Por el verde valle del Samuño

Por Ana Paz Paredes (3 de Diciembre, 2009)

ASTURIAS EN LAS MANOS/ La creadora textil Susana Suárez recomienda recorrer la “senda de los molinos”, de gran belleza paisajística y que parte de la localidad langreana de La Nueva

Susana Suárez, creadora textil y natural de La Felguera, donde reside, es conocida dentro y fuera de Asturias por ser una de las pocas artesanas que, en el Principado, está especializada en la decoración de tejidos con pintura sobre seda. Mujer inquieta y amante de las artes plásticas, antes de dedicarse de pleno a este trabajo realizó cursos de restauración y ebanistería pero, tras descubrir esta actividad, y realizar un curso en Madrid, la convirtió en su profesión, que ejerce con éxito desde hace unos ocho años.

Como el pintor que inunda de color un lienzo, esta artesana le da vida a su obra, siguiendo diversas técnicas, tras tensar en un bastidor un nuevo trozo de seda blanca, ese cálido, suave y apreciado tejido que terminará siendo un pañuelo, un abanico o un bolso donde sus dibujos, tanto los geométricos como las espectaculares y personalizadas reproducciones del prerrománico asturiano, identifican sin duda alguna estos trabajos con la firma de Susana Suárez.

Ella, que tiene entre los colores al verde como uno de sus favoritos, es una asidua, en su concejo natal, de la «senda de los molinos», y así nos acompaña de nuevo en este recorrido que parte desde La Felguera por la AS-117 para, tras llegar a Ciaño, girar a la derecha por la LA-7 en dirección a La Nueva, localidad de la que parte la senda. Una vez dejado el coche en el aparcamiento del pueblo, se camina por la carretera hasta llegar a una curva, a la derecha, donde además de «admirar», en vivo y en directo, unos estupendos pitos de caleya en el gallinero de un vecino local, se descubre, al fondo, los indicadores del río y de los molinos.

Es todo un espectáculo dejar atrás el castillete del pozo San Luis, en proceso de rehabilitación como parte del futuro ecomuseo de esta zona langreana, para adentrarse en un completo estallido de piedra, verdes y agua. Allí, los helechos y los árboles abrazan al viajero y le animan a disfrutar de tanta belleza en uno de los rincones más peculiares del valle del Samuño, el río que nos acompaña y nos muestra algunos molinos, ahora silenciosos y tomados por el musgo y por una humedad que deja sus primeras setas en la madera de la barandilla en la que nos apoyamos.


Tras unos cuatro kilómetros, el camino finaliza en la pequeña aldea de Pumarón de Abajo. Tres horas y media (ida y vuelta) para no dejarse ningún verde en el tintero.

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NO PERDERSE….

  • Visitar el Museo de la Siderurgia (MUSI). El centro de recepción de visitantes se encuentra en el interior de una impresionante torre de refrigeración que forma parte de la antigua fábrica de La Felguera. Organizan, además, rutas guiadas por la arqueología industrial del Valle del Nalón.
  • Recomendable igualmente la visita a la pinacoteca Eduardo Úrculo, que ocupa las dependencias del antiguo macelo.
  • Para comer, en La Nueva, el bar Casa Joaquina sorprenderá a más de uno, no sólo por su peculiar y particularísima decoración (no se olviden de mirar también al techo), sino por su cordero a la estaca (por encargo), los tortos con picadillo o el “plato minero”. La sidra, por cierto, estupenda.
  • El hotel-restaurante Peña L´Agua, en Pampiedra, oferta unas habitaciones decoradas cada una con gusto, calidez y personalidad propia en un entorno envidiable. 65 euros la habitación doble. Cuenta también con carta y menú.

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(Pies de foto).- Arriba, Susana Suárez trabajando en su taller. El resto de las imágenes son el paisaje de la senda y parte de la obra de esta artesana: pañuelo de seda pintado, abanicos y una tapicería creada para el sillón que se muestra, inspirada en el libro “El Principito”. También, el castillete del pozo San Luis y la propia Susana Suárez reflejada en una señal de tráfico, a la entrada de la senda. Más abajo, en las recomendaciones, detalle de la fachada de una casa en La Nueva y otras casas vistas desde la entrada al bar Casa Joaquina).

Más información sobre su trabajo en http:// www.susanasuarez.com

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(PD).- Susana Suárez quedó finalista de los IV Premios Nacionales de Artesanía 2009, promovido por Fundesarte y convocados por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. El premio, que la artesana recogió en Madrid a mediados del pasado mes de noviembre, se le concedió por su colección de prendas en seda natural titulada “Prerrománica”, habiendose inspirado para su creación en algunos elementos decorativos de Santa Cristina de Lena y San Miguel de Lillo.

Correo electrónico: crucedecaleyas@epi.es

Categoría: Asturias en las manos | Comentarios(3) | Diciembre 2009 |

Museo de Porrúa: Una trona para tres

Por Ana Paz Paredes (25 de Noviembre, 2009)

Déjame que te cuente.Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: MUSEO ETNOGRÁFICO DE PORRÚA (LLANES)

Una trona para tres

Ramón Cantero Riesgo, natural de Porrúa, en Llanes, era un hombre serio pero cariñoso, que no está reñida una cosa con la otra, dicen sus hijas, Marta, Geni y Rosa Luz. Falleció el 6 de noviembre de 2008 a los 95 años, dejando viuda a su mujer, Ángeles Quintana, e inacabada su libreta, la última que había comprado y en la que, junto a otras tantas, iba desgranando sus recuerdos del pasado, sobre todo lo que vivió durante la Guerra Civil, además de ejercitar la memoria escribiendo, con admirable tesón, sobre las cosas más cotidianas, como por ejemplo los días del mes: «Ya terminó mayo. Hoy empieza junio. Voy a ver si escribo el mes entero. Lunes 1. Martes 2. Miércoles 3…».

