¿Soluciones o nuevos problemas?

Por Antonio Ochoa (8 de Mayo, 2014)

Si, en general, podemos considerar que “decisión política” es sinónimo de “decisión equivocada tomada por motivos espurios”, la que ahora afecta a la enseñanza canguesa, que pretende privar al IES Cangas del Narcea de uno de sus edificios, no puede ser más “política”. De hecho, comparte dos de las “técnicas de solución de problemas” con las que nuestros mandamases nos han afligido durante estos últimos años: la de “desvestir un santo para vestir a otro” y la de “pan para hoy, hambre para mañana”.
La primera consiste en ir moviendo el problema de lugar y enfrentando a unos ciudadanos con otros, de manera que, al final, todos acaban pareciendo culpables menos aquellos que tenían la responsabilidad de arreglarlo. La segunda, en vez de cambiar el problema de sitio, lo difiere en el tiempo. Eso es lo que se les ofrece ahora a los afectados: “Tus hijos tendrán todo el espacio que quieran durante los años que les quedan en Primaria, pero tendrán que apretarse en los pasillos durante los seis años que estén en Secundaria”. ¿De verdad quieren hacernos creer que eso es lo que los padres desean?
Los que fuimos a una escuelina de pueblo, nunca aprendimos a manejar esas maravillosas herramientas modernas que son la demagogia, la manipulación y la contabilidad creativa. Tuvimos que conformarnos con la aritmética para resolver los problemas. Por ello, tendrán que perdonarme que la aplique aquí. Se han insinuado, soterradamente, razones de aprovechamiento de espacios. Los alumnos que ahora ocupan el edificio de Obanca son algo más de 200, los que se pretende subir son poco más de 100. ¿Aprovecharan mejor el espacio 100 que 200? La aritmética dice que no, las otras herramientas parece ser que dicen que sí. El IES Cangas del Narcea tiene más de 700 alumnos repartidos entre tres edificios. No existe ningún otro instituto en la zona y todos los alumnos de Cangas y Allande tienen que pasar por allí. En la villa de Cangas existen tres colegios de primaria y uno de infantil. En ninguno de ellos, salvo en el CRA Obanca, existe problema alguno de espacio. ¿De verdad puede alguien sostener que lo único que se puede hacer para mejorar la calidad de la enseñanza es amontonar a los alumnos del instituto? ¿Puede algún padre querer eso?
En estos momentos de crisis en los que una educación lo más completa posible es lo único que muchas familias podrán dejarles a sus hijos, cualquier recorte en la calidad de la educación secundaria que reciben es un recorte en sus oportunidades de futuro y no puede ser tolerado. La aritmética que Cangas necesita para solucionar sus problemas es la de sumar y multiplicar. Si permitimos que nos sigan aplicando la de dividir y restar llevando, como hasta ahora, pronto no seremos nada.

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Virtudes y defectos

Por Antonio Ochoa (29 de Enero, 2014)

A pesar de lo mucho que se esfuerzan en convencernos de que la culpa de lo que está cayendo la tienen los vicios de los españolitos de a pie, yo no acabo de creérmelo. En realidad, estoy convencido de que la culpa la tiene nuestro exceso de virtudes y, para demostrarlo, basta hacer un somero repaso.

Tenemos tanta fe que creemos que un Rey Majo nos trajo la democracia y que nos traerá más si hace falta. Creemos que los ángeles de la guarda, disfrazados de jueces, nos protegerán de los malvados sin que nosotros tengamos que hacer nada. Creemos que seres extraterrestres, venidos de otros mundos como Alemania, nos van a enseñar a ser competitivos. Tenemos tanta fe, en fin, que creemos lo que nos echen.

