<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	>

<channel>
	<title>El tránsito de las ballenas</title>
	<atom:link href="http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez</link>
	<description></description>
	<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 17:22:23 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.6.5</generator>
	<language>en</language>
			<item>
		<title>MENUDA LETRA</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/12/menuda-letra/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/12/menuda-letra/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 17:22:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=221</guid>
		<description><![CDATA[En un mundo cada vez más grande, en el que los edificios se hacen rascacielos, las ciudades crecen verticales, los paneles de publicidad irrumpen sobre las azoteas gigantescos, cuesta no perder nuestra dimensión real. Dimensión que así y todo no perdemos, porque aun por debajo de nosotros hay un mundo todavía más pequeño. Uno compuesto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En un mundo cada vez más grande, en el que los edificios se hacen rascacielos, las ciudades crecen verticales, los paneles de publicidad irrumpen sobre las azoteas gigantescos, cuesta no perder nuestra dimensión real. Dimensión que así y todo no perdemos, porque aun por debajo de nosotros hay un mundo todavía más pequeño. Uno compuesto por diminutas moléculas, motas de polvo, filas de hormigas y letras pequeñas. Sobre todo letras, que ordenadas en larguísimas frases aparecen aceleradas bajo los anuncios de la televisión, tras los envases de yogures y en alguna que otra papeleta. Y lo curioso es que esa letra pequeña, que siempre recomiendan que una lea con atención, es precisamente la que por vagancia aceptamos sin remisión. <span id="more-221"></span><br />
Y es curioso porque la experiencia debería servirnos para saber que ese texto casi ilegible suele obligarnos a algo o, al menos, suele eximir de responsabilidad a quien tan cuidadosamente lo ha redactado. De ahí su tamaño. Sirva de ejemplo, los versos que descubrí tras un viaje a Nueva York en el reverso de un billete en un minibús para ir al aeropuerto.<br />
Un servicio de transporte que no empezó con buen pie, pues cuando llegó el conductor no quiso descontar del total de los billetes el depósito de 10 dólares que habíamos dejado en el hotel como reserva el día anterior. Al parecer, y según nos explicó mientras se apropiaba de la vuelta como propina, no era cosa de la empresa sino del hotel, por lo que le pedimos al recepcionista que fuera tan amable de devolvernos el dinero. Petición que fue denegada, argumentado sin más que el depósito lo tenía que devolver el conductor. Así que resignados, con ese mal cuerpo que te deja saber que te están timando, nos subimos al minibús y, bajo la amenazante mirada de los demás pasajeros que ya hacía rato esperaban por nosotros, nos encaminamos al aeropuerto.<br />
El caso es que no fue hasta hace varios días cuando caí en la cuenta de que aún llevaba en mi cartera el ticket del trayecto. Un diminuto rectángulo de color verde, que en su reverso rezaba así: «Con la aceptación de este cupón, el cliente está de acuerdo con que ni la compañía ni sus afiliados, subsidiarios o representantes son ni pueden ser culpables o responsables de ninguna perdida, accidente o daño a persona o propiedad que resulte directa o indirectamente de actos de Dios, de incidentes provocados por el mar, de incendios en maquinaria o equipamiento, de actos del gobierno u otras autoridades, de guerras de jure o de facto declaradas o no, de hostilidades, disturbios civiles, huelgas, revueltas, robos, epidemias, cuarentenas, regulaciones médicas, retrasos, cancelaciones, cambios en los horarios de los itinerarios o de ninguna otra causa ajena al control de la compañía». Es decir, que según la letra pequeña del billete en cuestión, la empresa no era responsable de ninguna cosa imaginable que pudiera suceder en ese trayecto. De ninguna, excepto de algo que se les debió de olvidar añadir: que el depósito del billete no era tal, sino una comisión.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/12/menuda-letra/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>FALTAN 15 DIAS PARA LA PRIMAVERA</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/05/faltan-15-dias-para-la-primavera/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/05/faltan-15-dias-para-la-primavera/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 10:09:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=217</guid>
		<description><![CDATA[3, 2, 1&#8230;Cuentas atrás hay muchas y muy diversas. Está la del hipnotizador, que arrastra cada número como si tuviera dormida la lengua. La del disparo que marca el inicio de la carrera o la del segundero digital que corre mientras el bueno de la película decide qué cable cortar. Sí, cuentas atrás hay muchas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>3, 2, 1&#8230;Cuentas atrás hay muchas y muy diversas. Está la del hipnotizador, que arrastra cada número como si tuviera dormida la lengua. La del disparo que marca el inicio de la carrera o la del segundero digital que corre mientras el bueno de la película decide qué cable cortar. Sí, cuentas atrás hay muchas y muy diversas, sin embargo, aunque la mayoría de ellas provocan esa excitación de saber que algo se va a acabar, todas sin excepción entrañan el sufrimiento de reconocer que no hay manera de escapar a ese final. Es el reloj marcando su tic tac sobre nuestra cabeza. <span id="more-217"></span><br />
