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DERRUMBE
Por Alicia Álvarez (30 de Octubre, 2009)
De verdad que no lo entiendo. Me refiero a ese extraño gusto mediático por bombardear a la audiencia a partir de una noticia catastrófica con sucesos similares. Sirva de ejemplo el derrumbe del edificio a principios de semana en Palma de Mallorca; una tragedia que se cobró siete víctimas mortales, de ahí que automáticamente pasará a convertirse en objeto de información. Hasta ahí nada que objetar. Sin embargo, una vez que ya se había dado cuenta del suceso, el análisis de la noticia fue rápidamente sustituido por la búsqueda de hechos similares. Una honda expansiva de derrumbes que también llegó a Asturias, con el desplome de una cornisa en la Tenderina. En este caso, el saldo fue de tres heridos leves.
Y bueno, puede que este hecho y los otros hubieran sido noticia por sí mismos, pero sería inocente pensar que su presencia encadenada en los medios resida en la pura casualidad, así que volvamos a la cuestión inicial. ¿Por qué tantos sucesos parecidos en torno a las mismas fechas? ¿Por qué cuando cae un avión los siguiente días telediarios, informativos radiofónicos y periódicos rastrean, encuentran y publican caídas de aeronaves en la India, Rusia y demás países lejanos? ¿Por qué cuando hay un accidente de tren, rápidamente choques, descarrilamientos y explosiones aparecen en las páginas de sucesos con una periodicidad entre sí de tan solo horas? En definitiva, ¿dónde está el negocio?
Y esa es la pregunta porque informativamente no tiene justificación. No la tiene, claro, más allá de conseguir que la audiencia esté durante unos días realmente angustiada mirando al cielo, a las cornisas o a la ceniza de los cigarros esperando que en cualquier momento ocurra la desgracia. Así que, o bien los medios tratan de formar ciudadanos precavidos ante los posibles peligros, o bien el miedo colectivo tiene un rédito comercial.
Y es que los recursos empleados por los medios en cubrir durante varios días sucesos similares (de acuerdo, estas cosas pasan todos los días, pero no todos los días tienen repercusión mediática) bien podrían dedicarse -si es menester- a tratar de averiguar las causas de los mismos. Por ejemplo, en el caso del derrumbe, si se cumplieron las revisiones del edifico, cuál debe ser la periodicidad de éstas o quién tiene la responsabilidad última en el asunto. Y si quieren, aplicar estas mismas preguntas a las distintas comunidades vecinas. Así, y gracias a esta labor, podríamos saber cada cuánto tiempo ha de ser revisado nuestro edificio, qué hemos de hacer si detectamos grietas o con qué entidades hay que contactar para poderlas solucionar.
Y aunque no todos los medios ignoran esta metodología (este mismo diario respondía ayer jueves a estas cuestiones) sí que es cierto que no es la tónica general. Y no lo es porque no solo las casas se vienen abajo. Parte de la empresa informativa, que no el periodismo, se está desplomando. De ahí que algunos medios, antes que hacer una revisión de sus cimientos, opten por agarrarse a fórmulas de dudosa ética para atraer la atención del receptor. Hasta que ésta se derrumbe, claro.
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