Tenemos, también, esperanza. Tanta, que esperamos que esos brotes que, de momento, sólo ve el Gobierno, se acaben convirtiendo en un verde pastizal para todos. Esperamos que nuestros hijos encuentren un trabajo digno y no acaben siendo esclavos del capital extranjero en esta tierra que ya no será suya. Esperamos que la empresa aguante hasta que nos jubilemos y que la Seguridad Social aguante después. Tenemos tanta esperanza, en fin, que estamos aquí sentados esperando sin hacer nada mientras la cosa se pudre.

Y no andamos escasos de caridad. Tenemos tanta que ayudamos a los que no encuentran trabajo y a los que lo pierden, a los que desahucian, a los que tienen  que buscar ayuda fuera de una sanidad pública cada vez más saturada, a los que no consiguen créditos de esos bancos que se han “rescatado”, con nuestro dinero … . Media España está ayudando a sobrevivir a la otra media. Tenemos tanta caridad, en fin, que nos olvidamos que ésta sólo es un pobre sustituto de la justicia.

De hecho, no son las flaquezas espirituales las responsables de nuestras desdichas sino las carnales o, más bien, las cárnicas. El problema, en concreto, es que somos muy poco rigurosos en el tema del oreo del embutido. Si queremos salir adelante, tenemos que empezar a colgar los chorizos cuanto antes.

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T(N)PA

Por Antonio Ochoa (28 de Octubre, 2013)

No suelo ver la tele, salvo algún documental o similar, así que no puedo decir que me cabree mucho. Pero hay ocasiones en las que te ves colocado delante de una pantalla ajena encendida y no tienes confianza suficiente para pedir que la apaguen o cambien el canal. No te queda más remedio que tragar un ratito hasta que puedas inventar alguna excusa creíble para largarte. Aunque, si se trata de huir de ciertos programas especialmente nauseabundos, no hace falta que la excusa sea creíble ni, de hecho, siquiera excusa. Estas torturas, por pasajeras, no son especialmente graves, pero hasta las pequeñas molestias llegan a indignar cuando son muy persistentes y el Tele Nodo del Principado, con sus coros y danzas y sus inauguraciones, lo es.
Será casualidad, pero cada vez que me veo abocado a disfrutar de nuestra tele autonómica sólo salen en ella personas mayores cantando o contando cosas de nuestro maravilloso y legendario pasado y políticos veteranos explicándonos lo maravilloso que será nuestro hipotético futuro gracias a ellos. Sin embargo, lo verdaderamente interesante sería lo contrario: que nuestros prebostes cantaran y nos contaran todas las trapacerías cometidas en el reciente pasado y que los ciudadanos nos explicaran cómo ven el futuro próximo gracias a ellos. Y no es que tenga nada contra la preservación y difusión de nuestra cultura tradicional, que va desapareciendo arrastrada por una crisis demográfica que, día a día, va dejando el ámbito rural con menos paisanos y más saltamontes. Cosa que, curiosamente, también sucede en al ámbito político debido a la crisis democrática: los paisanos desaparecen y los “saltaprados” proliferan.
Quizás, después de todo, nuestro Tele Nodo sea un fiel reflejo de la sociedad asturiana. Somos una población envejecida que mira al pasado, con una clase dirigente que medra en medio de la decadencia. Paisanos que se esfuerzan gratuitamente en defender las tradiciones y políticos que cobran dos veces por soltar el mismo discurso vacío: una en el parlamentín y otra en el debatín de la tele. Ninguna voz discrepante, ningún pensamiento independiente. Todos compinchados en el reparto del pastel. Nepotismo, amiguismo y demagogia. Los mediocres prosperan con su carnet o el de sus papis y los capaces se ven obligados a emigrar. Mientras haya burros, iremos a caballo.