Y es que uno sabe que se está haciendo mayor no porque tenga peores resacas, que también, ni cierta preocupación constante fijada en el entrecejo. Uno sabe que se hace mayor porque, sencillamente, las vacaciones de verano o Navidad ya no son eternas. En definitiva, porque siente trepidante el paso del tiempo en todo su cuerpo. Por eso a nadie o a casi nadie le gustan las cuentas atrás. Sin embargo, yo hace meses que descubrí una, una muy pequeña, a la que me he aficionado y que sigo cada día con verdeara devoción.<br />
Está en este mismo diario, justo en la última página y en un espacio tan reducido que a los que leemos el periódico a primera hora hay veces que incluso nos cuesta enfocar. Es un estrecho rectángulo situado bajo la dirección y teléfono de las distintas redacciones del periódico, en el que cada jornada junto a las efemérides se anuncian los días que quedan para que llegue la primavera. Hoy, 15 nada más.<br />
La cuenta atrás la hace cada día Luis Mario Arce, que firma tan pequeño que me lo imagino tímido y delicado rubricando el espacio. Él es el responsable de que cada mañana se dibuje en mi rostro una sonrisa. Porque al anuncio, a la cuanta atrás de la llegada de la primavera, sigue y acompaña la sección que titula «el reloj de la naturaleza».<br />
Son apenas cuatro líneas que testimonian que las lavanderas blancas enlutadas, nativas de las islas Británicas, inician el retorno a sus lugares de cría aunque Obama no pase por su mejor momento de popularidad. Que los bancos de sardinas se aproximan a la costa aunque el Ayuntamiento quiera que escanciemos en baldes para no ensuciar la calle. Que se comienza apreciar el paso de los mosquiteros musicales de camino a sus áreas de cría en Europa aunque los rumores amenacen que Cascos quiere volver a la política regional. Que los murciélagos de cueva permanecen en sus refugios de invierno, donde han tenido lugar los apareamientos, pero que en breve se mudarán al margen de que el pacto de gobierno se tambalee por culpa de la dichosa incineradora. O que las nutrias carecen de un período de celo definido, pero que entre diciembre y marzo parecen mostrar una mayor actividad sexual aunque en Chile haya habido un terrible terremoto que le ha costado la vida a cientos de personas.<br />
Son, en definitiva, apenas cuatro líneas que constatan que la naturaleza sigue su curso a expensas de las noticias que cada día marcan nuestra actualidad. Una cuenta atrás que a pesar -y por ahora- del cambio climático nos recuerda algo vital: que no somos tan importantes. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/03/05/faltan-15-dias-para-la-primavera/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>CHARANGA Y PANDERETA</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/26/charanga-y-pandereta/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/26/charanga-y-pandereta/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 17:14:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=215</guid>
		<description><![CDATA[Coincidencia o no, según se mire, el día que John Cobra era portada en muchos medios digitales por tocarse los genitales al ser abucheado en la gala de Eurovisión, el Gobierno británico declaró lugar histórico los míticos estudios Abbey Road donde los «Beatles» grabaron buena parte de su discografía entre 1962 y 1970, y que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Coincidencia o no, según se mire, el día que John Cobra era portada en muchos medios digitales por tocarse los genitales al ser abucheado en la gala de Eurovisión, el Gobierno británico declaró lugar histórico los míticos estudios Abbey Road donde los «Beatles» grabaron buena parte de su discografía entre 1962 y 1970, y que desde hacía días eran objeto de diversas informaciones que apuntaban a su posible venta. Y digo coincidencia porque en la era de la globalización resulta cada vez más habitual encontrar relaciones no pretendidas entre las diversas noticias de las portadas digitales.<br />
Y se preguntarán qué es lo que une Eurovisión con el templo de grabación de una de las bandas más importantes de la época contemporánea? Pues básicamente lo que los separa. <span id="more-215"></span>Es decir, la línea que diferencia lo artístico de lo comercial. Una demasiado delgada pero vital para entender ambos fenómenos cuyo denominador común es la mercantilización de la música y más concretamente de la cultura.<br />
Porque el festival de Eurovisión, supuesto escaparate de la música europea, hace ya tiempo que se tornó escaparate de propuestas prefabricadas. Diseñadas según los parámetros del propio certamen, que año tras año ha ido perfilando su identidad: cierto horterismo, mucho efectismo y poca calidad, pero que aun así sigue siendo un negocio para televisiones y organizadores. Un escenario que no muestra, ni creo que pretenda hacerlo, una realidad. Que no acoge las últimas tendencias musicales o lo que se está haciendo ahora mismo en los distintos países europeos. Ni siquiera busca nuevos talentos. Eurovisión es un contenedor de diferentes lanzamientos a los que, en caso de ganar, poder explotar comercialmente. El rédito no es el prestigio o poner en marcha una carrera, sino sencillamente rentabilizar una inversión que es testada por primera vez en el escenario del propio festival.<br />
