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Los niños periodistas de Cabranes
Por Ana Paz Paredes (15 de Marzo, 2010)
Déjame que te cuente…..Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: MUSEO DE LA ESCUELA RURAL (Cabranes)
Los niños periodistas de Cabranes
«¿Qué harías tú si fueses rico? Si yo fuera rico compraría un aeroplano y un automóvil. Daría limosnas a los pobres y de comer si tenían hambre. Trabajaría para no tener vicios. Mandaría hacerme una buena casa con muchas habitaciones y muchas buenas camas, con unos cobertores muy caros. Haría una biblioteca y compraría los mejores libros y que fuese toda la gente a leerlos sin pagar nada, y mientras tanto yo les tocaría la radio con las mejores piezas que tuviera. Después, con el aeroplano, iría todos los jueves a Oviedo, los viernes a Gijón, los sábados a Nava y los domingos saldría con todos los niños deTorazo en el aeroplano a recorrer las cinco partes del mundo y los llevaría sin pagar nada y además les compraría un mono para que no se manchasen el traje. A la escuela de mi pueblo, o sea, de Torazo, le acabaría de comprar las persianas y unas mesas nuevas, y una imprenta para copiar el periódico de esta escuela, titulado “Eco Escolar”…». 
El niño José Valdés Cuesta escribió todo esto, y más, en la primera página de la edición número 14 del periódico de la Escuela Nacional de Niños de Torazo, en Cabranes, con fecha de junio de 1935. Los párrafos de este alumno de buen pulso y gran caligrafía forman parte de la historia de la educación en Asturias junto con uno de sus maestros más significativos por aquel entonces: Higinio Monte Cuesta, que ejerció como tal en la escuela deTorazo desde 1928 a 1940; un maestro que, a pesar de pedirla constantemente, nunca logró para sus alumnos una imprenta, por lo que el «Eco Escolar» se realizaba en hojas pautadas de libreta, escritas a mano por los niños y con grandes titulares coloreados con infantil precisión en rojo o en amarillo.
Aquellas cuatro o cinco hojas escritas mensualmente por unos niños que ejercieron de precoces reporteros al reflejar en sus redacciones no sólo sus sueños e ilusiones, también la realidad de su pueblo, de su situación familiar o la dureza de los años que les tocó vivir era en realidad un proyecto de la escuela de la República cuyos fines didácticos perseguían facilitar la comunicación entre la escuela y el entorno.
En ello creía el maestro Higinio Monte Cuesta, fiel seguidor de las ideas educativas del también maestro de escuela primaria, el francés Celestin Freinet (1896- 1966), quien impulsó la idea de la escuela activa, una escuela preocupada por apoyar a los más necesitados, que sería al mismo tiempo una especie de continuación natural de la vida familiar, de la vida en el pueblo y donde el niño, con sus propuestas y sus necesidades, era el núcleo del proceso educativo.
Como Freinet, Higinio Monte promovió, con la participación de sus alumnos en el «Eco Escolar», que los niños cooperasen entre ellos buscando soluciones a los problemas comunes. A través del periodismo escolar buscaba que los alumnos, tras elegir un tema de forma libre sobre el que escribir, aprendiesen también a distribuir las tareas del periódico de acuerdo a la edad de cada uno, así como a asumir responsabilidades en el proceso de su elaboración. El «Eco Escolar» de la escuela de Torazo se publicó mensualmente desde 1934, siendo interrumpida su actividad desde julio de 1936 hasta enero de 1939, en que se reanudó, dejando de publicarse finalmente en 1940. 
En uno de los últimos números del «Eco Escolar», el niño Manuel Barro escribió: «Yo quisiera que en este año se acabara la guerra entre Italia y Abisinia y que no haya revoluciones. Yo quisiera que este año hubiera mucha manzana y muchas cerezas y que viniera buen tiempo para ir a bañarse». Su redacción respondía al titular de la primera página: «¿Qué quieres que ocurra este año?». Corría el mes de enero de 1936.
“La niña instruída”, una asignatura exclusivamente femenina
Entre los numerosos libros sobre educación que publicó Victoriano F. Ascarza figura el titulado «La niña instruida», destinado «a las señoras maestras» y publicado en 1927, redactado «pensando principalmente en las clases rurales, modestas o pobres». La intención del libro, a decir de su autor, «es seguir paso a paso las ocupaciones
de la mujer en la casa y decirle a las niñas, de modo práctico, cómo han de proceder cumpliendo los preceptos de la higiene».
