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Piloña: Las reinas de la majada
Por Ana Paz Paredes (27 de Mayo, 2009)
Asturias en las manos/Sergio Palacios, herrero y herrador profesional, recomienda hacer a pie o a caballo la ruta que va desde Puente Miera, en Piloña, hasta Les Praeres, en Nava.
Sergio Palacios Estañ es herrador profesional y herrero, un oficio que le hace viajar habitualmente por el Principado. Tras su traslado a La Comba, en Piloña, confía en poner allí muy pronto en marcha su fragua y ejercer, ya de forma más completa, un trabajo para el que se vino preparando casi desde niño, no en vano ya a los 16 años realizó sus primeras prácticas, y durante 3 años, en la catedral de León.
Titulado en forja artística por la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca, este artesano del hierro es un enamorado de su trabajo y habla con pasión de las técnicas antiguas para realizar desde clavos a farolas, pasando por rejas, llamadores, pernos de bisagra o cabeceros de cama, sin olvidar la cada vez más demandada restauración de balcones antiguos. Una de las piezas por las que siente especial cariño es un farol con cristal emplomado de vidriera, que un día regaló a su madre, y que muestra en esta página.
Sergio Palacios gusta de perderse por senderos de Piloña poco conocidos y así recomienda hoy un recorrido que se inicia en Puente Miera, a donde se accede tras entrar en Infiesto y continuar, a la izquierda, por la carretera que va a Campo de Caso. Tras cruzar el puente, y ante una señal que indica, a la derecha La Comba, y a la izquierda, Biforcos y La Muriosa, seguir por la ultima dirección. Importante indicar que es una senda para realizar a pie o bien a caballo.
Además de por el río Muriosa el viajero se sentirá acompañado en la subida por ganado que pasta cerca del camino y observa, con pasmosa curiosidad, al que pasa. Siempre hacia arriba y de frente, a unos 5 kilómetros surgirá otro indicador que dice La Llama. Cabañas enclavadas en claros en medio del bosque, y algunos recodos donde descansar a la sombra, darán tiempo a no desfallecer ni tirar la toalla. Hay que llegar arriba, merece la pena. Tres kilómetros más allá surge el albergue, «ahora cerrado», comenta Sergio. Finalmente arriba, la majada de Les Praeres, ya en el vecino concejo de Nava, ofrece al viajero el espectacular y merecido paisaje que iba buscando. Son diez kilómetros de subida y, por lo tanto, si se opta por regresar por el mismo lado, el total de la ruta es de 20 kilómetros. 
Desde aquí habrá quien prefiera subir a Peñamayor (1.140 metros) o continuar hacia Anes o Fayacaba. Otros, igual que yo, pueden optar por fotografiar sin prisa y además del entorno, caballos, yeguas y potros que pastan al sol de mayo, junto con un buen número de vacas de la raza asturiana de la montaña. Vacas tumbadas como reinas en el trono de la braña. Vacas que, con ese gesto de amable indiferencia, parece que nos invitan a descubrir de nuevo Asturias desde el tranquilo balcón de su majada.
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NO PERDERSE……………..
- El bar tienda Vegarrionda.
Carretera de Infiesto a Campo de Caso. Establecimientos con tanta solera como éste quedan pocos y, además, la mocina que atiende a los parroquianos, es un primor. Un gozo para los que gustan de fotografiar tradición en las paredes. - Para dormir, La casina del Pindal, en el escondido pueblo de Caperea. Ideal para parejas aunque hay capacidad para cuatro personas. Espacio minimalista y con encanto. Jardín de cuento, mesa con bancada de madera y parrillina para asar unas costillas. 30 euros noche en temporada baja. Otras opciones en la misma ruta son el hotel rural La Vieja Posada, Casa Blanca, y el hotel rural Casa Cueto, este último tambien con habitaciones decoradas con calidez y tradición al mismo tiempo. También sirven comidas y cenas con buenos productos de la zona.
- Para comer, Casa Maruja, en La Marea, bar-tienda con merecida fama en cabritu, pimientos rellenos, sopa de marisco y pescado, arroz con pitu y todo tipo de caza. Cierra los jueves. También está el chigre rural Les Praeres, que abre sólo en fin de semana y se encuentra en medio dela espectacular majada. Especialidad en carnes y platos tradicionales asturianos. Otra opción es, en Arenes de Beloncio, Casa Balbín. Delicioso su filete al queso y muy ricos sus tortos. Comedor pequeñín. En los tres casos, mejor llamar para reservar, sobre todo si es fin de semana.