Y aquí es donde se unen los genitales del Cobra, sobradamente rentabilizados ya, con la decisión del Gobierno británico de convertir los estudios Abbey Road en patrimonio histórico. Porque aunque los «Beatles» fueron el primer fenómeno musical de masas y no sólo gracias a su creatividad (en ello tuvieron mucho que ver los recién nacidos mass media); aunque los cuatro de Liverpool han sido comercializados hasta la saciedad en posavasos, carteles, discos recopilatorios, figurillas de resina o llaveros, eran sencillamente una banda de verdad. Es decir, una propuesta nacida de la creatividad de unos chavales que otros, sin duda, supieron explotar con mucho acierto.<br />
Y esa es la diferencia, lo que separa los productos fabricados por Eurovisión de los productos que construyeron los «Beatles» en el estudio de grabación. Por eso, porque ese legado está más allá de lo que se puede vender y comprar, el Gobierno británico ha decidido hacer patrimonio el lugar donde la creatividad de los «Beatles» se convirtió en algo material. Es decir, han convertido Abbey Road en uno de los símbolos que forman, junto a otros, su identidad cultural como país. Identidad que en España, visto lo visto en la gala para ir a Eurovisión, a este paso se quedará en la charanga y pandereta y, por supuesto, en la peineta.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/26/charanga-y-pandereta/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>OBVIEDADES Y EVIDENCIAS</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/19/obviedades-y-evidencias/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/19/obviedades-y-evidencias/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 19 Feb 2010 17:11:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=213</guid>
		<description><![CDATA[Evidentemente, reseñar lo que es obvio puede resultar impertinente. Más si los ojos que ven la evidencia, es decir, lo que se encuentra o pone delante de ellos, son totalmente conscientes de lo que miran. De ahí que sea algo extraño encontrar tan simples afirmaciones recogidas en la prensa. Pero haberlas, haylas. Por ejemplo, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Evidentemente, reseñar lo que es obvio puede resultar impertinente. Más si los ojos que ven la evidencia, es decir, lo que se encuentra o pone delante de ellos, son totalmente conscientes de lo que miran. De ahí que sea algo extraño encontrar tan simples afirmaciones recogidas en la prensa. Pero haberlas, haylas. Por ejemplo, la semana pasada el «Financial Times», diario muy crítico con la política económica del Gobierno español, titulaba su editorial tras el encuentro que mantuvieron sus responsables con la vicepresidenta Elena Salgado: «España no es Grecia». Una evidencia y también, claro está, una obviedad muy similar a la que unos días después recogían los medios asturianos. Esta vez se trataba de declaraciones de la consejera de Cultura del Principado de Asturias, Mercedes Álvarez, tratando de explicar la ausencia del presidente Areces a la inauguración oficial del año Xacobeo en Roncesvalles. Y lo hizo con la perla que publicó este diario el 12 de febrero y que paso a citar «El Presidente no puede estar en dos sitios a la vez». <span id="more-213"></span>La frase hacía referencia a que Areces se encontraba en esa fecha en Bruselas defendiendo los fondos del comité de regiones, lo que a juicio de la Consejera explicaba (evidentemente) por qué no estaba junto a los otros siete presidentes de las comunidades por donde discurre la ruta jubilar en esta apertura oficial.<br />
Pues bien, decía que la obviedad no es frecuente en la prensa, porque no sé a ustedes, pero a mí hay días que leer las declaraciones políticas me resulta casi más complicado que resolver un sudoku. Y lo malo es que en muchos casos ése suele ser el objetivo final. Una práctica fruto de esa «telecracia», en la que las palabras de los mandatarios son cuidadosamente confeccionadas por equipos de asesores para que éstas logren tener eco en la prensa. Una labor complicada, más si tenemos en cuenta que han de competir con las declaraciones de otros muchos representantes políticos que igualmente asesorados buscan la frase que abra la página del diario al día siguiente.<br />
De ahí que declaraciones tan simplonas, tan obvias como que «España no es Grecia» o que Areces no tiene el don de la omnipresencia, acaben llamando más la atención que esas composiciones gramaticales en las que, además, se utiliza sin ton ni son la terminología de otros gremios como el de la salud mental. Pero Mercedes Álvarez, espontánea en su declaración, escogió al igual que el «Financial Times» la obviedad como explicación. Una justificación, presumiblemente menos preparada que la que ofreció la misma Consejera en la Junta General para aclarar la destitución de Pepe el Ferreiro, y que de nuevo se apoyó en el argumento con el que inicialmente explicó Cultura por qué lo retiraban del puesto. Es decir, por su «gestión burocrática anárquica», tal que yo me imaginaba al ex director del Museo de Grandas de Salime tirando papeles al aire, pegando chicles en las facturas y ordenando por algún método aleatorio los dossieres y memorias del museo. Y es que eso es lo que tiene no ser testigo directo de la realidad. Que por mucho que te lo cuenten no termina de ser una obviedad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/19/obviedades-y-evidencias/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>LA TREGUA DEL CARNAVAL</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/12/la-tregua-del-carnaval/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/12/la-tregua-del-carnaval/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 17:17:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=211</guid>