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Brotes verdes

Por Antonio Ochoa (22 de Septiembre, 2013)

La crisis afecta mentalmente a todo el mundo, pero no por igual. Por un lado, no es lo mismo hacer malabares para llegar a fin de mes que tener que esperar milagros desde el día uno. Por otro, el sentido del humor depende de cada persona. Por eso, cada vez que un político sale hablando de “brotes verdes” genera oleadas de cachondeo e indignación por igual. Y, sin embargo, pocos de nuestros mandamases desde el inefable ZP para acá, han dejado de verlos. Pepiño los vio, Rajoy los vio, Soria los vio, todos los vieron.
“Piensan que somos idiotas”- exclaman los más ingenuos. “No lo piensan, lo saben” – murmuran los mejor informados. Todos creen que mienten con desparpajo, intentando salpicar de esmeralda nuestro gris futuro. También yo lo pensaba (lo segundo). Pero, el otro día, mientras deslizaba la mirada por el sediento paisaje, vi un rebaño de cabritos y cabritas pastando satisfechos. Allí donde yo sólo veía prados agostados, ellos parecían encontrar un vergel. No sólo engullían sin piedad las escasas hierbas resecas que quedaba, sino que descubrían inmediatamente las que empezaban a asomar y se abalanzaban sobre ellas a toda velocidad haciéndolas desaparecer en sus insaciables estómagos. Así que pensé: “Si un cabrito a ras de suelo puede descubrir un brote verde donde yo no veo nada, ¿no será un político, situado en lo alto de un ministerio y no digamos la Presidencia del Gobierno, capaz de verlos también antes que yo?”.
Claro que algunos dirán: ¿Y que tienen que ver los políticos con los cabritos? Para empezar, son demasiado grandes para el diminutivo. Debería ser un aumentativo”. Bien, no pienso entrar aquí en discusiones zoológicas ni morfológicas que podrían llevarme peligrosamente cerca de una demanda. Cada uno tendrá su opinión. Yo me guardaré la mía por si las moscas y, si piensan como yo, les aconsejo que consulten con su abogado antes de decirlo en voz alta. Pero quiero romper aquí una lanza a favor de los políticos. Yo creo que, en este asunto al menos, no mienten. Creo que realmente ven los brotes verdes y, si nosotros no llegamos a verlos, es porque ellos los ven antes.

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El paisano: una especie en peligro

Por Antonio Ochoa (31 de Julio, 2013)