Apenas tuvo tiempo de ir a la escuela, pero eso nunca le impidió aprender, a base de constancia, a leer y a escribir, afición que compartía con el trabajo de la madera cuando el campo y el ganado le dejaban libre algún instante. «Era muy trabajador, mucho», dice Rosa Luz, y a renglón seguido añade: «Qué pena que no haya venido antes. Mi padre siempre tuvo gana de hablar con algún periodista, le encantaba escribir». Hoy, a través del emotivo recuerdo de sus hijas y gracias a uno de sus trabajos en carpintería, Ramón Cantero es noticia por ser quien fue, ese asturiano que con su hermano Ismael construyó una de las tronas más curiosas que se puedan contemplar en cualquier colección etnográfica del Principado, y que hoy sorprende a los visitantes del Museo Etnográfico de Porrúa, donde se exhibe dentro de la muestra que reproduce el interior de una típica casa de la zona.

Ramón Cantero gustaba de trabajar la madera con su hermano Ismael. Juntos realizaron varias obras, una de las cuales fue la curiosa trona que en principio fue destinada al hijo de Ismael y, posteriormente, y según fueron llegando, a Rosa Luz, Victoria Eugenia y Marta, las tres hijas de Ramón. En ella se sentaron muchas veces, aunque ellas casi ni se acuerden, y en ella fueron alimentadas otras tantas por su madre, Ángeles Quintana. Con el paso de los años, y una vez ya mayores, la trona fue a parar al desván. «Es curioso, a veces no le damos importancia a lo que tenemos hasta que lo perdemos o alguien nos lo recuerda», señala con referencia a esta trona Marta Cantero, mientras que Geni añade que su padre llegó a realizar encargos en madera para algunos vecinos y que contaba con un torno bastante importante.

Cuando el museo abrió sus puertas las hermanas decidieron aportar, sin que lo supiera su padre y pensando que se había olvidado de ella, la trona que les había construido. Sin embargo, cierto día en que éste acudió al desván, se percató de que algo faltaba. «Se disgustó un poco cuando le dijimos que la habíamos dado al museo, no entendía por qué», dice Marta, y para explicarle nuestra decisión, cuando se le pasó un poco el enfado, «le llevamos al museo para que la viera en su entorno», añade Rosa Luz.

En ese instante en que Ramón Cantero se reencontró con la trona, colocada en el lugar que reproduce la cocina de una casa de la zona, compartiendo espacio con los recuerdos materiales donados por otros tantos asturianos, no sólo lo comprendió todo, sino que se emocionó hasta rozar el llanto. «Fue un día muy especial, le llevé engañado y al final verle tan feliz nos conmovió tremendamente a todos», dice Marta.

En la penumbra del día, iluminada por una luz de tormenta otoñal, la trona recuerda, en silencio y desde su rincón, a su autor. Hay mucho amor en su madera y es tan sutil la ternura que causa en quien la observa que parece que el paso del tiempo aún la hace más hermosa. No sé cómo terminaría este artículo Ramón Cantero. Igual en su libreta azul de páginas pautadas habría escrito algo parecido a «sábado, 7 de noviembre. Vino una periodista y me preguntó por la trona. Hablamos toda la tarde».

Los años de la trashumancia

Entre los momentos más gratos en la vida de Ramón Cantero se encuentran los años en que, llegado el buen tiempo, subían al monte. «Mi padre siempre recordaba aquellos años de trashumancia con alegría, cuando íbamos todos, mis padres, nosotras y los animales incluidos, a los pastos altos, donde estaban las cabañas, y allí pasábamos el verano», dice Victoria Eugenia, «Geni».El Museo Etnográfico de Porrúa ofrece a los visitantes una amplia información sobre cómo estaba organizada la familia llanisca, el pastoreo trashumante, los tejeros, las fiestas y la elaboración del queso y la mantequilla, entre otros aspectos. Concretamente, y respecto al pastoreo trashumante, dice que en abril «la familia al completo se desplaza del pueblo a la montaña, a las tierras comunales del Monte y Cuera, junto con sus animales, para residir hasta octubre en pequeñas cabañas de piedra. Entre otras actividades, se pastoreaba a los animales y se elaboraba queso y manteca que semanalmente se bajaba a los mercados de la zona. Hombres, mujeres y niños llevaban a cabo diferentes tareas según sexo y edad, aunque finalmente buena parte del trabajo recaía en las mujeres, que, además de hacer el queso y la manteca, tenían que llevarlo al mercado, cuidar a los hijos y la cabaña y también ayudar en las tareas que fueran necesarias».

A lo largo del siglo XX todo cambió. Las ovejas y las vacas roxas fueron desplazadas por las pintas u holandesas, que daban más leche. De igual forma, el cambio en la estructura familiar, tras la Guerra Civil, y la nueva oleada de emigración a Venezuela «abocó casi a la desaparición de la trashumancia, siendo cada vez menos los que subían al monte a pastorear, una actividad que cesó a finales de los años ochenta».

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Museo Etnográfico de Porrúa (Llanes)

Ubicación: Porrúa, Llanes. Su creación fue resultado de la donación de la finca y la casa de Llacín al pueblo de Porrúa por el matrimonio formado por Teresa Sordo y Luis Haces, porruanos y residentes en México. Se inauguró el 10 de julio del año 2000.

Contenido: Colección etnográfica representativa de la vida tradicional del oriente de Asturias. Se exponen objetos relacionados con el trabajo y la vida rural (tierras de labor, en el monte, el lavadero, la escuela, etcétera) y cuenta con salas dedicadas a mostrar ambientes como la cuadra, el lagar, la casa con sus dependencias, además de exposiciones temáticas como la de los tejeros, los oficios, los procesos textiles y los aperos agrícolas, entre otras.

Horario: Invierno. De 11.00 a 13.30 y de 17.00 a 19.00, de martes a sábado. Domingos y festivos, de 12.00 a 14.00 y 17.00 a 19.00. Lunes, cerrado. Martes, entrada gratuita. Grupos escolares, previa cita.

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(Pies de foto): La trona realizada por Ramón Cantero Riesgo que aparece, en el artículo, junto a su obra, en una de sus últimas imágenes. La entrada al museo; un detalle de los objetos que se exponen y las hijas del protagonista de esta historia: En la imagen, y de izquierda a derecha, Rosa Luz, Marta y Victoria Eugenia Cantero Riesgo, destinatarias de la trona en su infancia, posan en el exterior de la casa familiar en Porrúa. Las fotos que ilustran el apartado del museo reflejan un aspecto de su colorido exterior y la exposición que recoge el lavado de la ropa por las mujeres en el río con la tabla de lavar y el jabón. La segunda imagen, con colores llamativos, está tratada tras fotografiar el original que se encuentra en una de las paredes del museo, en grandes dimensiones, y que refleja el duro trabajo y la dura vida de los tejeros de Llanes.