		<description><![CDATA[Caprichos del calendario, este año nos toca en cercanía y coincide en fecha, la celebración de San Valentín con una de las jornadas del Carnaval. Feliz coincidencia que no deja de tener lecturas más perversas. Porque sí, el amor, como la mona, a veces se viste de seda, e igual que ella, amor se queda. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Caprichos del calendario, este año nos toca en cercanía y coincide en fecha, la celebración de San Valentín con una de las jornadas del Carnaval. Feliz coincidencia que no deja de tener lecturas más perversas. Porque sí, el amor, como la mona, a veces se viste de seda, e igual que ella, amor se queda. Es decir, que se disfraza para desfigurar nuestra forma natural. El objetivo no es el engaño; es, sencillamente, disimular. A veces con el fin de impresionar, otras con el fin de gustar más de lo que uno estima que hará la realidad. Así, el amor, en los comienzos o cortejo, nos disfraza de perfectos. Con maquillaje para tapar granos, camisas largas para afinar caderas y otras tretas que intentan ocultar justo esas imperfecciones que con el tiempo serán, si todo sale bien, lo que nos hace amar a esa persona en particular. <span id="more-211"></span><br />
Pero no es el amor lo único que se disfraza. Otros sentimientos nobles lo hacen por igual. Por ejemplo, la inseguridad, patente en el temblor de dedos y manos que ocultamos en puños cerrados y, por si acaso, escondemos en los bolsos de la chaqueta. Disfrazamos las extremidades, el tronco y hasta la cara cuando nos dan ese regalo que no nos gusta nada, pero que aun así aceptamos dibujando tan gran sonrisa en la jeta que no queda espacio para otros gestos que delaten nuestro descontento. Y no sólo enmascaramos eso. También la voz -algunos incluso el aliento-, que proyectamos impostada y engolada y petulante, cuando sentimos que alguien espera expectante nuestra respuesta.<br />
Y por disfrazar, disfrazamos el humor, que es sumamente flexible, pero no tanto como para reírnos de nosotros mismos siempre que la situación lo requiere. Falseamos la desidia vistiendo chándal aunque solo vayamos una vez al mes a la piscina, cambiamos nuestra altura con zapatos de tacón kilométrico, transmutamos a respetables con corbata y traje chaqueta para asistir a reuniones de empresa y, si me apuran, hasta en la intimidad más completa nos disfrazamos con esos conjuntos monísimos que han puesto de moda grandes cadenas para andar por casa.<br />
Disfrazamos el cuerpo y, cómo no, también el alma, pero no en esta fecha. No en Carnaval. Porque el Antroxu, a modo de rabieta, saca a paseo el descontento y deja que gritemos a los cuatro vientos y en forma de comparsa que a nosotros no nos la dan con queso. Que da igual lo mucho que se esfuercen en maquillar las cifras del paro, el fin de la crisis, la tensión entre los socios de gobierno o la duda de quién será el próximo candidato a la Presidencia del Principado, ora disfrazado de Cascos, ora disfrazado de secretario de la FSA. Reconocemos la verdad. Y así lo hace patente el Carnaval. Porque el Antroxu no es sólo una fiesta; es una tregua que permite criticar sin reservas la cruda realidad. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/12/la-tregua-del-carnaval/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>FUERA DE LO NORMAL</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/05/fuera-de-lo-normal/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/05/fuera-de-lo-normal/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Feb 2010 09:49:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=209</guid>
		<description><![CDATA[Leía está semana, no sin asombro, que al parecer estos días de atrás Gijón ha registrado descensos históricos de la marea. La culpable, según la información que daba este mismo diario el pasado miércoles, ha sido la coincidencia de las altas presiones atmosféricas y las mareas equinocciales, lo que ha hecho que el reflujo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leía está semana, no sin asombro, que al parecer estos días de atrás Gijón ha registrado descensos históricos de la marea. La culpable, según la información que daba este mismo diario el pasado miércoles, ha sido la coincidencia de las altas presiones atmosféricas y las mareas equinocciales, lo que ha hecho que el reflujo de la marea, que aunque suene a algo gástrico no es más que la bajamar, alcance su máximo punto de retroceso. Y decía que leía la noticia con asombro, porque cuando yo era guaja y vivía mirando al mar, no era ni mucho menos extraño que el muelle se quedara en paños, o aguas menores, enseñando montañas de ocle y restos de bicicletas oxidados junto a los barcos que, ya sin agua, reposaban de un costado sobre la arena de la dársena. Y de aquella eso era habitual y por tanto, lo normal; <span id="more-209"></span>una cualidad que se suele atribuir a cosas que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Sin embargo, si esas normas cambian también se puede alterar la percepción que tenemos de esa realidad. Algo que parecen haber aprendido pronto los medios de comunicación, cada vez más afanados en encontrar lo excepcional.<br />
