lujo neoyorkino.

David Delfín, Custo Dalmau o Joaquín Trías, deslumbraron con su maestría del patronaje, mientas que Donna Karan, Carolina Herrera, Calvin Klein o Narciso Rodríguez, abducían al público internacional con su veteranía. Público dispuesto a olvidar, durante siete días, palabras prohibidas como recesión, depresión o crisis.

Anna Wintour: la saterdocisa de la moda americana.

La pasarela norteamericana recibió en su front row cientos de caras conocidas, pero fue Anna Wintour, redatora jefe de la revista Vogue USA, la encargada de acaparar todos los flashes de los periodistas allí congregados.

Quizás no todos hemos oído hablar de Wintour, pero seguro que sí hemos visto a una Meryl Streep, en su papel más frívolo y ambicioso, reencarnando a Miranda Priestly en “El diablo viste de Prada”

Personaje frío, deshumanizado, egoísta y obsesionado en la industria millonaria de la moda. Un personaje, que siempre se ha dicho, recogía la verdadera historia de una redactora jefe de 60 años, a la cual no le importó “pisar cabezas”en su día, para llegar donde ahora está. El hecho es que estamos ante el verdadero poder mediático de la industria textil, la verdadera voz suprema, y la única que cuenta en el mundo del diseño. Así afirmaba no hace mucho, el The New York Times, bautizando a Anna Wintour con el apodo de “Reina del hielo”

Pero ahora la noticia es que, la redactora jefe de la revista de moda más leída del mundo, se ha embarcado en su nuevo proyecto audiovisual, de la mano del realizador R. J. Cutler.

En este documental, rostros como Karl Lagerfeld, Oscar de la Renta, Philip Lim o la mismísima Anna Wintour, explican cómo el número de septiembre de Vogue 2007 llega a conseguir salir al mercado con un éxito arrollador. Hablamos del número más grande y denso de toda la historia de este tipo de periodismo especializado. Una revista que, cuando llegó a las tiendas de prensa, pesaba casi 2 kg y movió más de 300 billones de dólares. Jamás se ha conseguido batir este record.

“The September Issue” Así se llama la producción de 88 minutos que, se estrenará en nuestro país, el próximo 25 de Septiembre, y dónde esperamos Anna cuente los entresijos que se cuecen en una redacción tan poderosa como es la de Vogue (EE.UU)

Oculta en sus indispensables gafas oscuras, diáfana en vestimenta, pobre en cuanto a maquillaje y, con expresión de pocos amigos, Wintour es, y será siempre, temida, adorada y respetada por todos los mortales que viven y trabajan en el mundo del diseño. Sus ganancias son tan astronómicas, que rondan los 2 millones de dólares anuales. Dinero que recibe la redactora jefe de Vogue, por gestionar la revista. Supongo que con estas cifras no le importará demasiado los adjetivos que los periodistas pueden recoger para ella… Entra en su sueldo.

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Brick Lane: El verdadero estilo vintage

Por Celia Palacio Blanco (4 de Julio, 2009)

Tienda vintage de Brick Lane

Tienda vintage de Brick Lane

Música en vivo y edificios de ladrillo. La calle no es elegante, no es distinguida, más bien todo lo contrario, diría tiene carácter “dejado”, como el aspecto desaliñado de la gente que la habita. Aun así no debemos confundirnos, todos ellos tienen un look perfectamente estudiado.

Bicicletas robadas, puestos de comida hindú, tiendas de segunda mano, estilo vintage muy marcado, música Indie. Observo diez minutos a mi alrededor y entonces ya entiendo el por qué mi amiga Laura (estudiante del Máster Fashion Promotion del Instituto Marangoni) me ha traído aquí.

Tengo en frente a una de las fuentes de inspiración de cualquier diseñador inglés. Es aquí donde cazatalentos, estudiantes de moda y arte, y grandes fanáticos de lo “difícil de poner” y mas difícil es que te siente bien, pasan el tiempo con el fin de recrearse y compartir la moda más callejera. Es Brick Lane, el East End, el auténtico barrio retro/vintage de Londres, y os prometo, digno de ver.