- “Aves aventura” organiza rutas a caballo, en bici y a pie por algunos de los rincones con más encanto de Piloña. También tiene quads.
Las Regueras: verde laberinto de caminos
Por Ana Paz Paredes (11 de Mayo, 2009)
Asturias en las manos/ Luis Parades,
artesano del vidrio y natural de Las Regueras, recomienda a los viajeros conocer algunos de los rincones de su concejo, paso de numerosos peregrinos que van hacia Santiago
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«Siempre estoy aprendiendo y, cuanto más aprendo, más consciente soy de lo poco que sé», afirma con rotundidad Luis Parades, artesano del vidrio que lleva como apellido la localidad de Las Regueras en la que nació. Hace dieciocho años se inició en este oficio «por casualidad» y, desde entonces, crea piezas únicas y coloristas, llenas de luz y calidez, y a la par de energía y movimiento. Los nombres de «ebullición en calma», «momentos» o «equilibrios» definen un poco a este artista que, con una humildad apabullante, señala: «A veces, de un error sale la mejor pieza», o: «La mejor virtud en la artesanía es la paciencia y no caer nunca en la desesperación, sobre todo cuando terminas una pieza y se te rompe».
Desde su taller, en Parades, nos invita a conocer un poco su concejo escribiéndonos en el libro de ruta el nombre de algunas visitas obligadas. Así, nos recomienda iniciar el viaje en el alto del Escamplero y seguir hacia Tahoces. Praderías, casas y hórreos se asoman, curiosos, a las ventanillas del coche. Continuando hacia Premoño y antes de bajar a Valduno, varios peregrinos descansan en una pequeña área recreativa. Es su primera vez en Asturias. Hablan maravillas de su llegada desde León y de lo bien que les trataron en el albergue. Son de Italia, Francia y Alemania.
En Valduno descubrimos, en la iglesia de Santa Eulalia, la excavaciones que han dejado al descubierto unas termas romanas. También, el paso calmo del río Nalón y el sonido de algunos pájaros que pueblan sus orillas.
Tras cruzar el puente para ver mejor el río, volvemos sobre nuestros pasos hacia Premoño, y allí, por una recta que parece interminable, continuamos hasta Paladín en dirección a Bolgues, donde se puede descansar en su área recreativa. No hay que tener prisa. Viajamos por un bello laberinto de carreteras secundarias. Aquí y allá la mirada se sorprende gratamente ante el paisaje; por eso, quienes prefieren caminarlo, tienen una buena opción si realizan «la ruta de los palacios», circular, de 14 kilómetros y cuyo itinerario es: Bolgues-Paladín-La Fuente-Valduno-Premoño-Ania-Areces-Valle-La Fuente-Puerma-Bolgues.
Luego, de vuelta otra vez a la carretera en dirección a Santullano para, desde el alto del Escamplero, continuar a Trubia y visitar, a tres kilómetros de este desvío, la iglesia prerrománica de San Pedro de Nora. Tanto la iglesia como su entorno son de una belleza abrumadora. El fin de este viaje es desviarse hasta Priañes y, desde allí, descansar el espíritu contemplando la infinitud de los meandros del Nora.
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NO PERDERSE…
- Comer en Casa Florinda, en Puerma. Sus habituales le hacen la ola a la fabada y al pote de la guisandera, mientras que el cordero, el lechazo y la carne guisada crean adicción. El restaurante Casa Edelmiro, en Biedes, tambien tiene buena fama en platos asturianos, con una carta variada además de un gran jardín con columpios para los niños.
- Casa Puyo, saliendo ya del concejo de Las Regueras en dirección a Trubia, es otro lugar de “buen yantar”. Imprescindible para los amantes del repollo relleno, les fabes con almejes o el cachopo de merluza, por ejemplo. Rico todo y, el trato, tan cordial y campechano que parece que has regresado a la casa de tu infancia. El trabajo de estas mujeres ya es parte de nuestra historia gastronómica.
- Alojarse en la casa rural Los Meandros, en Tahoces, un interior acogedor y bien equipado y con un balcón a los meandros del Nora que quita el sentido. Para 4 personas y 70 euros la noche.
- Acercarse hasta la iglesia de Santa Eulalia de Valduno y descubrir, no sólo las excavaciones de unas termas romanas, sino también el paisaje del río Nalón desde esa orilla.