Y es que si existe una rara avis en la sociedad del espectáculo, esa es la normalidad. Tanto, como para acudir al Instituto Oceanográfico en busca de respuestas, de datos que expliquen y aclaren por qué estos días la playa parece más grande. Y la verdad, yo que trabajo junto a San Lorenzo, que bordeo el arenal gijonés varias veces al día, he de confesar que solo tras leer el periódico reparé en tal situación. Hasta ese momento, que hubiera mareas muy bajas a mí no me había llamado la atención ni, desde luego, me parecía un hecho noticiable. Como mucho, tema de conversación para salvar un silencio incómodo en algún que otro ascensor que, ya se sabe, es templo de la conversación intrascendente donde el tiempo o el estado del portal del edificio adquiere enromes dimensiones. Las mismas que los medios han sabido explotar con el filón de la climatología, protagonista en Asturias este mes, en el que hemos conocido casi minuto a minuto el color de la alerta en la que estaba la comunidad, el número de litros de lluvia que habían caído por metro cuadrado y demás datos atmosféricos, claramente vitales para saber qué calzado debíamos ponernos al día siguiente. Y aunque los expertos se afanaban en decir que era lo normal, que simplemente estábamos en invierno, el solo hecho de verlo reflejado en los medios de comunicación nos daba esa sensación de estar viviendo algo extraordinario.<br />
Por eso me llama la atención que estos días en los que el Gobierno, oposición y socios perennes están debatiendo la necesidad de retrasar dos años la edad de jubilación, aún no haya encontrado una noticia que dé cuenta de reacciones fuera de lo normal. Y eso sí que me produce reflujos gástricos y otras molestias, porque, la verdad, aun estoy asombrada de que no hayan salido a la calle a quejarse hordas de casi jubilados, jubilados y jóvenes becarios, de esos de 40 años envejecidos y eternizados en masters, postmásters, doctorados y diferentes grados de inglés, que tratan de insertarse sin éxito en el mercado laboral. Porque sí, sólo se está hablando de retrasar la edad de la jubilación, pero nada de la edad a la que se empieza a trabajar. Y es que ahora lo excepcional es terminar la carrera y comenzar a cotizar. Pero eso no es noticia, porque ya es algo normal.  </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/02/05/fuera-de-lo-normal/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>PEREZA, CIVISMO Y EDAD</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/29/pereza-civismo-y-edad/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/29/pereza-civismo-y-edad/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 09:42:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=202</guid>
		<description><![CDATA[ Puede que sea cosa de la edad; de la poca edad, digo, porque lo cierto es que la pereza y la vagancia suelen ser buenos compañeros de los niños. Un estado de repentina apatía que normalmente aparece hacia los 9 años y que a lo largo de toda la preadolescencia se evidencia en gestos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Puede que sea cosa de la edad; de la poca edad, digo, porque lo cierto es que la pereza y la vagancia suelen ser buenos compañeros de los niños. Un estado de repentina apatía que normalmente aparece hacia los 9 años y que a lo largo de toda la preadolescencia se evidencia en gestos tales como ese universal levantamiento del labio superior en señal de <em>repunancia</em> cuando tus padres te dicen que vayas a por el pan. En ese andar plomizo, marcando los pasos con sonado arrastre por el pasillo cuando te mandan poner la mesa. En esa caída de brazos a plomo, en plan simiesco, acompañada por refunfuños guturales cuando te piden que cuides a tu hermano pequeño. Y, cómo no, en esa pataleta ahogada, con una buena cruzada de brazos a la altura de las axilas, cuando te toca bajar la basura, lo que en mi caso y en el de mi hermana mayor adquiría unas dimensiones dramáticas, ya que vivíamos en un tercero sin ascensor.<span id="more-202"></span><br />
De ahí que las dos, que siempre fuimos muy aficionadas a los inventos, pensáramos entonces en construir un sistema de polea para poder bajar las bolsas de basura por la ventana. He de matizar que de aquélla los contenedores no existían como tales y los residuos se acumulaban en grandes montañas de basura frente a las puertas de los edificios. Sin embargo, y aunque no existiera la dificultad de encestar la bolsa en el container, el riesgo de que se enredara con la farola y cayera a plomo sobre la visera del comercio que estaba situado justo al lado del portal nos hizo aparcar la idea. Ojo, aparcarla sólo, que no desecharla, pues recuerdo que también probamos suerte realizando la misma prueba por la caja de las escaleras. Y, en fin, no tuvo éxito. Así que durante años seguimos bajando a regañadientes y en zapatillas la basura antes de cenar.<br />
