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Museo de Porrúa: Una trona para tres
Por Ana Paz Paredes (25 de Noviembre, 2009)
Déjame que te cuente.…Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: MUSEO ETNOGRÁFICO DE PORRÚA (LLANES)
Una trona para tres
Ramón Cantero Riesgo, natural de Porrúa, en Llanes, era un hombre serio pero cariñoso, que no está reñida una cosa con la otra, dicen sus hijas, Marta, Geni y Rosa Luz. Falleció el 6 de noviembre de 2008 a los 95 años, dejando viuda a su mujer, Ángeles Quintana, e inacabada su libreta, la última que había comprado y en la que, junto a otras tantas, iba desgranando sus recuerdos del pasado, sobre todo lo que vivió durante la Guerra Civil, además de ejercitar la memoria escribiendo, con admirable tesón, sobre las cosas más cotidianas, como por ejemplo los días del mes: «Ya terminó mayo. Hoy empieza junio. Voy a ver si escribo el mes entero. Lunes 1. Martes 2. Miércoles 3…».
Apenas tuvo tiempo de ir a la escuela,
pero eso nunca le impidió aprender, a base de constancia, a leer y a escribir, afición que compartía con el trabajo de la madera cuando el campo y el ganado le dejaban libre algún instante. «Era muy trabajador, mucho», dice Rosa Luz, y a renglón seguido añade: «Qué pena que no haya venido antes. Mi padre siempre tuvo gana de hablar con algún periodista, le encantaba escribir». Hoy, a través del emotivo recuerdo de sus hijas y gracias a uno de sus trabajos en carpintería, Ramón Cantero es noticia por ser quien fue, ese asturiano que con su hermano Ismael construyó una de las tronas más curiosas que se puedan contemplar en cualquier colección etnográfica del Principado, y que hoy sorprende a los visitantes del Museo Etnográfico de Porrúa, donde se exhibe dentro de la muestra que reproduce el interior de una típica casa de la zona.

Ramón Cantero gustaba de trabajar la madera con su hermano Ismael. Juntos realizaron varias obras, una de las cuales fue la curiosa trona que en principio fue destinada al hijo de Ismael y, posteriormente, y según fueron llegando, a Rosa Luz, Victoria Eugenia y Marta, las tres hijas de Ramón. En ella se sentaron muchas veces, aunque ellas casi ni se acuerden, y en ella fueron alimentadas otras tantas por su madre, Ángeles Quintana. Con el paso de los años, y una vez ya mayores, la trona fue a parar al desván. «Es curioso, a veces no le damos importancia a lo que tenemos hasta que lo perdemos o alguien nos lo recuerda», señala con referencia a esta trona Marta Cantero, mientras que Geni añade que su padre llegó a realizar encargos en madera para algunos vecinos y que contaba con un torno bastante importante.

Cuando el museo abrió sus puertas las hermanas decidieron aportar, sin que lo supiera su padre y pensando que se había olvidado de ella, la trona que les había construido. Sin embargo, cierto día en que éste acudió al desván, se percató de que algo faltaba. «Se disgustó un poco cuando le dijimos que la habíamos dado al museo, no entendía por qué», dice Marta, y para explicarle nuestra decisión, cuando se le pasó un poco el enfado, «le llevamos al museo para que la viera en su entorno», añade Rosa Luz.
En ese instante en que Ramón Cantero se reencontró con la trona, colocada en el lugar que reproduce la cocina de una casa de la zona, compartiendo espacio con los recuerdos materiales donados por otros tantos asturianos, no sólo lo comprendió todo, sino que se emocionó hasta rozar el llanto. «Fue un día muy especial, le llevé engañado y al final verle tan feliz nos conmovió tremendamente a todos», dice Marta.

En la penumbra del día, iluminada por una luz de tormenta otoñal, la trona recuerda, en silencio y desde su rincón, a su autor. Hay mucho amor en su madera y es tan sutil la ternura que causa en quien la observa que parece que el paso del tiempo aún la hace más hermosa. No sé cómo terminaría este artículo Ramón Cantero. Igual en su libreta azul de páginas pautadas habría escrito algo parecido a «sábado, 7 de noviembre. Vino una periodista y me preguntó por la trona. Hablamos toda la tarde».