Los estudiantes de diseño de moda, procedentes de todos los puntos de la ciudad, han hecho de Brick Lane su estilo de vida. La mayoría, entusiasta y anónima, diseña sus propias colecciones con el fin de sacar un pequeño beneficio económico. Pero el sueño común, y que a veces ocurre (porque ha pasado en otras ocasiones) es que algún magnate de la industria textil se acerque a su punto de venta para hablar de negocio, de pasarela. Muchos de los diseñadores que han conseguido hueco en la pasarela de la London Fashion Week, han salido de aquí, de Brick Lane.

Los más modestos se conforman con adquirir capital suficiente para montar su propia shop en el barrio. La mayoría de estas tiendas, dejan espacio para el taller en la planta baja, mientras que el shop floor se convierte en una autentica exposición de arte.

Por lo general son tiendas pequeñas, de pocos metros cuadrados, sin grandes lujos, pero con una originalidad abrumadora. Una de las más conocidas de la calle, se ha ganado esta popularidad precisamente por eso, por tratarse de una antigua carnicería reconvertida en tienda de ropa y complementos de aire retro. Aún conservan los barras de metal donde colgaban la carne (ahora cuelgan jeans), o los azulejos de cuadros, negros y blancos, típicos por entonces para este tipo de comercio.

Lo que supondría una competencia en cualquier otro escenario, donde mentes privilegiadas conviven con un objetivo común, (que algún entendido se fije en ellos), en Brick Lane es todo lo contrario. Se respira talento, pero también respeto y pasión por la profesión. Es en este punto dónde yo añadiría, el poder “amigable” que tiene un cigarro de marihuana y una cerveza. Dos indispensables, si quieres realmente hacer amigos allí.

Esto es lo que me maravilla de este sitio. Todos entienden por moda, una forma de vida, una manifestación de los sentidos, no solo es negocio, estas allí, para compartir tus inquietudes con gente como tu.

Cuando una decide venir a vivir a una de las ciudades más importantes, en cuanto a moda se refiere (y no lo digo yo, es un hecho), aparece una obsesión inmediata por aprender todos y cada uno de los estilos que conviven en armonía, en esta ciudad de culturas.

Como ya he dicho anteriormente en este espacio, me considero una gran seguidora, observadora y analista de lo que la gente llama estilo. Y no tan sólo me interesa la maestría de combinar diferentes tejidos o ropa de firma vs. mercadillo Camden Town, sino más bien la proyección, que uno elige enfocar en un momento determinado de su vida (seguramente dependiendo de las vivencias que uno haya tenido con anterioridad) y la reacción que este hecho provoca en los demás. Ese hecho, a veces casi imperceptible, es lo que sustenta y convierte a la industria de la moda, en una de las más antiguas y rentables de todos los tiempos.

Brick Lane me ha ofrecido todo lo que con anterioridad había intentado encontrar en esta ciudad. Una oda a lo diferente, a lo desencaminado, a lo no correcto, a lo antiestético y arriesgado, pero que es si no moda más que esto?

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Oriente versus Occidente

Por Celia Palacio Blanco (3 de Mayo, 2009)

YaraYara tiene 20 años. Sus rasgados ojos oscuros, perfectamente delineados con Kajol (cosmético de ojos hindú utilizado por las musulmanas), sus pestañas infinitas y sus labios gruesos obvian su belleza racial, propia del lejano oriente. Sonríe abiertamente, sin pudor, se toca la cara a menudo, cuando quiere decir algo importante, le gusta el café, los frutos secos, la música funky y, la moda londinense (aunque solo la idolatra ya que actualmente no puede utilizar nada de ella).

La tercera de cinco hermanos, y la que un día decidiese casarse con tan solo 17 años, tiene algo que la hace ser especial, muy especial para mi. Yara es una joven musulmana, de padres bengalíes, nacida en Londres. Sus raíces arraigadas y sus obligaciones en cuanto a religión, que no impuesta, pero si enseñada desde pequeña por su familia, no le impiden tener un espíritu libre, propio de su edad, y de una mente 50% occidental. Yara es el producto de unión entre Oriente y Occidente, y por eso, he querido compartirlo con todos vosotros.

No se hasta que punto os llama la atención el mundo musulmán. A mi no se por qué exactamente, pero desde pequeña me intriga profundamente. Aún recuerdo el impacto que me causó el libro, “No sin mi hija”, o los diferentes viajes que hice a países como Marruecos, Túnez o Turquía.