Sin embargo, y a la luz de la última propuesta municipal, la vagancia a la hora de depositar los desperdicios no debe de ser cosa estrictamente de la edad. El Ayuntamiento, a fin de acabar con el depósito de basura a deshora, pretende crear una nueva figura que vele por el cumplimiento del horario -ahora establecido en la franja de 21.00 a 23.00 horas todos los días excepto el sábado- denominada «inspector cívico medioambiental». Las cuatro plazas, que dependerán de Emulsa, tendrán como objetivo la educación, la sensibilización medioambiental de la ciudadanía y la inspección derivada del cumplimiento de la ordenanza municipal de limpieza.<br />
Y en fin, hasta ahí, poco que rebatir y nada que objetar. Las sanciones por estos comportamientos ya existen, así que informar sobre ellas en ningún caso está de más. Pero la cuestión es que las competencias de estos «vigilantes» van más allá de la mera orientación. Al parecer también tendrán la capacidad de iniciar el procedimiento sancionador mediante una denuncia al órgano municipal competente. Y ahí es donde el asunto empieza a oler mal.<br />
Porque nadie duda que la medida responda a una realidad. Que los horarios laborales, la pereza, la desidia o el simple egoísmo lleven a muchas personas a saltarse la norma y bajar la basura a deshora sin tener en cuenta el malestar que pueden causar en otros ciudadanos. Ahora bien, plantear la multa como solución a un comportamiento irresponsable es renunciar a la posibilidad de que la educación pueda lograse sin castigo. Es, en definitiva, tratarnos como a niños tutelados por la Administración, incapaces de aprender la lección sin el miedo a la represalia o a la sanción.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/29/pereza-civismo-y-edad/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>ESTO YE LO MÁS GUAPO</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/22/esto-ye-lo-mas-guapo/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/22/esto-ye-lo-mas-guapo/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 10:10:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=204</guid>
		<description><![CDATA[Como si fuera ayer. Así de nítido recuerdo mi primer viaje a París, pero, sobre todo, así de cerca recuerdo la vuelta de ese viaje. Y lo recuerdo porque mi güela, asturiana de pura cepa y para más datos de Roces por los cuatro costados, se encargó de que llevara ese momento grabado a fuego [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como si fuera ayer. Así de nítido recuerdo mi primer viaje a París, pero, sobre todo, así de cerca recuerdo la vuelta de ese viaje. Y lo recuerdo porque mi güela, asturiana de pura cepa y para más datos de Roces por los cuatro costados, se encargó de que llevara ese momento grabado a fuego en mi memoria a lo largo de estos años. La frase que leerán más adelante le pertenece, pero el recuerdo lo llevo yo sola, porque ella ya no está para rememorarlo.<span id="more-204"></span><br />
Creo que yo tenía nueve años. Diez, a lo sumo. Hacía sólo unos días que habíamos regresado de vacaciones y era el turno de la ceremoniosa comida con los abuelos para la entrega de regalos. Ya saben, esos pequeños recordatorios de dudoso gusto que se suele traer a los familiares tras las vacaciones y que poco a poco van convirtiendo las estanterías de las casas en una especie de escaparate de souvenirs; aún conservo en la mía la pequeña réplica que me empeñé en comprar de la torre Eiffel y aún permanece en la suya la muñeca parisiense que les regalamos.<br />
Pues bien, una vez hechas las ofrendas turísticas, y todavía con la excitación del viaje metida en el cuerpo, recuerdo que comencé a describir a mi abuela con minucioso detalle mis impresiones sobre la ciudad del amor. La majestuosidad de los puentes del Sena, las tuberías trasparentes por las que uno subía las escaleras mecánicas del centro Pompidou, el interior blanco azulejado del metro y la enorme pirámide de cristal que servía de epicentro al Museo del Louvre. Todo un recorrido virtual que ella escuchó con estoica paciencia para, una vez hube terminado, sentenciar sin un ápice de ironía «Ya, pero, ¿a que esto ye más guapo?».<br />
Una pregunta retórica, por supuesto, que no me molesté en contestar y que a día de hoy, cada vez que vuelvo de vacaciones, recuerdo con cierta sensación de derrota. La mismita que me ha embargado estos días al leer en la prensa las explicaciones del Gobierno asturiano en torno a las conexiones, o más bien, única conexión aérea, que actualmente comunica Asturias con Madrid.<br />
Y sí, he de confesar que al leerlas me sentí pequeña y casi reconocí la mirada condescendiente de mi güela en los ojos de Buendía o de Migoya, que ya bien sea por desidia o simplemente por escurrir el bulto, han afirmado que la crisis no es el marco más adecuado para conseguir otras compañías que operen en el aeródromo asturiano a fin de acabar con el monopolio de Iberia. Monopolio, que hemos de recordar, nos ha situado como la comunidad que tiene el billete más caro para viajar a la capital: 380 euros, ahí es nada.<br />
