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TIENE GRACIA
Por Alicia Álvarez (21 de Marzo, 2008)
Pues sí, tiene gracia. Pero no por la canción, que también, ni por su intérprete, ni por las baliarinas que lo acompañan.
Rodolfo Chiquilicuatre tiene gracia porque lejos de ser únicamente un fenómeno de masas, da su merecido a una industria discográfica que en las últimas décadas se ha pasado por el forro los estándares de calidad. Una industria, que lejos de cuidar sus productos, los ha fabricado en masa, convirtiendo la creación musical y con ella a sus interpretes, en meros vehículos de hacer dinero. Así, con la sociedad de consumo a sus pies y el mercado como campo de pruebas, el gran negocio de la música ha ido confeccionando poco a poco un escenario a su medida. Uno en el que no existe nada más allá del estribillo simplón, en el que sin grandes inyecciones de dinero no hay lanzamientos, en el que sin marketing no hay carrera, y en el que sin belleza y juventud no hay siquiera opción. Leer el resto de la entrada »
TODAS LAS MUJERES QUE HABITAN EN MÍ
Por Alicia Álvarez (8 de Marzo, 2008)
Cuando pienso en las mujeres, pienso en esos grupos de tres o cuatro paisanas que me suelo cruzar por el muro de San Lorenzo a primera hora de la mañana. Y van todas de parpayuela, enfundadas en chandals de colores llamativos y con el pelo a lo garçon sobreviviendo aún a la cita semanal de la peluqueria. Y entonces imagino que deben de ser las mismas que en verano toman las escaleras dos y tres ataviadas esta vez con grandes bañadores de estampados florales. Y se sientan en las sillas, como grandes matriarcas, mientras dejan caer los tirantes para tostar media espalda con pequeñas dosis de nivea.
Pienso en ellas y pienso en nosotras, en Undershakers, y en ellas, las Nosoträsh, cuando aún teníamos veinte años y andábamos acarreando amplificadores y guitarras por media España y peleando con una escena musical que lo más que nos dejaba era ser “grupos de chicas”.
Sí, cuando pienso en las mujeres pienso en los gemelos de mi abuela, que más bien parece los de una deportista de tantos suelos que ha fregado de rodillas. Y en los únicos zapatos de tacón que tuvo mi madre calzados por mis pies de niña cuando jugaba a “las chicas” con mi hermana.
Porque sí, cuando pienso en las mujeres, fundamentalmente pienso en mi madre. En ella, en sus amigas y en su generación. Porque fueron las que salieron a la calle ( siguen saliendo) para reivindicar lo que era suyo por derecho propio, y que ahora por fin es nuestro. Fueron ellas las que se asociaron y pelearon por el reconocimiento de la igualdad de género. En las leyes, en la sociedad y en sus propias casas. Fueron ellas las que corearon que ellas parían y por eso decidían. Y parieron y crearon y trabajaron hasta lograr presencia en empresas, administraciones y hasta el mismísimo parlamento.
Pienso en eso, y en mi facultad con una aplastante mayoría de alumnado femenino. Y en los apuntes que ellas me pasaban con esmeradísima caligrafía, renglones rectos, subrayados en fosforito y ornamentos a uno y otro lado del título del temario. O sea, lo que algunos llamaban entre risas “apuntes de chica.” Y al pensar en ellas, y en su probada excelencia académica, no puedo evitar pensar en las otras. Las que veía cuando los taxistas atajaban por la Casa de campo madrileña. Y esas eran altas y rubias, y algunas del este y otras españolas, y todas vendian semidesnudas su cuerpo como si fuera mera mercancía.
Porque cuando pienso en las mujeres, también pienso en ellas. Y en las que son mutiladas genitalmente, las que son ocultadas al mundo por un burka, las que lapidan o son desfiguradas con ácido por los que dicen ser sus maridos. Pienso en las niñas obligadas a contraer matrimonio con hombres que les triplican la edad. En las que son vendidas, reclutadas, violadas hasta la saciedad u obligadas a utilizar un fusil.
Pienso en ellas y en Simone de Beauvoir, en Virginia Woolf, Camille Claudel, en las Hermanas Brontë, en Marie Curie, en Mary Wollstonecraft, en Mary Shelley y en todos esos nombres que no aparecieron ni una vez en mis clases de literatura, historia o ciencias y que tuve que descubrir por mí misma.
Sí, cuando pienso en las mujeres pienso en todas ellas, en todas las mujeres que habitan en mí. Pienso en nosotras y en las 16 que ya nos faltan este 2008 porque murieron asesinadas a manos de sus parejas. Y esto, por mucho que lo piense, no me entra en la cabeza.
NO SÉ, ES RARO
Por Alicia Álvarez (1 de Marzo, 2008)
Lunes, 15 de febrero. 22 horas, 29 minutos, 50 segundos. Gijón. Año 2008. El debate entre los candidatos a la presidencia del Gobierno está a punto de comenzar. Y lo sé, no sólo porque los medios de comunicación lleven una semana promocionando el encuentro, sino porque las voces de Lorenzo Milá y Ana Blanco se han elevado por encima del ruido de mi sartén coreando al unísono una absurda cuenta atrás. Así que por unos segundos dudo si he de comer las uvas, tirarme al suelo del salón a la espera de que estalle una granada, o elegir qué cable del televisor cortar, si el rojo o el azul, para así evitar lo que me espera en los próximos 90 minutos de mi vida. Leer el resto de la entrada »