Sentado en la galería de mi casa miro el paisaje de alrededor y tras cada brizna de hierba, cada matorral, cada árbol, veo la mano del hombre. La Asturias occidental debe su verde color tanto a la lluvia como al sudor de nuestros ancestros. Durante siglos, el paisano y la naturaleza fueron transformándose uno a otro para poder vivir juntos, creando un maravilloso entorno que mezcla lo doméstico con lo salvaje en la justa proporción. Ese proceso de adaptación es el que hace que el paisano, lejos de su tierra, languidezca como un árbol arrancado de sus raíces. Pero, también en sentido inverso, la tierra, sin unas manos amorosas que la acaricien, perderá irremisiblemente su identidad y su belleza.
Esto, que parece evidente, ha sido sistemáticamente obviado, tergiversado o, directamente negado, bien sea por atrevida ignorancia o por interés espurio. La maniquea imagen de la bondadosa naturaleza atacada por malvados seres humanos, que puede ser cierta donde concurren grandes intereses económicos, se trasplantó sin más aquí, donde lo que había, sobre todo, era convivencia pacífica. Gracias a eso, ahora mismo, la especie cuya población ha descendido de manera más drástica y que se encuentra en mayor extinción es el paisano. Los datos demográficos son tan esclarecedores como aterradores.
Los responsables de esta debacle, como de otras muchas, deben buscarse entre nuestros políticos. Imagínese a un individuo que, en medio de la corriente del río, lucha desesperadamente por salir y a otro que, desde la orilla, en vez de lanzarse a ayudarle o tirarle una cuerda, le da instrucciones de cómo debe nadar; que, si no lo hace exactamente como le dice, le tira piedras y que, si consigue salir a pesar de todo, se atribuye el mérito y, además, le multa por bañarse vestido. Esa es, precisamente, la actitud de clase política para con el paisano y se puede resumir en tres verbos: mentir, estorbar y exprimir. Para lo primero, se bastan solos; para lo segundo, cuentan con el apoyo de un tipo especial de “ecologistas”, los domingueros, que les votan y les ríen las gracias; para lo tercero, con la colaboración de especuladores, intermediarios abusivos y empresas que prestan servicios tan obligatorios como superfluos, que medran con el sudor a los ganaderos.
Sin duda habrá oído a algún preboste hablar de la necesidad de animar a los jóvenes a permanecer en el campo. Yo he tenido la oportunidad de seguir de cerca las peripecias de una joven pareja que quería construir una casa en su pueblo para casarse y establecerse allí. Uno esperaría que recibieran toda clase de apoyos y ayudas, pero no. La cantidad de vueltas y revueltas, papeleos inútiles, trámites absurdos y duplicados y trabas de todo tipo a que se vieron sometidos y la cantidad de dinero que hubieron de gastar antes de poner la primera piedra habrían desanimado a cualquiera que no tuviera la enorme ilusión y el temple que ellos demostraron.
Y la cosa irá a peor. Saldrán normas cada vez más estúpidas. La próxima vez que salga al monte, si le entran las ganas de orinar, ni se le ocurra ponerse sin más. Tendrá que sacar un permiso y, para ello, habrá que aportar la documentación correspondiente. Para empezar, deberá sacar un certificado de que el Ph de su pis está dentro de los parámetros legales, que le facilitará (por un precio) alguna de las empresas creadas para ello. Después tendrá que hacer un estudio de impacto ambiental para asegurarse de que la zona elegida no esté ocupada por ninguna especie endémica. Por último, habrá que comprobar en el calendario que no sea la época de apareamiento del raitán mariechu, porque dicen que se distraen con el ruido del chorrito y no se ponen a la faena. Entonces ya sólo le falta presentar todos los papeles en la Consejería de Medio Ambiente, pagar los 125 € de tasas y, en tres meses, le llegará la licencia de meada. Otro día les explicare lo que tienen que hacer para sacar el permiso para respirar hondo. Hasta entonces.

Categoría: General | Comentarios(1) | Julio 2013 |

¿Traición del subconsciente?

Por Antonio Ochoa (5 de Junio, 2013)

Ya sé que a nuestro presidente autonómico es tan difícil encontrarle la vis cómica como encontrarle haciendo algo útil para ayudarnos a superar los malos tiempos. Pero, el otro día, hablando del problema de Cudillero, me recordó terriblemente un viejo chiste sobre los lapsus. La situación pudo haber sido, más o menos, así:
“No daremos la cuchara a quien no ganó en las urnas”, dice el Sr. Fernández.
“Chissss, Sr. Presidente, lo de los alcaldes no es una cuchara, es un bastón”, le susurra un apurado asesor.
“¡Upppssss!”, murmura D. Javier, “¿En qué estaría yo pensando?”
Y eso en lo que estaba pensando nuestro presidente también me da mucho que pensar a mí. No me refiero, por supuesto, a lo obvio. No hace falta cavilar mucho para llegar a la conclusión de que los cargos políticos se han convertido en auténticos comederos. El famoso “pacto del duerno” se llama así por algo. Pero, precisamente por eso, me extraña. En los duernos se come metiendo la cabeza hasta el fondo, sin finezas y remilgos y, de hecho, así es como lo venían haciendo. ¿Pretende Don Javier hacer una apelación a los modales de sus compañeros; a su estética, ya que no a su ética? ¿Pretende invitarles a que, mientras dure la crisis, dejen de comer a puñados y usen sólo la cuchara? ¿O es que, simplemente, le traicionó el subconsciente? La curiosidad me corroe.