Y vale que estemos inmersos en plena recesión y que, probablemente, ése no sea el mejor escenario para negociar, pero la realidad es que, por muy guapo que sea esto, los asturianos quieren salir de Asturias y sólo pueden hacerlo en tren (dependiendo de cuatro únicos servicios al día), por carretera (pagando un peaje) o a pie, y eso no es plan. Ni para los de aquí ni para los que nos eligen como destino turístico. Y es que creer que sólo porque esto ye lo más guapo se las van a ingeniar para llegar a Asturias, no es ser ingenuos, es estar desconectados, y no sólo de la capital, sino de la realidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/22/esto-ye-lo-mas-guapo/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>CURARSE EN SALUD</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/15/curarse-en-salud/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/15/curarse-en-salud/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 18:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=207</guid>
		<description><![CDATA[Ya lo dijo Benjamin Franklin, “una onza de prevención vale una libra de curación”, es decir, que lo que invirtamos en prevenir lo ganaremos en evitar la enfermedad. Y hasta ahí, nada que objetar. Sin embargo, que la prevención pueda ser equivalente a la curación, no significa que sea proporcional. O sea, que muchas veces [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya lo dijo Benjamin Franklin, “una onza de prevención vale una libra de curación”, es decir, que lo que invirtamos en prevenir lo ganaremos en evitar la enfermedad. Y hasta ahí, nada que objetar. Sin embargo, que la prevención pueda ser equivalente a la curación, no significa que sea proporcional. O sea, que muchas veces la inversión en prevención es mayor que la inversión en curación. Y lo es, porque algunos han encontrado en ella un verdadero negocio. <span id="more-207"></span><br />
Así parece indicarlo el balance presentado esta semana por la Consejería de Salud de Principado sobre la incidencia del virus H1N1 en nuestra comunidad. Un análisis que concluye, entre otras cosas, no sólo que el número de afectados (40.000) ha sido menor que en otras temporadas (en la de 1998/99 hubo 77.647 afectado), sino que además Asturias cierra esta temporada gripal con el menor volumen de ancianos afectados en los últimos años años.<br />
El anuncio de estas cifras coincidía con el balance del ministerio de sanidad a nivel nacional y con la noticia de una próxima investigación a la gestión que realizó la OMS sobre la gripe A. Al parecer, expertos independientes (vaya usted a saber qué significa eso) valorarán si las medidas de la Organización Mundial de la Salud fueron alarmistas y, de paso, favorables a las farmacéuticas. Algo que de momento y curándose en salud, la OMS se ha apresurado a matizar diciendo que si declararon la gripe A como pandemia no fue por su mortalidad, sino por su rápida propagación.<br />
En fin, justificaciones a destiempo o no, lo cierto es que el virus H1N1 ha sido todo un negocio para las farmacéuticas. Pero  no solo para ellas. También se han visto beneficiadas las agencias publicitarias, las empresas de higiene, de diseño, de cartelería  y cómo no, los medios de comunicación, principales trasmisores de la alarma, pues el ciudadano acudía a ellos para obtener la información. Así que con tantos agentes implicados y ante la evidencia de una incidencia menor de la prevista, no me sorprende, ni mucho menos, que ahora Gobiernos y Consejos busquen una cabeza de turco que asuma toda la responsabilidad.<br />
No me sorprende esta intención, pero sí que todos pareciéramos saber con antelación cómo iban a trascurrir los hechos. Y es que a la par que se generaba la alarma social se activaba el descreimiento popular. Probablemente, como respuesta a un mundo plagado de posibles (que no probables) amenazas. Y es que a fuerza de repetición, los ciudadanos hemos acabado por normalizar el estado de inseguridad haciendo depender nuestra capacidad de creer de que la amenaza sea aún mayor.<br />
Y si lo es, o al menos lo parece, entonces pasamos por escáneres, enseñamos el bolso a la puerta del supermercado, nos quitamos los zapatos, y si hace falta, bailamos la lambada. Porque lo cierto es que nunca tantas personas se lavaron las manos, tosieron tapándose la boca y se abstuvieron de ir enfermos a su lugar de trabajo. Normas básicas de prevención, pero sobre todo de salud e higiene (alguna también de buena educación) que se pusieron en marcha masivamente por una sola razón: el temor. Y para éste solo hay una vacuna: la buena información.  </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/15/curarse-en-salud/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>A LAS COSAS POR SU NOMBRE</title>
		<link>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/08/a-las-cosas-por-su-nombre/</link>
		<comments>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/08/a-las-cosas-por-su-nombre/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 10:22:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aliciaalvarez</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ARTÍCULOS EN LNE]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/?p=198</guid>