Los años de la trashumancia
Entre los momentos más gratos en la vida de Ramón Cantero se encuentran los años en que, llegado el buen tiempo, subían al monte. «Mi padre siempre recordaba aquellos años de trashumancia con alegría, cuando íbamos todos, mis padres, nosotras y los animales incluidos, a los pastos altos, donde estaban las cabañas, y allí pasábamos el verano», dice Victoria Eugenia, «Geni».El Museo Etnográfico de Porrúa ofrece a los visitantes una amplia información sobre cómo estaba organizada la familia llanisca, el pastoreo trashumante, los tejeros, las fiestas y la elaboración del queso y la mantequilla, entre otros aspectos. Concretamente, y respecto al pastoreo trashumante, dice que en abril «la familia al completo se desplaza del pueblo a la montaña, a las tierras comunales del Monte y Cuera, junto con sus animales, para residir hasta octubre en pequeñas cabañas de piedra. Entre otras actividades, se pastoreaba a los animales y se elaboraba queso y manteca que semanalmente se bajaba a los mercados de la zona. Hombres, mujeres y niños llevaban a cabo diferentes tareas según sexo y edad, aunque finalmente buena parte del trabajo recaía en las mujeres, que, además de hacer el queso y la manteca, tenían que llevarlo al mercado, cuidar a los hijos y la cabaña y también ayudar en las tareas que fueran necesarias».
A lo largo del siglo XX todo cambió. Las ovejas y las vacas roxas fueron desplazadas por las pintas u holandesas, que daban más leche. De igual forma, el cambio en la estructura familiar, tras la Guerra Civil, y la nueva oleada de emigración a Venezuela «abocó casi a la desaparición de la trashumancia, siendo cada vez menos los que subían al monte a pastorear, una actividad que cesó a finales de los años ochenta».
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Museo Etnográfico de Porrúa (Llanes)
Ubicación: Porrúa, Llanes. Su creación fue resultado de la donación de la finca y la casa de Llacín al pueblo de Porrúa por el matrimonio formado por Teresa Sordo y Luis Haces, porruanos y residentes en México. Se inauguró el 10 de julio del año 2000.
Contenido: Colección etnográfica representativa de la vida tradicional del oriente de Asturias. Se exponen objetos relacionados con el trabajo y la vida rural (tierras de labor, en el monte, el lavadero, la escuela, etcétera) y cuenta con salas dedicadas a mostrar ambientes como la cuadra, el lagar, la casa con sus dependencias, además de exposiciones temáticas como la de los tejeros, los oficios, los procesos textiles y los aperos agrícolas, entre otras.
Horario: Invierno. De 11.00 a 13.30 y de 17.00 a 19.00, de martes a sábado. Domingos y festivos, de 12.00 a 14.00 y 17.00 a 19.00. Lunes, cerrado. Martes, entrada gratuita. Grupos escolares, previa cita.
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(Pies de foto): La trona realizada por Ramón Cantero Riesgo que aparece, en el artículo, junto a su obra, en una de sus últimas imágenes. La entrada al museo; un detalle de los objetos que se exponen y las hijas del protagonista de esta historia: En la imagen, y de izquierda a derecha, Rosa Luz, Marta y Victoria Eugenia Cantero Riesgo, destinatarias de la trona en su infancia, posan en el exterior de la casa familiar en Porrúa. Las fotos que ilustran el apartado del museo reflejan un aspecto de su colorido exterior y la exposición que recoge el lavado de la ropa por las mujeres en el río con la tabla de lavar y el jabón. La segunda imagen, con colores llamativos, está tratada tras fotografiar el original que se encuentra en una de las paredes del museo, en grandes dimensiones, y que refleja el duro trabajo y la dura vida de los tejeros de Llanes.