El misterio y la oscuridad, que envuelven al Corán, siempre han creado en mí una necesidad de saber más, de indagar en esa dirección, y por fin, tras compartir espacio laboral con una seguidora de la palabra de Alá, tengo las respuestas a muchas de mis preguntas. Yara, mi amiga y compañera, se sentó frente a mí para contarme su historia, su verdad.

Llegó el gran día. Hacia semanas que andaba detrás de ella, intentando convencerla para comer juntas, para hablar del por qué de ese pañuelo en la cabeza. Ella no tuvo reparos y acepto, encantada, a colaborar en mi nuevo reportaje. Tan solo puso dos condiciones: No quiero que se me vea la cara al completo, los ojos es suficiente… Al fin y al cabo es la parte más importante de una mujer musulmana”, para añadir a continuación “y si no te importa, me cambias el nombre. No quiero imaginar la reacción de la familia de mi marido si supiese que mi historia está en Internet”. Acepté de inmediato, pero no entendía nada. Este blog para el que escribo es de lengua española, y la familia de Yara y, la de su marido, hablan solo Bengalí e Inglés. Anyway, a las dos horas de conversación entendí por qué, y de quién, quería protegerse.

Nos sentamos en una mesa. Antes de empezar, me fijo que trae su propio sándwich de carne halal (rito recogido en el Corán donde los musulmanes solo comen carne de animales desangrados hasta su muerte). Tras hablar de las prohibiciones gastronómicas de su religión, y bromear sobre ello, Yara empieza a contarme su día a día, el por qué de su elección de contraer matrimonio tan joven, y con un chico que su madre le había escogido. El por qué de cubrirse la cabeza, y no comer durante el Ramadán.

“Es normal cuando naces mujer en Bangladesh, que tu propia familia te busque un marido adecuado, que sepa cuidarte y ofrecerte lo que necesitas. No importa si te parece atractivo o quieres pasar el resto de tu vida con él, no importa, porque la mujer no tiene elección, tan solo la familia de ésta”

En el caso de Yara, esto no es exactamente así . Su madre siempre le ha dado libertad para escoger su camino. Sabe que su hija y sus hermanos han nacido en un país de libertades, y por lo tanto, aunque ella sí es musulmana, nunca ha querido imponerles nada, tan solo orientarles y esperar que eligieran el camino de la tradición, y no el de la modernidad.

Yara aprecia a su madre, la respeta y la quiere. En su interior quiere ser británica, como podemos leer en su pasaporte, pero algo dentro de ella le impide hacerlo. El profundo respeto y adoración, que siente por los orígenes de su familia, le llevan a aceptar esa boda “no real y premeditada” con tan solo 17 años. Por entonces, ya dejaba algo claro a la familia de su futuro marido, “aún después de estar casada, quiero seguir estudiando” Inteligente afirmación, antes de dar el paso definitivo, teniendo en cuenta que el papel de la mujer musulmana no reside precisamente en una Universidad. Dejar las cosas claras, al principio, ayuda a no tener demasiados problemas en el futuro.

Es a partir de este momento cuando todo ocurre muy deprisa. A los tres meses de conocer al susodicho, ya estaba casada con él. Una boda con más de 600 invitados donde “no conocía a más de la mitad, así que me sentí un poco avergonzada de que todos me prestaran tanta atención” afirmaba Yara. En cuanto al vestido, “pesaba una barbaridad. Me pusieron oro y piedras preciosas por todas partes, incluso en la cara”. Es aquí, cuando Yara sin darse cuenta ha escogido el mundo en el que va a vivir. Su madre sonríe, ha ganado la batalla.

Sus vaqueros ajustados, las camisetas con escotes, su larga melena cortada con estilo, todo desaparece para dar la bienvenida al hijab (pañuelo en la cabeza con la cara al descubierto) y el vestido largo y negro hasta los tobillos.