Correo electrónico: crucedecaleyas@epi.es

Categoría: General | Comentarios(1) | Noviembre 2009 |

Grandas de Salime, un paraíso en la niebla

Por Ana Paz Paredes (21 de Noviembre, 2009)

ASTURIAS EN LAS MANOS/ El artesano, restaurador y “cunqueiro” Arturo Iglesias Martínez recomienda realizar la ruta de los entornos de Grandas, donde el encuentro de los ríos Navia y Oro, el bosque y la vista del embalse sorprenden al visitante.

Asturias regala, a veces, días espectaculares en otoño. Cuando el aire frío comparte espacio con un cielo huérfano de nubes y una luz impensable en noviembre, es cuando hay que animarse, aún más, a conocer y disfrutar de las rutas que discurren por el concejo de Grandas de Salime.

Así lo aconseja el artesano y restaurador Arturo Iglesias Martínez, que desarrolla su trabajo en el Museo Etnográfico ubicado en la capital del concejo. Él aprendió este trabajo, hace unos 25 años, de manos de quien considera «el último cunqueiro», un hombre natural de Ibias. Los cunqueiros, un oficio ambulante y ya desaparecido, realizaban en madera, con el torno de medio vuelta o de pedal, la vajilla y los utensilios del hogar que luego vendían por pueblos, principalmente, del occidente asturiano. El cacho, utilizado para beber el vino, es una de las piezas más conocidas.

Capaz de rehabilitar lo que se proponga, este artesano lleva unos 20 años sorprendiendo con sus creaciones, donde conjuga la sobriedad y pureza del estilo inicial, con detalles y acabados propios. Así, las piezas más claras están hechas en abedul y fresno, mientras que las más oscuras surgen de madera de castaño envejecida. La riladeira, la mazadeira, el arameño y la canada son algunas de sus piezas más representativas.

Enamorado de su concejo, Arturo Iglesias invita a todos los amantes del senderismo a realizar la ruta de los entornos de Grandas. Esta ruta circular puede realizarse a pie o en bicicleta. Se inicia cerca del Museo Etnográfico. Hay que subir por la pista que sigue el Camino de Santiago para luego desviarse a la derecha para ir ascendiendo por el monte Coto, a cuya cima se llega atravesando un camino arbolado.

Desde arriba se contempla el encuentro de los ríos Navia y Oro, en el embalse de Salime, y el cerro de La Curula. Por la misma pista se baja al valle que forma el arroyo de A Casía y, tras un breve trecho, se llega al pueblo de Robledo. De aquí se puede acortar la ruta volviendo a Grandas, primero por la carretera y mas tarde por la pista que llega hasta el barrio del Villar. En total, la duración del trayecto es de dos horas y media, ida y vuelta.

En medio de un impresionante lago de niebla matinal en donde la luz esculpe los perfiles del horizonte, las tierras grandalesas se despiertan casi flotando ante nuestra mirada, asombrada y agradecida por ese irrepetible instante de tanta belleza; una sensación que bien se puede resumir en estos versos de Alejandro Casona: «Rodando por el monte / bajó la niebla al campo. / Se enredó en las aliagas, / se despeinó en los álamos, / se prendió en los espinos, / se recostó en los pastos. Dejó todo el paisaje / con los ojos vendados».

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NO PERDERSE…..

  • Imprescindible la visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime, hoy una realidad gracias al tesón y al empeño de Pepe el Ferreiro y de la gente que con él trabaja día a día. Para más información llamar al 985627243 o también en su pagina http://www.museodegrandas.com
  • Los amantes de la cultura castreña tienen otra visita imprescindible en el Chao San Martín. El castro y el museo se visitan de forma separada por lo que es conveniente tomar nota de los horarios. Para más información llamar al 985627143 o bien consultar en http://www.chaosanmartin.es
  • Los que gustan de conocer pueblos con encanto tienen casi una obligación ineludible con descubrir el pueblo de Santo o San Emiliano que, aunque pertenece al vecino concejo de Allande, está apenas a 8 kilómetros de Grandas. Sorprendentemente bello lugar. Desde sus hórreos, construcciones y callejuelas, a su iglesa o el emparrado que cubre parte de sus construcciones, dejará a su cámara de fotos agotada. No lo dejen para otro día, que se van a arrepentir.
  • Para comer y en Grandas capital, el Bar-Pensión Arreigada ofrece un menú sabroso y bien cocinado a unos 9 euros. La carne guisada, de chuparse los dedos, y la menestra, como la ponía mi abuela (con su huevín cocido incluído). A destacar la amabilidad de su camarera, que a pesar de llevar tanto plato en las manos, nunca le faltaba una sonrisa para el comensal. Para comer tambien está La Barra. Su dueño, también atento y rápido en el servicio, oferta un menú a 9 euros con 3 platos a elegir en primeros, segundos y terceros. Afamado es el pulpo que cocinan en el Bar Benjamín (Palmira), y también en el Bar Occidente, así como el churrasco que preparan en el Bar La Parrilla.
  • Para dormir en Grandas capital, y además del albergue habilitado en los bajos del Ayuntamiento para los peregrinos que realizan el Camino de Santiago, están tanto la Pensión Arraigada, con habitaciones sencillas a buen precio, como el Hotel La Barra, de dos estrellas. Extrema limpieza en sus habitaciones, cálidas y calentitas (en ningún momento deja de funcionar la calefacción), con TV y bien equipadas en su baño (a destacar su secador de pelo), a un precio sorprendente.
  • Quieres quieran visitar el interior de las instalaciones del salto de la presa de Grandas de Salime, conocer su sala de máquinas y admirar los murales realizados por Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, se realiza una visita guiada semanal. Para concertarla y solicitar más información, llamar al 985627001.

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(Pies de foto): Las imágenes que ilustran este artículo recogen al artesano Arturo Iglesias, trabajando, así como algunas de las piezas que elabora. También puede observarse el embalse de Grandas y un árbol iluminado por el sol en una de sus orillas, así como un jilguero posado sobre la techumbre de un hórreo a la entrada del Museo Etnográfico así como la niebla, en distintos momentos de la mañana, sobre los valles grandaleses. Las fotos que acompañan al “no perderse” corresponden a la información a la que se refieren.