Correo electrónico: crucedecaleyas@epi.es
Grandas de Salime, un paraíso en la niebla
Por Ana Paz Paredes (21 de Noviembre, 2009)
ASTURIAS EN LAS MANOS/ El artesano, restaurador y “cunqueiro” Arturo Iglesias Martínez recomienda realizar la ruta de los entornos de Grandas, donde el encuentro de los ríos Navia y Oro, el bosque y la vista del embalse sorprenden al visitante.
Asturias regala, a veces, días espectaculares en otoño. Cuando el aire frío comparte espacio con un cielo huérfano de nubes y una luz impensable en noviembre, es cuando hay que animarse, aún más, a conocer y disfrutar de las rutas que discurren por el concejo de Grandas de Salime.

Así lo aconseja el artesano y restaurador Arturo Iglesias Martínez, que desarrolla su trabajo en el Museo Etnográfico ubicado en la capital del concejo. Él aprendió este trabajo, hace unos 25 años, de manos de quien considera «el último cunqueiro», un hombre natural de Ibias. Los cunqueiros, un oficio ambulante y ya desaparecido, realizaban en madera, con el torno de medio vuelta o de pedal, la vajilla y los utensilios del hogar que luego vendían por pueblos, principalmente, del occidente asturiano. El cacho, utilizado para beber el vino, es una de las piezas más conocidas.
Capaz de rehabilitar lo que se proponga, este artesano lleva unos 20 años sorprendiendo con sus creaciones, donde conjuga la sobriedad y pureza del estilo inicial, con detalles y acabados propios. Así, las piezas más claras están hechas en abedul y fresno, mientras que las más oscuras surgen de madera de castaño envejecida. La riladeira, la mazadeira, el arameño y la canada son algunas de sus piezas más representativas. 
Enamorado de su concejo, Arturo Iglesias invita a todos los amantes del senderismo a realizar la ruta de los entornos de Grandas. Esta ruta circular puede realizarse a pie o en bicicleta. Se inicia cerca del Museo Etnográfico. Hay que subir por la pista que sigue el Camino de Santiago para luego desviarse a la derecha para ir ascendiendo por el monte Coto, a cuya cima se llega atravesando un camino arbolado.
Desd
e arriba se contempla el encuentro de los ríos Navia y Oro, en el embalse de Salime, y el cerro de La Curula. Por la misma pista se baja al valle que forma el arroyo de A Casía y, tras un breve trecho, se llega al pueblo de Robledo. De aquí se puede acortar la ruta volviendo a Grandas, primero por la carretera y mas tarde por la pista que llega hasta el barrio del Villar. En total, la duración del trayecto es de dos horas y media, ida y vuelta.
En medio de un impresionante lago de niebla matinal en donde la luz esculpe los perfiles del horizonte, las tierras grandalesas se despiertan casi flotando ante nuestra mirada, asombrada y agradecida por ese irrepetible instante de tanta belleza; una sensación que bien se puede resumir en estos versos de Alejandro Casona: «Rodando por el monte / bajó la niebla al campo. / Se enredó en las aliagas, / se despeinó en los álamos, / se prendió en los espinos, / se recostó en los pastos. Dejó todo el paisaje / con los ojos vendados».
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NO PERDERSE…..
Imprescindible la visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime, hoy una realidad gracias al tesón y al empeño de Pepe el Ferreiro y de la gente que con él trabaja día a día. Para más información llamar al 985627243 o también en su pagina http://www.museodegrandas.com
- Los amantes de la cultura castreña tienen otra visita imprescindible en el Chao San Martín. El castro y el museo se visitan de forma separada por lo que es conveniente tomar nota de los horarios. Para más información llamar al 985627143 o bien consultar en http://www.chaosanmartin.es
Los que gustan de conocer pueblos con encanto tienen casi una obligación ineludible con descubrir el pueblo de Santo o San Emiliano que, aunque pertenece al vecino concejo de Allande, está apenas a 8 kilómetros de Grandas. Sorprendentemente bello lugar. Desde sus hórreos, construcciones y callejuelas, a su iglesa o el emparrado que cubre parte de sus construcciones, dejará a su cámara de fotos agotada. No lo dejen para otro día, que se van a arrepentir.