En el último párrafo de la primera lección, tal y como detalla el museo al destacar esta obra como el libro del mes, dice que «de vosotras, niñas, depende que un día se diga que sois buenas madres y excelentes mujeres de gobierno, que es el mayor elogio que se puede hacer de una mujer. Toda niña buena, laboriosa, amante de sus padres, obediente a sus mandatos y a los de Dios, debe afanarse en cumplir sus deberes y practicar cuanto bueno le enseñen». Así, en la lección VII se dan consejos prácticos sobre la limpieza, afirmando que la suciedad «trae enfermedades, hace huir al marido y al padre de casa y atrae la desdicha». 
Algunos de los capítulos se titulan: «De la limpieza y cuidado de los suelos», «De la limpieza de la ropa: la colada» y «De la limpieza de la cocina». En cuanto a los alimentos, se dan nociones de cocina y modos de preparar distintas recetas, además de incluir un apartado sobre «Medicina doméstica».
Todo ello es lo que «debe saber y practicar toda mujer hacendosa y toda niña para ser buena, virtuosa y bella, porque no hay hermosura mayor que la virtud», recuerda su autor en su obra.
FICHA DEL MUSEO:
Ubicación: Ubicado en las antiguas escuelas de Viñón, edificio que se inauguró en 1908. Viñón. Carretera AS-255, a 2 kilómetros de Santa Eulalia de Cabranes. Se abrió como museo en el año 2002.
Contenido: Alberga una gran colección de mobiliario y material escolar entre 1911 a 1970, reflejando épocas distintas y distintos métodos de educación. Los espacios sedividen en cuatro: el aula republicana. 1931; el aula franquista, entre 1939 y 1975; la vivienda del maestro y la maestra, y la sala polivalente dedicada a los juguetes. En el museo se tiene también muy presente la historia tanto de las personas que se educaron en estas aulas como a los maestros y maestras que los instruyeron.
Horario: De invierno. Los miércoles, de 11.00 a 14.00 (día gratuito); sábados, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 18.00, y domingos, de 11.00 a 14.00. Más información en http://www.museodelaescuelarural.com/mera.html
Se hacen reservas para grupos.
(Pies de foto).- Diversos aspectos del museo, con aulas, libros, fotos de alumnos e imagen del maestro Higinio Monte Cuesta, precursor del periodismo escolar en Torazo.
Museo del Oro: historia de un hallazgo
Por Ana Paz Paredes (13 de Noviembre, 2009)
DÉJAME QUE TE CUENTE.…Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: Museo del Oro de Navelgas (Tineo)
El bateador asombrado
El 22 de julio de 2001 amaneció en Navelgas (Tineo) como tantos días de aquel verano. Asturias, que es caprichosa en cuestión de nubes y claros, de lluvia y sequía, había sido generosa y ofrecía, a propios y extraños, un clima delicioso que invitaba a sidra fresca al mediodía o bien a perderse por el río buscando, bajo el agua fría, un poco de oro que echarse a la batea.
Enrique Sanfiz Fernández, nieto de uno de los más populares vecinos de Navelgas, iniciador éste de la búsqueda de oro en el concejo de Tineo y cuyos hijos siguieron su estela hasta hoy, salió como cada mañana en compañía de su amigo Joaquín Paredes, camino de La Silva, una zona del río Navelgas «metida monte abajo, donde hay una fuente muy encajonada», pertrechado de todos sus aperos de bateo: pala, criba, barra y batea.
Desde que tenía 9 años, y tras haber tenido como maestro a su abuelo, también llamado Enrique, nada le satisfacía más a este tinetense que salir a la fresca de la mañana y perderse por el monte siguiendo el cauce del río que le invitaba, junto a su compañero, a remover su lecho a la búsqueda del cristalino, por el agua, brillo del oro, apenas visible en el tamaño de una cabeza de alfiler o incluso de partículas apenas perceptibles al ojo humano no habituado a la batea.
Después de unas tres horas de afanoso trabajo y tras sacar de la poza un nuevo cubo, Enrique Sanfiz metió la pala en su interior y lo primero que vio fue una «pequeña punta dorada. Cuando tiré de ella y me encontré con aquella enorme pepita, la emoción fue muy grande, me puse a pegar voces, “¡Mi madre, carajo, qué impresión!”», afirma este hombre de 38 años que, en 2009, aún se sigue asombrando de haber encontrado, como quien dice a la vuelta de su casa, semejante tesoro: una pepita de oro de 24 quilates y de 27,8 gramos de peso. Probablemente la más grande hallada en España hasta el momento.