Fotos: Ana P. Paredes

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Nota  A las personas que, en Grandas de Salime, contribuyeron a mostrarme lugares de un concejo inesperadamente bello y aún bastante desconocido para los propios asturianos, muchas gracias. Gracias por vuestra calidez y generosidad. La última foto de niebla y verde de este reportaje, con permiso de los lectores, va por vosotros.

Categoría: Asturias en las manos | Comentarios(2) | Noviembre 2009 |

Museo del Oro: historia de un hallazgo

Por Ana Paz Paredes (13 de Noviembre, 2009)

DÉJAME QUE TE CUENTE.…Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: Museo del Oro de Navelgas (Tineo)

El bateador asombrado

El 22 de julio de 2001 amaneció en Navelgas (Tineo) como tantos días de aquel verano. Asturias, que es caprichosa en cuestión de nubes y claros, de lluvia y sequía, había sido generosa y ofrecía, a propios y extraños, un clima delicioso que invitaba a sidra fresca al mediodía o bien a perderse por el río buscando, bajo el agua fría, un poco de oro que echarse a la batea.

Enrique Sanfiz Fernández, nieto de uno de los más populares vecinos de Navelgas, iniciador éste de la búsqueda de oro en el concejo de Tineo y cuyos hijos siguieron su estela hasta hoy, salió como cada mañana en compañía de su amigo Joaquín Paredes, camino de La Silva, una zona del río Navelgas «metida monte abajo, donde hay una fuente muy encajonada», pertrechado de todos sus aperos de bateo: pala, criba, barra y batea.

Desde que tenía 9 años, y tras haber tenido como maestro a su abuelo, también llamado Enrique, nada le satisfacía más a este tinetense que salir a la fresca de la mañana y perderse por el monte siguiendo el cauce del río que le invitaba, junto a su compañero, a remover su lecho a la búsqueda del cristalino, por el agua, brillo del oro, apenas visible en el tamaño de una cabeza de alfiler o incluso de partículas apenas perceptibles al ojo humano no habituado a la batea.

Después de unas tres horas de afanoso trabajo y tras sacar de la poza un nuevo cubo, Enrique Sanfiz metió la pala en su interior y lo primero que vio fue una «pequeña punta dorada. Cuando tiré de ella y me encontré con aquella enorme pepita, la emoción fue muy grande, me puse a pegar voces, “¡Mi madre, carajo, qué impresión!”», afirma este hombre de 38 años que, en 2009, aún se sigue asombrando de haber encontrado, como quien dice a la vuelta de su casa, semejante tesoro: una pepita de oro de 24 quilates y de 27,8 gramos de peso. Probablemente la más grande hallada en España hasta el momento.

Han pasado ocho años y Enrique Sanfiz Fernández, uno de los mejores bateadores de oro del mundo, como ha demostrado en los campeonatos en los que ha participado, sigue emocionándose al recordar aquel instante. En la actualidad una réplica de esta pepita, que parece, si se mira con detalle, como la mitad de una galleta plana, se encuentra expuesta en el Museo del Oro en Navelgas (Tineo), un centro en cuyas salas el visitante encontrará amplia información sobre cuanto tiene que ver con la lucha del hombre por arrancarle a la tierra, a lo largo de los siglos, el dorado metal.

Una leyenda “con avaricia”

No podríamos finalizar esta historia sin contar la leyenda que los más viejos del lugar comentan a veces sobre «el trozo que le falta» a la famosa pepita de oro que encontró Sanfiz. Así, dicen que en los años veinte, un caminero de Navelgas halló en una cuneta una pepita de oro de gran tamaño que fue regalada al marqués de Lema, diputado por Tineo. Este hecho desempolvó una leyenda que se inicia en la Cueva de la Mora, perteneciente a una vieja explotación aurífera romana.

Así dicen que un pastor que perdió una de sus ovejas en el monte de Entrepeñas, tras llevar horas buscándola, la localizó en una cueva que estaba tapada por la maleza. Allí vio, además de al animal perdido, unos objetos que brillaban con dorados destellos, por lo que, además de la oveja, los cogió y se los llevó para casa. Tras mostrárselos a su mujer, ésta, cegada por la avaricia y aunque el pastor se negaba en principio a volver a la cueva, ambos regresaron una noche a la misma sin que, nunca más, se volviera a saber nada de su paradero.

Pasado el tiempo, otro pastor contó en el pueblo que había encontrado, sentado a la boca de la cueva, a un viejo con una barba larga y blanca. Éste le dijo que, por culpa de su avaricia, hombre y mujer fueron convertidos en fauno y xana y que, desde entonces, vagaban perdidos y solos por fuentes y bosques llevando cada uno una gran pepita plana de oro en forma de galleta partida en dos. El viejo de la barba también dijo que el encantamiento sólo se rompería cuando algún lugareño encontrase ambas partes y las uniera.

Hay quien dice que, bien mirada, la pepita de oro que halló Enrique Sanfiz aquel 22 de julio de 2001 parece la mitad de una galleta plana…

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Museo del Oro (MOA)

Ubicación: Navelgas, Tineo.

Contenido: Ocupa una casa solariega de tres pisos. «El oro como símbolo», «El oro en Navelgas», «El significado del oro en la comarca», «El utillaje del oro» y «El bateo en la comarca» son las salas en las que el visitante conoce, a fondo, el mundo del oro.

Horario: Temporada alta (Semana Santa, del 1 de julio al 15 de septiembre y puentes), abierto de martes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. El resto del año el cierre es a las 19.00 horas. Los domingos está abierto de 11.00 a 14.00 horas. Domingos por la tarde y los lunes, cerrado.

(Pies de foto: Arriba, Enrique Sanfiz muestra la pepita. Debajo, su tamaño comparado con una moneda de un euro. La tercera imagen es una reproducción de una máscara azteca que se muestra en una de las salas del MOA, y exterior del edificio, ubicado en Navelgas).

Museo Marítimo de Luanco: la historia de “La Bañugera”

Por Ana Paz Paredes (20 de Octubre, 2009)

DÉJAME QUE TE CUENTE... Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: Museo Marítimo de Luanco.