- Los peregrinos cuentan, para descansar, con el albergue de El Escamplero. La llave hay que pedirla a Rosa, en el restaurante El Tendejón de Fernando, también con buen comida y una hermosa vista desde su terraza. ——————————–
(Fotos): Arriba, Luis Parades y una muestra de su obra. Debajo, celosía de la iglesia prerrománica de San Pedro de Nora; peregrinos alemanes y franceses a su paso por el concejo; rincón con barca en el río Nora, detalle del exterior de una casa local, y vista general de los meandros, desde Priañes)
Naturaleza artesana
Por Ana Paz Paredes (1 de Mayo, 2009)
Asturias en las manos/ Carmen Montes,
artesana ceramista residente en Nava, recomienda al viajero pasear por los pueblos de Gradatila y Piloñeta así como recorrer la ruta de la Riega la Peña
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Carmen Montes enfatiza que, cuando decide perderse por algunos de los rincones más bellos de Nava, sale de «la puente de arriba», donde tiene la casa. Esta artesana ceramista, nacida en Bimenes pero de corazón naveto y con toda una vida dedicada a trabajar la arcilla, asegura que, a pesar de todos los años que lleva creando sus famosas muñecas de ojos cerrados, gesto tranquilo y colores generosos, «aún le queda todo un mundo por aprender».
Habla con pasión de su trabajo y recuerda con cariño aquella primera muñeca negra (tal vez por eso algunas de sus «niñas» también lo son) que se llamaba «La cachita» y que le trajo su padre de Alemania,
Desde su taller, un pequeño planeta de seres quietos que parece que te miran, de reojo, cuando les das la espalda, Carmen Montes señala el paisaje naveto y dibuja en el aire, como quien traza una línea imaginaria, la ruta que recomienda a los que aman las piedras, los pueblos tranquilos, las despobladas sendas y los ríos que nos llevan. Para ello hay que cruzar Nava y continuar por la carretera en dirección a Bimenes hasta llegar, a la izquierda, al alto del Espinadal, donde, a la derecha, hay un indicador que señala «Gradatila» o «Grátila», como lo llaman por allí. Merece la pena caminarlo y descubrir los rincones donde reinan sus hórreos.
Luego hay dos opciones:
o seguir un kilómetro en coche hasta el colorista pueblo de Piloñeta y buscar la bajada al río Pra (que se localiza gracias a la amabilidad y la paciencia de su vecinos, pues aún está sin señalizar), o bien caminar la ruta completa desde Grátila.
El pueblo de Piloñeta, asomado a Peñamayor y con sus casas pintadas de colores singulares y diversos, llena de azules, malvas, blancos, granates, naranjas y ocres las pupilas de quienes lo contemplan. Luego, ya abajo, por fin el sonido del agua llama al viajero y lo conduce hasta la senda. El espectáculo de tantos verdes acompasados al cantar del agua, en un bosque de arces, fresnos y avellanos, estremece, pero aún más cuando, en medio de la senda, las ruinas de un gran molino detiene nuestros pasos y, mostrándonos una gran piedra de moler, nos reprocha su olvido y nos recuerda su pasado. Aquí, camino ya del alto de la Cipresta y muy cerca de Campanal, desde donde se baja al punto de partida, Grátila, se entiende que la primera artesana del mundo es la Naturaleza.
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NO PERDERSE…..
- Comer en el Bar Peñamayor, en
Piloñeta. Menú sabroso a 7 euros. El pote, muy rico, y las patatinas fritas, “como las de casa de mamá”. Comedor pequeñín y “apañadizu” donde degustar sin prisa tortu con picadillo o el cabritu Peñamayor, por ejemplo. Cierra los lunes. - Otro lugar para disfrutar de buena gastronomía asturiana es el restaurante El Titi, en Basoredo. Cierra los lunes por la tarde y los martes el día entero.
- Alojarse en el hotel Fuensanta, en Piloñeta. Además de mucho encanto, tiene habitaciones adaptadas para minusválidos.
Sus dueños también organizan para los clientes todo tido de rutas y hasta cenas medievales, cursos de aliños aromáticos y hasta de iniciación a la astronomía. ¡Ah!, y tiene piscina ecológica. - Otras dos casas rurales que destacan en Piloñeta son la azulada Casa Luisa, de alquiler íntegro, para dos personas y con unas hermosas vistas a Peñamayor, a 50 euros la noche, y la preciosa Na´Bolera, también se alquila íntegra para tres personas a 60 euros en temporada baja.