		<description><![CDATA[Yo soy feminista. Y lo soy porque en conciencia no puedo ser otra cosa. Y no lo puedo ser porque yo, como mujer, exijo tener iguales derechos a los del hombre. Por eso, sencillamente por eso, soy feminista. Porque no se trata sólo de un deseo, de un anhelo o de una aspiración, sino de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo soy feminista. Y lo soy porque en conciencia no puedo ser otra cosa. Y no lo puedo ser porque yo, como mujer, exijo tener iguales derechos a los del hombre. Por eso, sencillamente por eso, soy feminista. Porque no se trata sólo de un deseo, de un anhelo o de una aspiración, sino de una exigencia: la igualdad efectiva. Y como no hay razón, ni argumento, ni ciencia, ni creencia que justifique ni demuestre mi inferioridad ni la de mi género respecto al género masculino, por eso, sencillamente por eso, exijo tener los mismos derechos y las mismas oportunidades que tienen y disfrutan los varones. Así de sencillo.<span id="more-198"></span><br />
Y supongo que por eso, porque siempre me ha parecido de lo más simple y cristalino, nunca he logrado entender por qué algunos sienten esta afirmación como una amenaza. Por qué algunos hombres y mujeres se apresuran a decir que ellos creen en la igualdad pero que no son feministas. Por qué para algunos y algunas es un término peyorativo. Y la verdad, tras muchas vueltas, la única explicación lógica que encuentro (aparte de los miedos internos que cada uno pueda albergar en su corazoncito, o de oscuras ideologías que ya pensábamos desterradas) es que, al tratarse de términos parecidos, muchas de esas personas crean que el feminismo es la versión femenina del machismo. Es decir, que el feminismo, definido por la RAE como doctrina social o movimiento «que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres», no es tal, sino justo lo contrario al machismo, que es la «actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres». Así, su definición popular queda (para alegría de algunos sectores) erróneamente reducida a la supremacía de la mujer sobre el hombre, de ahí que muchos se apresuren a decir que no son «ni lo uno ni lo otro», que vendría a ser algo así como afirmar que uno no es racista ni antirracista, o demócrata ni antidemócrata.<br />
Por eso, y ya que ahora hay tanta preocupación en llamar a las cosas por su nombre, me parece interesante poner el acento en esta confusión a fin de que el debate terminológico que algunos quieren abrir en torno a la ley integral contra la Violencia de Género, a la que quieren rebautizar «ley contra la violencia doméstica», sea justo y trasparente, no vaya a ser que estemos hablando de cosas distintas. Y debemos de estar haciéndolo, porque algunos afirman que esta ley provoca una discriminación que favorece injustamente a las mujeres y «estigmatiza» a los hombres por el mero hecho de ser hombres. Pero sobre todo, y en último término, están cuestionando la idoneidad de una ley específica. «Muchos jueces y profesionales del derecho y la psicología estamos manifestando la necesidad de quitar el apelativo de género a la violencia doméstica», declaró el juez Campo, titular del Juzgado de primera instancia número 8 de Gijón a este diario el 4 de enero antes de añadir que «creí que habíamos superado la distinción entre sexos hace muchos años y que en la actualidad vivíamos en una sociedad en la que se hablaba de personas y no de hombres ni de mujeres, pero veo que no es así». Y no lo es.<br />
Y es que, aunque es muy posible que esta ley sea mejorable, no creo que sus carencias puedan servir como argumento para cuestionar la necesidad de una legislación específica contra la violencia de género. Se necesita. Porque 54 mujeres han sido asesinadas este año a manos de sus parejas o ex parejas. Y no han muerto de forma violenta porque no hayan sabido dialogar, porque su relación se haya degradado con el paso del tiempo, ni porque no existan mecanismos de prevención. Murieron por ser mujeres, porque su sexo a ojos de sus asesinos les confería una condición inferior, y eso les daba derecho al maltrato e incluso a la muerte.<br />
Y sí, eso sucede en una sociedad en la que las mujeres trabajan fuera del hogar, tienen negocios, ingresos propios, estudios universitarios, puestos directivos y, las que lo consiguen conciliar a base de mucho esfuerzo, también vida familiar. Y da igual, porque la realidad -así lo atestiguan estudios e informes- es que cobramos menos, trabajamos fuera y dentro del hogar, los hombres más concienciados nos «ayudan» en las tareas domésticas y nos damos de bruces con los techos de cristal. Que nadie se escandalice, pero la igualdad no es efectiva. Que una se pueda divorciar, ponerse minifalda o jugar al fútbol no quiere decir que gocemos de las mismas oportunidades que los varones; son sólo migajas. Y las muertes de esas mujeres son precisamente el hecho que nos devuelve a la realidad, que nos despierta del espejismo de esta igualdad jurídica pero ficticia. Que nos recuerdan que el camino, ni mucho menos, está hecho. Una mujer lo tiene más difícil por ser mujer, y quienes lo niegan o lo hacen interesadamente o sólo piensan en clave individual. Que una nunca haya sido objeto de discriminación no significa que la discriminación no exista. Por eso es necesario tener conciencia de la realidad. Por eso es necesaria una ley que la contemple. Porque sin ella no podremos cambiarla. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.lne.es/aliciaalvarez/2010/01/08/a-las-cosas-por-su-nombre/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