Para comer y en Grandas capital, el Bar-Pensión Arreigada ofrece un menú sabroso y bien cocinado a unos 9 euros. La carne guisada, de chuparse los dedos, y la menestra, como la ponía mi abuela (con su huevín cocido incluído). A destacar la amabilidad de su camarera, que a pesar de llevar tanto plato en las manos, nunca le faltaba una sonrisa para el comensal. Para comer tambien está La Barra. Su dueño, también atento y rápido en el servicio, oferta un menú a 9 euros con 3 platos a elegir en primeros, segundos y terceros. Afamado es el pulpo que cocinan en el Bar Benjamín (Palmira), y también en el Bar Occidente, así como el churrasco que preparan en el Bar La Parrilla.
Para dormir en Grandas capital, y además del albergue habilitado en los bajos del Ayuntamiento para los peregrinos que realizan el Camino de Santiago, están tanto la Pensión Arraigada, con habitaciones sencillas a buen precio, como el Hotel La Barra, de dos estrellas. Extrema limpieza en sus habitaciones, cálidas y calentitas (en ningún momento deja de funcionar la calefacción), con TV y bien equipadas en su baño (a destacar su secador de pelo), a un precio sorprendente.- Quieres quieran visitar el interior de las instalaciones del salto de la presa de Grandas de Salime, conocer su sala de máquinas y admirar los murales realizados por Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, se realiza una visita guiada semanal. Para concertarla y solicitar más información, llamar al 985627001.
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(Pies de foto): Las imágenes que ilustran este artículo recogen al artesano Arturo Iglesias, trabajando, así como algunas de las piezas que elabora. También puede observarse el embalse de Grandas y un árbol iluminado por el sol en una de sus orillas, así como un jilguero posado sobre la techumbre de un hórreo a la entrada del Museo Etnográfico así como la niebla, en distintos momentos de la mañana, sobre los valles grandaleses. Las fotos que acompañan al “no perderse” corresponden a la información a la que se refieren.
Fotos: Ana P. Paredes
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Nota A las personas que, en Grandas de Salime, contribuyeron a mostrarme lugares de un concejo inesperadamente bello y aún bastante desconocido para los propios asturianos, muchas gracias. Gracias por vuestra calidez y generosidad. La última foto de niebla y verde de este reportaje, con permiso de los lectores, va por vosotros.
Museo del Oro: historia de un hallazgo
Por Ana Paz Paredes (13 de Noviembre, 2009)
DÉJAME QUE TE CUENTE.…Historias y leyendas en los museos y colecciones de Asturias: Museo del Oro de Navelgas (Tineo)
El bateador asombrado
El 22 de julio de 2001 amaneció en Navelgas (Tineo) como tantos días de aquel verano. Asturias, que es caprichosa en cuestión de nubes y claros, de lluvia y sequía, había sido generosa y ofrecía, a propios y extraños, un clima delicioso que invitaba a sidra fresca al mediodía o bien a perderse por el río buscando, bajo el agua fría, un poco de oro que echarse a la batea.
Enrique Sanfiz Fernández, nieto de uno de los más populares vecinos de Navelgas, iniciador éste de la búsqueda de oro en el concejo de Tineo y cuyos hijos siguieron su estela hasta hoy, salió como cada mañana en compañía de su amigo Joaquín Paredes, camino de La Silva, una zona del río Navelgas «metida monte abajo, donde hay una fuente muy encajonada», pertrechado de todos sus aperos de bateo: pala, criba, barra y batea.
Desde que tenía 9 años, y tras haber tenido como maestro a su abuelo, también llamado Enrique, nada le satisfacía más a este tinetense que salir a la fresca de la mañana y perderse por el monte siguiendo el cauce del río que le invitaba, junto a su compañero, a remover su lecho a la búsqueda del cristalino, por el agua, brillo del oro, apenas visible en el tamaño de una cabeza de alfiler o incluso de partículas apenas perceptibles al ojo humano no habituado a la batea.