SIN VIENTO EN LA VELA

Atracada «en batería» en el interior del Museo Marítimo de Luanco –un lugar del mundo en el que el visitante «camina sobre la mar»–, su vela enorme y llena de heridas de salitre y de viento casi parece que se hincha empujada por la imaginación de quien la contempla. Sin embargo, no hay brisa ni viento. No hay ventanas abiertas ni corrientes de aire que la hagan bailar. Tal parece que el tiempo detenido ha esculpido en escayola las perfectas ondas de su tela, abierta como un abrazo de gigante que no puede cerrar sus brazos extendidos para siempre. Esta vela es parte del alma de «La Bañuguera», una embarcación que nació en 1927 y que fue el medio de vida y sustento para varios pescadores de Bañugues durante los difíciles y duros años de principios del siglo XX. Concretamente a partir de 1930.

Recién pintada y con su peculiar motor de tres caballos de marca Yeregui colocado en el exterior, dentro de una urna de cristal para que pueda ser observada por el visitante, «La Bañuguera» sabe bien de la extrema dureza del trabajo de la mar, sobre todo pensando en aquellos años en que navegaba por el Cantábrico, por aquel entonces con seis tripulantes a bordo. Cuenta el director del museo, José Ramón García, que en esta embarcación de 1,70 de manga, 6,90 de eslora y 0,76 de puntal partían los seis pescadores de Bañugues hacia la Estaca de Bares, el punto más septentrional de la península Ibérica, en Galicia, a buscar diversos tipos de marisco.El largo y duro viaje se repitió muchas veces en el tiempo y, como era imposible realizarlo en una jornada, los pescadores hacían noche en el puerto de Viavélez, en el concejo de El Franco. Allí dormían, buscando el calor de unos cuerpos contra otros, en una embarcación que al mismo tiempo era su casa, intentando descansar a la espera de poner rumbo a tierras gallegas, refugiándose del frío y de la lluvia cubiertos únicamente por la vela.
Como dice el director del museo luanquín, «La Bañuguera», como tantas otras embarcaciones de pesca asturiana de principios de siglo, «es un ejemplo más de la lucha por la supervivencia en Asturias en unos años de extrema pobreza, y aún más en el caso del sector pesquero en todo el norte del país».
Los herederos de Julián García Fresno, que guardaron la embarcación años después de dejar de salir a la mar –uno de los motivos por los cuales se encuentra en tan buen estado– la donaron al Museo Marítimo de Luanco en el año 2004. Gracias a ellos conocemos su historia.
Hoy, y en medio de ese mar detenido en el tiempo que bien se puede pisar cuando se acude al Museo Marítimo de Luanco, «La Bañuguera» impone respeto y admiración a quien la contempla. Sin viento en la vela, navega sin embargo por el mar de la memoria compartida, contra la que nada pueden todas las galernas del olvido.


Los rapaces de lancha

Algunos libros sobre el mundo de la mar y la pesca en Asturias se refieren a la figura de los «rapaces de lancha», niños de entre 9 y 12 años entre cuyas tareas tenían la de ir llamando casa por casa para despertar a los pescadores para salir a la mar. Cabe recordar que en el Archivo Histórico Municipal de Gozón se conserva un bando, que data de 1851, que reza lo siguiente: «Los muchachos de las lanchas besugueras que acostumbran a llamar a los tripulantes a la una y a las dos de la noche, tocando bígaros y otros instrumentos, sufrirán el arresto de dos horas si después de haberles llamado por espacio de una hora continuasen incomodando a las poblaciones con los mencionados bígaros». Así lo recoge Toño Cuervo Rodríguez en su artículo «Aprendices del mar», del libro «Asturias y la mar», editado por LA NUEVA ESPAÑA en 2006.
Así señala este autor que «en Luanco, en la primera mitad del siglo XIX, despertaban tanto a pescadores como al resto de los vecinos con el estruendoso ruido del soplar de caracolas (turullos), a las que previamente se les realizaba una apertura en su vértice. Cada rapaz tenía que avisar, uno a uno, a la tripulación de su embarcación». Ni que decir tiene que, entre la chiquillería local, ser rapaz de lancha era todo un motivo de orgullo.

El Museo Marítimo de Luanco

Ubicación: Se encuentra en Luanco, en una institución integrada en la Fundación Cultural del Ayuntamiento de Gozón. Fundado en 1948, es el decano de los museos asturianos.

Contenido: Dedicado a la catalogación, recogida, estudio y exposición de todo tipo de materiales y documentos relacionados con la actividad marítima. Los fondos museográficos están divididos en cuatro secciones: carpintería de ribera (durante años una actividad en casi todos los puertos asturianos y hoy en vías de extinción); biología marina, pesca tradicional e historia de la navegación. A todo ello hay que añadir colecciones de iconografía marítima como artes industriales (en vidrio, porcelana, plata, marfil) y otras exposiciones puntuales.

Horario: De 11.00 a 14.00 y 17.00 a 20.00 horas. Lunes cerrado. Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 horas.

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(Pies de foto): Arriba, la embarcación “La Bañuguera” en el Museo Maritimo de Luanco; el motor de la embarcación, expuesto al público bajo un cristal; timón de una embarcación, fósiles marinos y vista del mar desde una de las cristaleras del museo, en Luanco.

Por los acantilados de Tapia

Por Ana Paz Paredes (10 de Octubre, 2009)

ASTURIAS EN LAS MANOS/ El ceramista Javier Cancio recomienda realizar lel tramo de ruta costera comprendida entre las playas de Los Campos y La Paloma, donde se encuentra el inexcavado castro del Esteiro, habitado por el pueblo de los cibarcos.

Al artesano ceramista Javier Cancio le gusta mucho la historia de su tierra, Asturias. Se le nota, no sólo cuando habla de ello, sobre todo es evidente cuando muestra sus trabajos. Su taller está poblado, entre otras obras, de vasijas castreñas, diseños celtas y ventanas prerrománicas, sin olvidar el primer trabajo de su hijo Martín, de 7 años, una pequeña casita blanca donde apenas asoma una ventana, y que reina inocente sobre un estante de su taller en Tapia de Casariego.