Han pasado ocho años y Enrique Sanfiz Fernández, uno de los mejores bateadores de oro del mundo, como ha demostrado en los campeonatos en los que ha participado, sigue emocionándose al recordar aquel instante. En la actualidad una réplica de esta pepita, que parece, si se mira con detalle, como la mitad de una galleta plana, se encuentra expuesta en el Museo del Oro en Navelgas (Tineo), un centro en cuyas salas el visitante encontrará amplia información sobre cuanto tiene que ver con la lucha del hombre por arrancarle a la tierra, a lo largo de los siglos, el dorado metal.
Una leyenda “con avaricia”
No podríamos finalizar esta historia sin contar la leyenda que los más viejos del lugar comentan a veces sobre «el trozo que le falta» a la famosa pepita de oro que encontró Sanfiz. Así, dicen que en los años veinte, un caminero de Navelgas halló en una cuneta una pepita de oro de gran tamaño que fue regalada al marqués de Lema, diputado por Tineo. Este hecho desempolvó una leyenda que se inicia en la Cueva de la Mora, perteneciente a una vieja explotación aurífera romana.
Así dicen que un pastor que perdió una de sus ovejas en el monte de Entrepeñas, tras llevar horas buscándola, la localizó en una cueva que estaba tapada por la maleza. Allí vio, además de al animal perdido, unos objetos que brillaban con dorados destellos, por lo que, además de la oveja, los cogió y se los llevó para casa. Tras mostrárselos a su mujer, ésta, cegada por la avaricia y aunque el pastor se negaba en principio a volver a la cueva, ambos regresaron una noche a la misma sin que, nunca más, se volviera a saber nada de su paradero.
Pasado el tiempo, otro pastor contó en el pueblo que había encontrado, sentado a la boca de la cueva, a un viejo con una barba larga y blanca. Éste le dijo que, por culpa de su avaricia, hombre y mujer fueron convertidos en fauno y xana y que, desde entonces, vagaban perdidos y solos por fuentes y bosques llevando cada uno una gran pepita plana de oro en forma de galleta partida en dos. El viejo de la barba también dijo que el encantamiento sólo se rompería cuando algún lugareño encontrase ambas partes y las uniera.
Hay quien dice que, bien mirada, la pepita de oro que halló Enrique Sanfiz aquel 22 de julio de 2001 parece la mitad de una galleta plana…
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Ubicación: Navelgas, Tineo.
Contenido: Ocupa una casa solariega de tres pisos. «El oro como símbolo», «El oro en Navelgas», «El significado del oro en la comarca», «El utillaje del oro» y «El bateo en la comarca» son las salas en las que el visitante conoce, a fondo, el mundo del oro.
Horario: Temporada alta (Semana Santa, del 1 de julio al 15 de septiembre y puentes), abierto de martes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. El resto del año el cierre es a las 19.00 horas. Los domingos está abierto de 11.00 a 14.00 horas. Domingos por la tarde y los lunes, cerrado.
(Pies de foto: Arriba, Enrique Sanfiz muestra la pepita. Debajo, su tamaño comparado con una moneda de un euro. La tercera imagen es una reproducción de una máscara azteca que se muestra en una de las salas del MOA, y exterior del edificio, ubicado en Navelgas).
Museo Marítimo de Luanco: la historia de “La Bañugera”
Por Ana Paz Paredes (20 de Octubre, 2009)
DÉJAME QUE TE CUENTE... Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: Museo Marítimo de Luanco.
SIN VIENTO EN LA VELA
Atracada «en batería» en el interior del Museo Marítimo de Luanco –un lugar del mundo en el que el visitante «camina sobre la mar»–, su vela enorme y llena de heridas de salitre y de viento casi parece que se hincha empujada por la imaginación de quien la contempla. Sin embargo, no hay brisa ni viento. No hay ventanas abiertas ni corrientes de aire que la hagan bailar. Tal parece que el tiempo detenido ha esculpido en escayola las perfectas ondas de su tela, abierta como un abrazo de gigante que no puede cerrar sus brazos extendidos para siempre. Esta vela es parte del alma de «La Bañuguera», una embarcación que nació en 1927 y que fue el medio de vida y sustento para varios pescadores de Bañugues durante los difíciles y duros años de principios del siglo XX. Concretamente a partir de 1930.

