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Entrega de firmas
Por Antonio Ochoa (9 de Julio, 2009)
Mucho antes de que las agencias de viajes inventasen el turismo estacional ya hay constancia de que los guerreros de las tribus celtas de la zona, llegado el verano, cogían sus espadas, escudos y lanzas y se iban por esos mundos, volviendo al cabo de unos días (los que conseguían volver) cargados de historias para contar y de regalos para la familia. Esta bonita costumbre perduró en el tiempo con algunas pequeñas variaciones debidas, sobre todo, a los progresos de la ciencia. Así, la invención de la pólvora dejó obsoletas las armas blancas, que fueron reemplazadas por voladores, la invención de los autocares hizo más rápidos los trayectos y la invención de los bares de carretera hizo mucho más largas y frecuentes las paradas. Lo que antes se llamaban razias o incursiones pasaron a llamarse jiras o excursiones, pero la esencia de la tradición siguió intacta. Si preguntamos a cualquier cangués de mediana edad sobre el tema, nos explicará, con la misma emoción que sus lejanos antepasados, la cara de susto que ponían los nativos cuando empezaban a escuchar las explosiones de los voladores, las preciosas ruinas que fueron dejando a su paso, las veces que libraron de milagro de terminar en Comisaría y las que no libraron.
Y es que cuando viajan en grupo los cangueses rara vez pasan desapercibidos. Por eso espero con curiosidad el viaje que, el día 10 de este mes, la Plataforma por la Construcción del Centro de Salud de la Cortina organiza para entregar en Oviedo las firmas recogidas. Porque, aunque cuatro mil quinientas firmas son muchos folios, cualquier estudiante del instituto lleva bastante más peso en la cartera cada día. Así que, si han fletado varios autobuses será porque quieren retomar aquella tradición viajera, lo cual me parece una estupenda idea. Nada malo hay en añadir un elemento festivo a las reivindicaciones, y más en estas fechas. Pero conviene hacer las cosas bien para no desmerecer un historial hasta ahora impecable.
Para empezar, en lo que se refiere a grupos reivindicativos, el tamaño sí importa. No se estudian con el mismo interés tus reclamaciones si te presentas ante las puertas del castillo con cuatro gatos que si llevas detrás un ejército. La compañía del mensajero también forma parte del mensaje. Lo ideal sería que todos los firmantes acompañaran a su rúbrica para que no se perdiera, pero, dado que esto es imposible, convendría que fuera un buen número de autocares llenos para despejar cualquier duda, y no estaría de más correr la voz entre la numerosa colonia canguesa de Oviedo, pues seguramente estarán encantados de ir a saludar y a apoyar a sus convecinos. Pero para esto es absolutamente imprescindible recordar que se trata de una reivindicación de todos los cangueses y evitar a toda costa cualquier tentación de utilización personal o partidaria.
En cuanto al resto de las cosas que conviene saber sobre estos eventos, hay personas mucho más versadas en el tema que yo. Cualquier veterano del desfile del Día de América, de las jiras de las peñas de la pólvora o de los viajes de las peñas futboleras puede explicarles los usos, costumbres y tradiciones a respetar y los peligros y placeres que se pueden encontrar ahí afuera. Por mi parte, sólo pedirles que disfruten sin mancarse y que dejen el pabellón cangués bien alto.
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