Cancio se inició en la cerámica hace 16 años. «Estaba en paro y me inscribí en un par de cursos que se impartían en Taramundi». Al principio hizo muchas vasijas, ventanas viejas, puertas y paisajes. «Luego, me cansé», añade, y entonces comenzó a realizar las reproducciones del Prerrománico que le han dado fama dentro y fuera del Principado. Pero también le gusta innovar, y ello no le impide buscar otras formas, -como si fuera un alquimista del barro y del agua-, y realizar, por ejemplo, diversas esculturas con esmaltes propios.

Este vegadense es un enamorado de la costa occidental asturiana y, sobremanera, de la cultura castreña, por eso recomienda a los viajeros realizar un preciosa ruta, por la zona litoral de Tapia de Casariego, donde se combina la historia y la belleza del paisaje. Así, recomienda salir de la playa urbana de Los Campos, en Tapia, en dirección la Xungueira para, bordeando la costa, ir hasta la playa de la Paloma. Allí, cerca, se encuentra el castro del Esteiro, que fue habitado por la tribu celta de los cibarcos.

Según los historiadores, es uno de los más representativos poblados fortificados de la costa, con cuatro recintos defensivos y tres fosos. En 1970 se descubrieron varias casas y una choza circular. El castro fue cubierto y actualmente lo que puede ver el visitante son prados sobre el acantilado. Bajo sus pies, está la historia, y no en superficie, por eso resulta tan difícil encontrarlo (e imaginarlo), aunque esté indicado. Más adelante está otro castro, el del Campón y, a continuación, la playa de Serantes desde donde, en marea baja, se puede cruzar hasta la preciosa playa de Mixota, frecuentada por los amantes del nudismo.

Un poco más allá, siguiendo por caminos a los que asoman casas diseminadas y extensos maizales, la carretera nos lleva hasta Santa Gadea y su playa, desde donde se ven los islotes As Pantorgas, que cuentan con abundante población de aves marinas. El mejor final es llegar hasta la playa de Peñarronda, impresionante monumento natural, y en cuyas dunas crece, -a ver si lo encuentran-, el alhelí de Mahón.

(Pies de foto).- Arriba, Javier Cancio en su taller, con una de sus obras menos conocidas. Debajo, reproducción de una vasija castreña del artista junto con la “primera obra” de su hijo de 7 años, que asemeja una pequeña casa, realizada en arcilla blanca. Debajo, dos de sus más conocidas reproducciones del arte prerromanico asturiano; señalización del castro del Esteiro (sin excavar); una vista espectacular de los acantilados tapiegos al atardecer desde donde se supone que está (bajo nuestros pies) parte de dicho castro; uno de los tramos de la ruta, plagada de grandes extensiones con maizales y, debajo, un surfista abandona la playa de Peñarronda en un día que se ha vuelto gris tras comenzar a llover de forma persistente.

Autora fotos: Ana P. Paredes

Quien quiera conocer más sobre la obra de este artesano puede visitar su pagina.

http://www.javiercancio.com

Categoría: General | Comentarios(0) | Octubre 2009 |

La lluvia sobre Os Teixois

Por Ana Paz Paredes (1 de Septiembre, 2009)

ASTURIAS EN LAS MANOS/ La artesana del telar Pilar Quintana recomienda la “ruta del agua”, a realizarse desde Taramundi a una de las aldeas con más encanto del occidente asturiano

No es que llueva siempre, que nadie se asuste. Sólo es que, cuando llueve, los tejados de Os Teixois brillan como si fueran plata vieja y el agua, tan blanca sobre el musgo, empieza a cantar sobre el suelo, con su caída incesante, camino de los praos y del río. Pilar Quintana, una de las artesanas del telar más reconocidas dentro y fuera de Asturias, natural y residente en Taramundi, comparte esta opinión y la amplía hasta recomendar, al viajero, realizar la conocida como «ruta del agua», que parte de la capital del concejo y finaliza en esta peculiar aldea del occidente asturiano.

Esta tejedora de sueños y realidades, y que aprendió el oficio con 11 años, de las manos de su abuela Pilar, es una infatigable empresaria y una apasionada defensora del reconocimiento del trabajo de las mujeres campesinas. Su hija Susana ha continuado una saga que se presume siga con su nieta, Laura.

Haciendo un alto en su trabajo -últimamente anda enfrascada en la realización de unas colchas de diseño muy antiguo, en lana y lino-, Pilar Quintana recomienda al visitante iniciar la «ruta del agua», cuya duración es de unas cinco horas y tiene una dificultad media, en un estrecho camino que sale desde el lavadero de Taramundi, en dirección a Mazonovo, donde se encuentra el Museo de los Molinos. El camino desciende luego y tras cruzar una zona de alisos se acaba por salir a la carretera desde donde existe, para los que quieran ir, una desviación que conduce a la cascada. Si se continúa por la carretera se llega hasta el pueblo de Esquíos, que cuenta con un Museo Etnográfico.

Desde aquí, bien se puede tomar un sendero a la izquierda que lleva a Os Teixois o bien seguir de frente hasta Veigas, un pueblo de interés por las construcciones típicas de la zona y desde aquí tomar otro camino que conduce, finalmente, a la preciosa aldea antes citada, que, en sí misma, es todo un museo. Allí el arroyo Las Mestas es el encargado de poner en funcionamiento un mazo, un molino, una piedra de afilar, un batán, una central eléctrica y una fragua; ingenios hidráulicos cuya historia es explicada a diario, a los visitantes, por un guía local. En el reino del agua y del fierro, a golpe de río y fuego, Os Teixois conquista al viajero que, aun antes de haberse ido del todo de Taramundi, ya está deseando regresar.

—————————————-NO PERDERSE….

  • El Museo de los Molinos de Mazonovo, el Museo Etnográfico de Esquíos,  el Museo de la Cuchillería en Pardiñas, el Museo del Agua de Bres y también el Museo del Telar, en Taramundi.

  • Para comer, Os Teixois cuenta con el bar El Mazo, con buena gastronomía local. En Veigas también se puede comer un buen churrasco. En Taramundi, menús ricos y a buen precio en el Hotel Casa Petronila , Hotel Paulino y en el Hotel Taramundi, entre otros.