Después de unas tres horas de afanoso trabajo y tras sacar de la poza un nuevo cubo, Enrique Sanfiz metió la pala en su interior y lo primero que vio fue una «pequeña punta dorada. Cuando tiré de ella y me encontré con aquella enorme pepita, la emoción fue muy grande, me puse a pegar voces, “¡Mi madre, carajo, qué impresión!”», afirma este hombre de 38 años que, en 2009, aún se sigue asombrando de haber encontrado, como quien dice a la vuelta de su casa, semejante tesoro: una pepita de oro de 24 quilates y de 27,8 gramos de peso. Probablemente la más grande hallada en España hasta el momento.
Han pasado ocho años y Enrique Sanfiz Fernández, uno de los mejores bateadores de oro del mundo, como ha demostrado en los campeonatos en los que ha participado, sigue emocionándose al recordar aquel instante. En la actualidad una réplica de esta pepita, que parece, si se mira con detalle, como la mitad de una galleta plana, se encuentra expuesta en el Museo del Oro en Navelgas (Tineo), un centro en cuyas salas el visitante encontrará amplia información sobre cuanto tiene que ver con la lucha del hombre por arrancarle a la tierra, a lo largo de los siglos, el dorado metal.
Una leyenda “con avaricia”
No podríamos finalizar esta historia sin contar la leyenda que los más viejos del lugar comentan a veces sobre «el trozo que le falta» a la famosa pepita de oro que encontró Sanfiz. Así, dicen que en los años veinte, un caminero de Navelgas halló en una cuneta una pepita de oro de gran tamaño que fue regalada al marqués de Lema, diputado por Tineo. Este hecho desempolvó una leyenda que se inicia en la Cueva de la Mora, perteneciente a una vieja explotación aurífera romana.
Así dicen que un pastor que perdió una de sus ovejas en el monte de Entrepeñas, tras llevar horas buscándola, la localizó en una cueva que estaba tapada por la maleza. Allí vio, además de al animal perdido, unos objetos que brillaban con dorados destellos, por lo que, además de la oveja, los cogió y se los llevó para casa. Tras mostrárselos a su mujer, ésta, cegada por la avaricia y aunque el pastor se negaba en principio a volver a la cueva, ambos regresaron una noche a la misma sin que, nunca más, se volviera a saber nada de su paradero.
Pasado el tiempo, otro pastor contó en el pueblo que había encontrado, sentado a la boca de la cueva, a un viejo con una barba larga y blanca. Éste le dijo que, por culpa de su avaricia, hombre y mujer fueron convertidos en fauno y xana y que, desde entonces, vagaban perdidos y solos por fuentes y bosques llevando cada uno una gran pepita plana de oro en forma de galleta partida en dos. El viejo de la barba también dijo que el encantamiento sólo se rompería cuando algún lugareño encontrase ambas partes y las uniera.
Hay quien dice que, bien mirada, la pepita de oro que halló Enrique Sanfiz aquel 22 de julio de 2001 parece la mitad de una galleta plana…
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Ubicación: Navelgas, Tineo.
Contenido: Ocupa una casa solariega de tres pisos. «El oro como símbolo», «El oro en Navelgas», «El significado del oro en la comarca», «El utillaje del oro» y «El bateo en la comarca» son las salas en las que el visitante conoce, a fondo, el mundo del oro.
Horario: Temporada alta (Semana Santa, del 1 de julio al 15 de septiembre y puentes), abierto de martes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. El resto del año el cierre es a las 19.00 horas. Los domingos está abierto de 11.00 a 14.00 horas. Domingos por la tarde y los lunes, cerrado.
(Pies de foto: Arriba, Enrique Sanfiz muestra la pepita. Debajo, su tamaño comparado con una moneda de un euro. La tercera imagen es una reproducción de una máscara azteca que se muestra en una de las salas del MOA, y exterior del edificio, ubicado en Navelgas).