Categoría: General | Comentarios(0) | Junio 2013 |

Cómplices

Por Antonio Ochoa (14 de Mayo, 2013)

Parece que los ciudadanos ya hemos abierto los ojos y somos conscientes de que la corrupción es la madre de todos los demás problema; de que, además de los millones robados en comisiones, otros cientos de millones fueron despilfarrados en aeropuertos innecesarios que se construyeron sólo para poder cobrarlas; de que se ha creado una clase política parásita que nos ha llevado a la ruina y que aún nos sigue hundiendo cada vez más. Nadie duda ya de que nuestros políticos son responsables de la crisis. Pero ¡ojo! No son los únicos.
Para empezar, en todo soborno hay dos delincuentes: uno que pone la mano y otro que la llena; porque, mientras haya dinero listo para caer, siempre habrá manos listas para alargarse. Se está hablando mucho de los primeros, pero no debemos olvidarnos de los segundos, Después tenemos a los sicarios: individuos dispuestos, por cuatro perras, a hacerles el trabajo sucio a los anteriores. Ahí tenemos bancarios que les quitan sus ahorros a los más necesitados para dárselo a los más ricos, periodistas que atropellan la razón para defender a sus padrinos, defensores de la ley que miran para otro lado o colaboran cuando el que la transgrede es poderoso, funcionarios que ayudan a sus jefes en chanchullos a cambio de un ascenso y a otros muchos que no tendría espacio aquí para nombrar. Y, por último, estamos todos nosotros, cómplices por omisión, que hemos permitido que todo esto pasara y que seguimos aun quietos, esperando que algún inmerecido milagro nos saque las castañas del fuego. Este país necesita de verdad una regeneración de arriba abajo.

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Miedo

Por Antonio Ochoa (25 de Abril, 2013)

No existe más insidioso enemigo de la democracia ni mejor aliado de la dictadura que el miedo. El miedo convierte a los ciudadanos en siervos y a los dirigentes en autócratas. Y es el miedo que se respira en la sociedad española actual lo que me lleva a pensar que nuestra pobre democracia ya no está herida sino difunta.
En tiempos de Franco, expresar según qué opiniones podía dar con tus huesos en la cárcel; en estos, puede ponerte de patitas en la calle (¿Qué da más miedo, pudrirte en la cárcel sin poder ir a ningún sitio o pudrirte en la calle sin tener ningún sitio donde ir?). Entonces, salías con antecedentes penales, convertido en un paria social; ahora, te echan con antecedentes laborales, convertido en un paria económico. Ayer, eran los derechos políticos los que no convenía reivindicar; hoy, son los derechos laborales. Pero el miedo es el mismo, te atenaza lo mismo y te quita igualmente la dignidad.
El gran descubrimiento de los dirigentes patrios fue que el ruido de euros acongoja mucho más que el suido de sables. Gracias a ello, pudieron por fin engrasar las vainas militares que tantos servicios les habían prestado durante los anteriores cuarenta años y dejar que el rugido de los mercados se encargara de poner en su sitio al personal. Que no nos conformamos con que nos roben nuestros ahorros o nos chuleen nuestras conquistas sociales, pues “los mercados” hacen “GGRRRRRRRR”, baja la bolsa, sube la prima y a nosotros, los primos, nos sube el contenido de la bolsa escrotal a la garganta.
Por eso, para todos aquellos que, por su juventud, no pudieron disfrutar de la anterior dictadura, ¡bienvenidos a la nueva! Procurad aprender para que no os la vuelvan a colar. Porque, para todos nosotros que, después de haberla conocido, hemos permitido que nos acongojaran de nuevo, ya no hay esperanza.