  • Para dormir, y entre otros establecimientos, está el Hotel La Rectoral, un 4 estrellas en una casa del siglo XVIII y apartamentos Los Telares, de tres llaves y tipo dúplex, en Taramundi; las casas de aldea Teixois y los apartamentos Casa Da Lexa, en Vega de Zarza.
  • El castro de Taramundi. En el propio pueblo. Ha sido descubierto hace pocos años y las primeras catas revelan un emplazamiento castreño espectacular.

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(Pies de foto).- Arriba, Pilar Quintana, en su telar. Varios aspectos de Os Teixois (en el centro la lluvia torrencial de un día de verano en esta localidad taramundense) y, abajo, algunos de los trabajos expuestos en el Museo del Telar)

Categoría: Asturias en las manos, General | Comentarios(5) | Septiembre 2009 |

Horas de barro frente al mar

Por Ana Paz Paredes (26 de Julio, 2009)

ASTURIAS EN LAS MANOS/ El ceramista José Ramón Lobato recomienda, a los amantes de la costa cantábrica, realizar la Senda Norte, en el concejo de Castrillón

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Nunca mejor dicho que el tiempo se detiene en el taller del ceramista José Ramón Lobato, en San Juan de Nieva, Castrillón. Las horas de barro están paradas, esperando a que el horno devuelva, generoso, el trabajo surgido de la capacidad creadora de este hombre, que un día dejó su profesión de economista, tras iniciarse en un taller de cerámica en el País Vasco. Desde entonces pasaron veintidós años y muchos relojes, una de las piezas que más fama le han dado. Relojes peculiares, de formas onduladas y redondas, con un esmalte surgido de la conjunción de quince productos químicos que dotan a su obra de un brillo único y de una personalidad propia. «Una cocción reductora hace que el barro se torne negro y que el esmalte se quede metalizado», explica.

Un peculiar diseño de hórreo y paisaje astur, así como numerosos árboles (e incluso «alguna árbola») con caras amables; candelabros, marcos para fotos, jarrones, pequeños colgantes y parejas de palomas arropan a su creador en el taller, que se asoma al paisaje dunar que lleva a la playa de San Juan, mientras señala con un brazo hacia la costa para recomendar al viajero uno de sus paseos favoritos: «La Senda Norte», en Castrillón, partiendo desde la playa de Arnao y finalizando en el playón de Bayas, una ruta por la costa que otros optan por realizar en sentido inverso. En total, unos diez kilómetros que se pueden recorrer entre cuatro a cinco horas. A pie o en bicicleta.

Desde la playa de Arnao, donde se encuentra el viejo castillete de la mina submarina de carbón de la Real Compañía Asturiana -valiosa muestra de arqueología industrial-, se continúa en dirección Oeste, teniendo como punto final el playón de Bayas, atravesando las playas de El Puerto, La Llada, Bahínas, Munielles o Santa María del Mar, entre otras. Desde sus miradores pueden contemplarse las islas de La Ladrona y de La Deva. Eso sí, no es una senda fácil, pues consta de varias subidas y bajadas, bien definidas por los que han hecho esta ruta como «rompepiernas»; tal es el caso, por ejemplo, de la fuerte pendiente a subir desde Santa María del Mar para bajar a Bahínas, o el ascenso al pueblo de Bayas.

No cabe duda de que el paisaje y el entorno merecen unas cuantas agujetas. Ánimo y buen tiempo para los que opten por descubrir este camino junto al mar. Y el último que llegue, si no quedan andaricas, que pague unas sidras. Qué menos.

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NO PERDERSE…

  • Conocer, en Naveces, la tienda bar Casa Demetrio, fundada en 1942. Preciosa fachada y amplio interior, donde, al tiempo que se toman un café o una cañita, pueden hacer la compra de la semana.
  • Los Alojamientos Rurales Naveces, apartamentos dúplex con mucho encanto, y el hotel Marqués de la Moral, ambos en Naveces. En Bayas, la casa rural La Texedora de Vientu. Los amantes del camping tienen instalaciones en Santa María del Mar y en la playa de Bahínas.

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(Pies de foto).  De arriba a abajo, el artesano José Ramón Lobato con algunas de sus obras; puente de madera sobre las dunas de San Juan de Nieva y pareja de palomas de cerámica, de Lobato. Debajo, una gaviota posada sobre la vieja mina de carbón de la playa de Arnao, por cuya arena pasea un hombre.  Cierra el grupo de imágenes, una hermosa vista de la isla de La Deva). Autora: Ana P. Paredes.

Categoría: Asturias en las manos, General | Comentarios(0) | Julio 2009 |

Donde el oso mató a Favila

Por Ana Paz Paredes (20 de Julio, 2009)

Asturias en las manos/ Javier Sierra, artesano de réplicas de arquitectura popular asturiana, recrea su peculiar ruta desde Cuadroveña, en Parres, hasta Llueves, en Cangas de Onís

Cuando se visita el taller de Javier Sierra, en Cuadroveña (Arriondas), a más de uno le gustaría por un instante ser Pulgarcito para vivir en una de esas maravillosas réplicas de arquitectura popular asturiana que le han dado fama. Descubrir su trabajo es como entrar en una pequeña gran Asturias: hórreos, cabañas y paneras, quintanas, molinos de agua y batanes, sin que falte la vara de hierba o el carro del país, aparecen ante la mirada sorprendida del visitante y le invita a asomarse a su interior . Si los artesanos, en general, son gente apasionada con su trabajo, en el caso de Javier Sierra la pasión es doble, pues la comparte con la misma intensidad con la que siente por su tierra, Asturias.

De forma completamente autodidacta y desde que se jubiló, su primer trabajo fue un belén que se expuso en el monasterio de San Pedro de Villanueva, obra a la que le siguieron la réplica de una casa de aldea y otra de indianos, en Colombres. Hoy son muchos los que se acercan hasta su hogar, en Cuadroveña, para pedirle que les haga una réplica de su propia casa del pueblo, labor que lleva a cabo con la misma ilusión que cuando realizó su impresionante reproducción del puente de Cangas de Onís, al que, como en cada uno de sus trabajos, no falta un detalle.