Recién pintada y con su peculiar motor de tres caballos de marca Yeregui colocado en el exterior, dentro de una urna de cristal para que pueda ser observada por el visitante, «La Bañuguera» sabe bien de la extrema dureza del trabajo de la mar, sobre todo pensando en aquellos años en que navegaba por el Cantábrico, por aquel entonces con seis tripulantes a bordo. Cuenta el director del museo, José Ramón García, que en esta embarcación de 1,70 de manga, 6,90 de eslora y 0,76 de puntal partían los seis pescadores de Bañugues hacia la Estaca de Bares, el punto más septentrional de la península Ibérica, en Galicia, a buscar diversos tipos de marisco.El largo y duro viaje se repitió muchas veces en el tiempo y, como era imposible realizarlo en una jornada, los pescadores hacían noche en el puerto de Viavélez, en el concejo de El Franco. Allí dormían, buscando el calor de unos cuerpos contra otros, en una embarcación que al mismo tiempo era su casa, intentando descansar a la espera de poner rumbo a tierras gallegas, refugiándose del frío y de la lluvia cubiertos únicamente por la vela.
Como dice el director del museo luanquín, «La Bañuguera», como tantas otras embarcaciones de pesca asturiana de principios de siglo, «es un ejemplo más de la lucha por la supervivencia en Asturias en unos años de extrema pobreza, y aún más en el caso del sector pesquero en todo el norte del país».
Los herederos de Julián García Fresno, que guardaron la embarcación años después de dejar de salir a la mar –uno de los motivos por los cuales se encuentra en tan buen estado– la donaron al Museo Marítimo de Luanco en el año 2004. Gracias a ellos conocemos su historia.
Hoy, y en medio de ese mar detenido en el tiempo que bien se puede pisar cuando se acude al Museo Marítimo de Luanco, «La Bañuguera» impone respeto y admiración a quien la contempla. Sin viento en la vela, navega sin embargo por el mar de la memoria compartida, contra la que nada pueden todas las galernas del olvido.
Los rapaces de lancha
Algunos libros sobre el mundo de la mar y la pesca en Asturias se refieren a la figura de los «rapaces de lancha», niños de entre 9 y 12 años entre cuyas tareas tenían la de ir llamando casa por casa para despertar a los pescadores para salir a la mar. Cabe recordar que en el Archivo Histórico Municipal de Gozón se conserva un bando, que data de 1851, que reza lo siguiente: «Los muchachos de las lanchas besugueras que acostumbran a llamar a los tripulantes a la una y a las dos de la noche, tocando bígaros y otros instrumentos, sufrirán el arresto de dos horas si después de haberles llamado por espacio de una hora continuasen incomodando a las poblaciones con los mencionados bígaros». Así lo recoge Toño Cuervo Rodríguez en su artículo «Aprendices del mar», del libro «Asturias y la mar», editado por LA NUEVA ESPAÑA en 2006.
Así señala este autor que «en Luanco, en la primera mitad del siglo XIX, despertaban tanto a pescadores como al resto de los vecinos con el estruendoso ruido del soplar de caracolas (turullos), a las que previamente se les realizaba una apertura en su vértice. Cada rapaz tenía que avisar, uno a uno, a la tripulación de su embarcación». Ni que decir tiene que, entre la chiquillería local, ser rapaz de lancha era todo un motivo de orgullo.
El Museo Marítimo de Luanco
Ubicación: Se encuentra en Luanco, en una institución integrada en la Fundación Cultural del Ayuntamiento de Gozón. Fundado en 1948, es el decano de los museos asturianos.
Contenido: Dedicado a la catalogación, recogida, estudio y exposición de todo tipo de materiales y documentos relacionados con la actividad marítima. Los fondos museográficos están divididos en cuatro secciones: carpintería de ribera (durante años una actividad en casi todos los puertos asturianos y hoy en vías de extinción); biología marina, pesca tradicional e historia de la navegación. A todo ello hay que añadir colecciones de iconografía marítima como artes industriales (en vidrio, porcelana, plata, marfil) y otras exposiciones puntuales.
Horario: De 11.00 a 14.00 y 17.00 a 20.00 horas. Lunes cerrado. Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 horas.
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(Pies de foto): Arriba, la embarcación “La Bañuguera” en el Museo Maritimo de Luanco; el motor de la embarcación, expuesto al público bajo un cristal; timón de una embarcación, fósiles marinos y vista del mar desde una de las cristaleras del museo, en Luanco.