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Estado torcido

Por Antonio Ochoa (6 de Abril, 2013)

Usted sabe lo que sucede cuando el banco le presta cien mil euros para comprar un piso y, por eso de la crisis, sólo puede devolverles cincuenta mil: le quitan el piso y todas sus posesiones presentes y futuras hasta que les devuelva todo con los intereses. ¿Y qué le sucede al banco cuando usted les presta a ellos cien mil euros para comprar preferentes, subordinadas u otras estampitas y, por eso de la crisis, no le devuelven más que cincuenta mil? ¿Les desahucian de la oficina? ¿Les embargan los fondos? Pues no. Ellos se quedan tranquilamente con su dinero y usted con un palmo de narices.
Usted sabe lo que sucede cuando intenta camuflar a Hacienda esos cientos de euros que ha ganado haciendo chapuzas: le investigan, le empapelan y le obligan a pagar el correspondiente 30% (mínimo) más la multa y los intereses. ¿Y qué les sucede a los (presuntos) chorizos que nos están chupando la sangre cuando se llevan unos cuantos millones de euros de dudoso origen a Suiza? Pues nada. Se acogen a la amnistía fiscal y por un miserable 10% pueden disfrutarlo acá, limpio y reluciente.
La justicia se representaba por una mujer sentada, con los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. El nuevo modelo que quieren imponernos sólo lleva un ojo tapado para ver los delitos de los débiles y no los de los poderosos, en vez de una balanza lleva un platillo para que depositen allí su dinero los que puedan pagarla y ya no está sentada, sino de rodillas bajo la abusiva y constante presión de la política. Conserva la espada, pero ya sólo le sirve para amenazar a la gente honrada y proteger a los ladrones. En esas condiciones el Estado deja de ser de Derecho y se va torciendo en un ángulo cada vez más pronunciado hasta que se cae. Cuando eso suceda, ya no quedará más justicia que la que cada uno se pueda tomar por su mano. Los síntomas son cada vez más claros y la cura, cada vez más difícil.

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Credulidad

Por Antonio Ochoa (7 de Marzo, 2013)

Imagínese que tiene usted una empresa en la que está vacante el puesto de gerente. Imagínese que el político regional que usted considere más honesto (o, si es el caso, menos deshonesto) se quedara sin chollo y le presentara el currículo. Teniendo en cuenta la experiencia profesional del susodicho y sus referencias, ¿pondría en sus manos el futuro de su empresa? No tengo manera de saber cuántos de ustedes han contestado que no. Por desgracia, si sé los que, hace casi un año, dijeron que si y les confiaron no sólo su futuro (lo que ya me dolería), sino también el mío (lo que me duele mucho más).
Afortunadamente, no nos han defraudado. El PSOE se ha apresurado a hacer una reedición del arecismo sin Areces (los chavistas venezolanos pueden copiar de aquí). La única diferencia es que D. Tini usaba innumerables palabras para no decir nada y D. Javier logra lo mismo con el silencio. Cuentan, por supuesto, con el apoyo de IU, que siempre está ahí para lo que se le ofrezca al señorito, y, para completar número, tienen de becario a ese señor de UPyD que aseguraba que iba limpiar la política asturiana y que ha acabado de palanganero, a cambio, eso sí, de colocar a un montón de propios como asesores y de salir cada poco en Teletini dando lecciones de ética a tanto el minuto y sin sonrojarse. Mientras, el PP y el Foro se dedican a esa alegre tradición suya de apuñalarse mutuamente, a conseguir que los capaces se harten y abandonen y a encumbrar a los mediocres, por lo que no están ni se les espera.
Y, para tenernos contentos, han montado esa divertida comisión de exculpación (investigar es otra cosa) con la que intentan demostrar que el saqueo de todos estos años no ha existido. Que sus cochazos, pisazos y millonazos los ganaron (como dice Bárcenas) porque son muy listos. Que los que robaron fueron unos pocos cabezas de turco que irán unos meses a la cárcel y luego se largarán con la pasta. ¿Conseguirán engañar a suficientes incautos como para seguir en el chollo? Pues, ¿qué quieren que les diga? A juzgar por los antecedentes, mucho me temo que sí.

Categoría: General | Comentarios(1) | Marzo 2013 |

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