Andarín y buen conversador, recomienda un largo paseo, combinable entre coche y a pie, que parte de Cuadroveña y enlaza con lo que él define como «la senda de Cascos», asfaltada y en dirección a Cangas de Onís, para continuar, desde aquí y partiendo del pueblo de Las Rozas, por la senda peatonal llamada «el camín de Pelayo» (que llega hasta Covadonga), por la margen derecha del río Sella, hasta llegar al monasterio de San Pedro de Villanueva, hoy parador, y que es visitable. Desde allí y siguiendo el río se llega hasta el famoso «puente romano» de Cangas para, tras cruzarlo, visitar la capilla de la Santa Cruz, erigida durante el breve reinado de Favila y donde la leyenda cuenta que fue enterrado por su esposa, Froiliuba, al lado del dolmen. Finalmente, hay que seguir hasta el pueblo de Llueves, que cuenta con unas maravillosas vistas de los Picos de Europa y del propio valle del Sella. Allí, en la Peña de la Covacha, se cuenta que murió el rey Favila, hijo de don Pelayo, entre las garras de un temible oso, durante una cacería allá por el año 739, tal y como reza en una inscripción. También hay quien opta, como Sierra, por finalizar en Covadonga.

Más o menos unos 22 kilómetros en una perfecta mezcla de historia, paisaje y leyenda.

NO PERDERSE…

  • Conocer la tienda-bar Casa El Lecheru, en el pueblo de Villanueva (Cangas de Onís).
  • Para saber cómo se realiza la sidra, un buen lugar es el Llagar Casapín, en Cañanes, Arriondas (Parres). Visitas previa cita.
  • Descubrir, justo debajo de Llueves, el Molinín de Contranquil.
  • Para alojarse están, en Cuadroveña, los apartamentos rurales La Fontana y el hotel Cuadroveña.

(Pies de foto): Javier Sierra observa una de sus más famosas reproducciones, la de un molino de agua. Debajo, vista de Peñasanta de Enol desde Cuadroveña; réplica de una sus quintanas; vecinas de Llueves en el lugar donde, supuestamente, el oso acabó con la vida de Favila y, finalmente, un rincón de Cuadroveña.

Categoría: Asturias en las manos, General | Comentarios(0) | Julio 2009 |

La ruta de las muyeres de la paxa

Por Ana Paz Paredes (1 de Julio, 2009)

Asturias en las manos/ La cerera Eleni Papadopoulos recomienda la senda por la que transitaban, en el concejo de Carreño, las sardineras para vender su pescado, entre Perlora y Monte Areo

Se llama «paxa» al cesto en el que las sardineras candasinas llevaban el pescado para su venta por varios pueblos del concejo de Carreño. Concretamente salían de Perlora y recorrían Prendes y Guimarán hasta llegar a la ermita de los Remedios, donde hacían un alto en el camino para descansar al pie mismo del Monte Areo, famoso por su necrópolis, una de las mayores de España, así como por los restos de un ramal del Camín de la Mesa.

Tras dejar atrás Perlora, son los diferentes pueblos y, sobre todo, los distintos verdes de su paisaje los que recuerdan que la belleza de Carreño, además de su costa, también se encuentra en sus rutas de interior. Ese mismo verde es el que hizo venir a Asturias en el año 2002 a Eleni Papadopoulos, de origen griego y nacida en Bélgica, y a su marido y dos hijos. «Primero estuvimos en Valencia, pero había demasiado sol. Cuando llegamos a Asturias en seguida nos sentimos como en casa», señala.

Eleni Papadopoulos se trajo de Bélgica su aprendizaje en el trabajo de la cera y en Candás, donde reside, elabora desde hace ya tiempo unas velas con personalidad propia, de suaves líneas onduladas y colores cálidos y apacibles. Importante es recordar que las velas están hechas a mano, sin molde alguno, partiendo de planchas de cera que elabora en su taller. Asturias también le sirve de inspiración y un ejemplo son sus velas con forma de calas, mientras que otras recuerdan las olas de un Cantábrico sosegado, además de sus trisqueles, popular diseño de origen celta.

Eleni recomienda a los que gusten de pasear junto al mar subir hasta el faro de Candás o bien caminar tranquilamente a lo largo del paseo que lleva hasta Perlora. Igualmente destaca, para los que quieran descubrir otros paisajes carreñenses, la ruta conocida como el «camín de les muyeres de la paxa», saliendo desde Perlora para finalizar el recorrido unos en la ermita de Los Remedios y otros, los aficionados a la cultura dolménica y tumular, en el Monte Areo. Se atraviesan, entre otros, los barrios de El Valle, Guimarán y Fancornio.

Según los historiadores, existen en el Monte Areo cerca de treinta túmulos funerarios del Neolítico repartidos entre Los Llanos y Les Güelgues de San Pablo. En cuanto a los dólmenes, los más visitados son «El Cierru Los Llanos» y «Les Huelgues de San Pablo».

Hace años eran «les sardineres candasines» las que, kilómetro a kilómetro y a pie, vendían su pescado por estos pueblos de hórreos con solera y viejos molinos. Que ni ellas ni éstos caigan en el olvido.

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NO PERDERSE…

  • Visitar el Centro de Iniciativa Rural, en El Valle. Se informa al viajero sobre lo que puede ver en la zona, además de sobre Monte Areo, además de otras excursiones a realizar en esta senda como es el caso de la que va desde la ermita de Los Remedios hasta La Carbayera. También tienen tienda-bar. No sé si lo habrán arreglado pero cuando yo estuve era difícil de localizar pues su señalización, en la carretera, estaba prácticamente tapada por dos contenedores de reciclaje de basura.
  • Visitar el Molín de Emilín. Los propios del lugar afirman que este afable vecino siempre está dispuesto a enseñar el funcionamiento del molino a los que estén interesados en conocer su historia.
  • Comer en Casa Sandalio, queda un poco más allá del desvío, desde Perlora, a Prendes. Sólo abren para dar comidas. Bar pequeñín, de los de toda la vida, con trato familiar, simpáticos a rabiar y con una comida muy rica y a un precio asequible. Son especialistas en orejas, chipirones, pulpo, codillo y patatas guisadas.

(Pies de foto): De arriba a abajo, Eleni Papadopoulos; área dolménica de Les Huelgues de San Pedro, en Monte Areo; algunas velas realizadas por esta artesana residente en Candás, señalización y parte de la senda de las muyeres de la paxa y tres vecinos detienen un momento sus quehaceres para observar, a la que firma este artículo,  mientras realiza un foto.

Categoría: Asturias en las manos, General | Comentarios(0) | Julio 2009 |

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