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POR LA CÁNDIDA ADOLESCENCIA
Por Alicia Álvarez (19 de Diciembre, 2008)
Hay ciertas cosas a las que, aún siendo adultos, resulta muy difícil resistirse. Por ejemplo, a untar el dedo en el chocolate de una tarta recién hecha, a tocar alguna de las teclas de un piano abierto, a explotar el papel de burbujas de embalaje retorciéndolo entre las manos o a pegarle una tímida patada a la lata de refresco que se cruza en nuestro camino.
A eso, y a mover con sigilo una de las piezas de cristal que hay sobre esa repisa de la tienda en la que reza en un enorme cartel la frase «No tocar». A dibujar o escribir en la ventanilla del coche empañada por el vaho, a probar todos y cada uno de los sillones expuestos en Ikea, a escurrir la mirada cuando el que te habla tiene algo entre los dientes o a pensar algún que otro taco cuando entras de visita turística en una iglesia. Leer el resto de la entrada »
TENEMOS UN NOMBRE PARA ESO
Por Alicia Álvarez (12 de Diciembre, 2008)
«Nosotros tenemos un nombre para eso, Bill, y se llama tenis”. Éste era el comentario con el que el redactor Brian Ashcraft apuntillaba en la web kotaku las explicaciones que el Bill Gates había dado en una entrevista a la pregunta de cuál iba a ser el rumbo de Microsoft en videojuegos. Respuesta muy polémica, porque Gates contestó pidiendo a la periodista que se imaginara una consola en la que «tú simplemente cojas un bate y bateas o una raqueta de tenis y la mueves como si golpeases la pelota». Leer el resto de la entrada »
EL GRUÑIDO DE VIRIATO
Por Alicia Álvarez (5 de Diciembre, 2008)
Me pasa siempre. Con los fuegos artificiales, con los parques de atracciones, con los rascacielos y hasta con las inauguraciones de los Juegos Olímpicos. Y siempre es igual. Primero, un sentimiento de fascinación. De estar asistiendo a la grandeza del potencial humano. Después, una sensación pesarosa, parecida al mal sabor de boca. Y creo que me pasa porque soy incapaz de mantener ese estado de expectación sin pensar enseguida en lo absurdo que resulta tanta fastuosidad sin más motivo que la espectacularidad. Leer el resto de la entrada »