El alcohol en los clubs, los cigarros en la calle con sus amigos, el ir y venir sin dar muchas explicaciones…Todo se va esfumando para Yara. Ahora toca rezar 5 veces al día, leer diariamente el Corán, pedir permiso a su marido si quiere salir a la calle, disculparse ante su familia política por tener la “descabellada idea” de quitarse el pañuelo en un área común de la casa, y no en su habitación y, bajar la mirada hacia el suelo si cualquier hombre osa a mirarla en un sitio público. Este signo, por parte de la mujer, revela con precisión “estoy casada, no me interesas” Todo un arte de comunicación no verbal.

Aún así, Yara es humana, y joven, y guapa y sin muchos prejuicios y británica y… Tras su boda, como os acabo de contar, su vida cambió a un ritmo vertiginoso. Nuestra particular reina mora anhelaba sentirse libre, de modo que en forma de protesta, tras ingerir considerables cantidades de alcohol (prohibidísimas en su religión), se dejó llevar por el encanto que desprende en el genero masculino. Apareció en una discoteca de la ciudad, con sus amigos, y sin su pañuelo. Bebió, bailó y habló con todos los chicos presentables que se le acercaban, acabando en la cama con uno de ellos. En este momento de la conversación me confiesa “Al día siguiente me sentía fatal, no sabia por qué lo había echo, yo estaba casada y sabía que estaba mal, pero me sentía libre de nuevo No sabía que decir, me había quedado sin palabras. No soy experta en el mundo musulmán, pero sí se, que en muchos de estos países es causa suficiente de muerte inmediata.

No hizo falta decir nada. Ella siguió hablando. “El acto sexual, con un hombre musulmán, dura escasos minutos”. Aterradora afirmación. Una bengalí con pañuelo en la cabeza hablándome libremente de sexo como si de la serie americana “Sex and the City” se tratara. “Los preparan desde pequeños para que las relaciones sexuales duren lo mínimo, no se debe gozar demasiado del placer, así que puedes imaginarte como me siento cuando parece que yo no tengo derecho a ello” Que puedo decir… Tan solo que me encantan las relaciones sociales de esta ciudad. Mi amiga me había sacado una sonrisa cómplice, como mujer, y como periodista.

Desde que esto sucedió, Yara vuelve a ser “una buena musulmana” Completamente centrada en su camino, y tranquila consigo misma, tras confesarle su infidelidad a su marido, y éste perdonarla “me perdonó porque también tiene mentalidad Europea, si hubiera crecido allí, me hubiera repudiado”, disfruta de nuevo de su vida, una vida con limitaciones, con duras reglas y sacrificios, pero que al fin y al cabo, ella escogió.

Sabe que es una religión, muchas veces cruel para la mujer, dónde el papel de madre y ama de casa es el adecuado, y la inteligencia y la ambición no tienen cabida. Pero como ella bien explica “es mi religión y no quiero avergonzarme de donde vengo”

Yo tampoco quiero que lo haga. Me gusta rodearme de gente como ella, que me enseñe cosas, que me haga reír, que me muestre su mundo, y a pesar de no estar de acuerdo con él, me enseñe a tolerarlo.

Ahí reside el verdadero respeto a la amistad. No cambiaría esa conversación con Yara por nada en el mundo. No cambiaría los cigarros en los descansos del trabajo a escondidas, porque su velo no es compatible con la nicotina. No cambiaría las charlas privadas por el facebook, donde me muestra fotografías con su pelo al descubierto, para sentirse más cerca de mí. Y, por supuesto, no cambiaría haberme acercado un día a ella en su primer día de trabajo para preguntarle, ¿todo va bien?

Categoría: General | Comentarios(16) | Mayo 2009 |

Londres: Hibrido entre consumo y cultura

Por Celia Palacio Blanco (6 de Abril, 2009)

El culto a la moda llega al paroxismo en Londres, donde muchos de los más importantes diseñadores de la ciudad desarrollan ideas alternativas a la hora de mostrar sus trabajos. Tras una Semana de la Moda de lo más internacional, la ciudad del Big Ben y Sherlock Holmes abre sus puertas a todo aquel que quiera descubrir un nuevo concepto de moda y cultura. Hablamos de la última exposición de Stephen Jones, bajo el nombre de “Sombreros. Una antología”, en colaboración con el museo Nacional de Arte y Diseño V&A de la capital británica. Leer el resto de la entrada »

Categoría: General | Comentarios(22) | Abril 2009 |